Gobineau y Gramsci

Por Ramón Otamendi

El control y la hegemonía marxista sobre la cultura no es un descubrimiento directo de Gramsci. Paradójicamente, el primero en advertir la difusa presencia del marxismo en la vida social de la cultura francesa fue Joseph Arthur de Gobineau en 1858, darwinista social, autor de una de las obras de mayor controversia del siglo XIX.

Nietzsche, lector atento de Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, incorpora en las intempestivas un análisis (que luego retoma Frank Kafka en El proceso), deconstruccionista del control y propone la metáfora homeopática de inmunidad sobre la cultura como forma sistémica de resistencia y rechazo contra todo tipo de agresión y dominación cultural.

Las averías más importantes por donde el marxismo cultural penetró en los cuerpos sociales y políticos del siglo XX y XXI constituye un estudio aparte. Gobineau, muy a tono al concepto de espíritu del pueblo según Herder, consideraba ya entonces que la concepción de la democracia en el espíritu del pueblo era la avería para producir una fácil penetración.

Un dato problemático, pero digno de ser analizado con prudencia, los retomaría Gramsci, postulado sobre la desigualdad de las razas, escrito desde la cárcel en el último intento de renovación del marxismo, desvalorando el poder de la lucha de clases, y dando pie al asalto «democrático» de la cultura a partir del control y dominio de lo identitario y cultura.

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