«Guantanamerada» (Ser para el lenguaje)

Un día después de la muerte de George Steiner (a los 90 años) voy a brindar por él y su legado literario. A mí su obra me viene ad hoc. Los que me critican cuando cometo una guanatanamerada con el lenguaje, los invito a que lean Después de Babel, un texto denso, largo, pero capital contra los estándares globalizantes del lenguaje anglo-americanista. Steiner, quien fuera un seguidor y defensor a muerte del Ser para el lenguaje de Heidegger, me hubiera aplaudido y celebrado un guiño. ¿Cuántos lenguajes vivos multi-regionales mueren en el discursar del tiempo por culpa de la Real Academia de la Lengua y los llamados gramáticos al uso?

Contra el Ser para el lenguaje ha ocurrido el peor holocausto de la historia. Si algún día queremos de verdad, en serio, entender la esencia de los totalitarismos habrá que descifrar el carácter mono-lingüístico de su gramática. En la Cuba totalitaria de hoy, el mayor delito es el uso ordinario del ‘lenguaje regional’. Pronto, el 21 de febrero, vamos a estar discutiendo en qué consiste Ser para el lenguaje a través de la formidable novela de Armando de Armas La Tabla.

Ante la deriva de ese crimen esencial contra el lenguaje (o los lenguajes), comparto con ustedes, paradójicamente, una historia vital asumida en el lenguaje del vino por los 19 Crimes. La historia cuenta que los criminales fueron pioneros en una colonia penal fronteriza, forjaron un nuevo país y nuevas vidas ladrillo por ladrillo. El vino celebra las reglas que rompieron y la cultura que construyeron. The Banished es una mezcla que está rumiando con riqueza. Al igual que las raciones de vino servidas en el barco de los condenado, cada sorbo merece ser saboreado.

Diecinueve delitos convirtieron a los delincuentes en colonos del lenguaje, del lenguaje multicultural. Al ser declarado culpable, los bribones británicos culpables de al menos uno de los 19 crímenes fueron condenados a vivir en Australia, en lugar de la muerte. Este castigo desde el viaje comenzó en 1783 y muchos de los condenados murieron en el mar. Para los prisioneros toscos que llegaron a la orilla, les esperaba un mundo nuevo: Ser para el lenguaje.

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