Fragmentos del «Diario de un viaje sin retorno. Operación Madrid»

Por Nidia Piloto

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Una vez que el núcleo familiar solicitaba el permiso de salida del país, un oficial acompañado de un miembro del Comité de Defensa llegaba sorpresivamente a la casa del solicitante para hacer un inventario de los contenidos del hogar. Más adelante, otro oficial acompañado de un miembro del Comité de Defensa llegaba asimismo sorpresivamente a la casa para entregar el permiso de salida. Después de corroborar el inventario, el oficial ponía un sello en la puerta principal que atestiguaba, que esa propiedad pertenecía al Gobierno.

Una vez terminado este proceso de confiscación, los dueños quedaban expropiados de su casa y carro, si tenían, y quedaban fuera de su casa para siempre. De esta manera, vivirían en cualquier otro lugar, mientras esperaban la fecha del viaje.

Ley de ajuste cubano – 2 de noviembre de 1966

Acta de ley federal promulgada por el Congreso 89 de Estados Unidos, y oficialmente firmada por el presidente Lyndon Johnson. Esta ley aplica y legaliza el estatus de los emigrantes cubanos, siendo cualquier nativo o ciudadano de Cuba quien ha sido inspeccionado y admitido en EU después del 1 de enero de 1959 (triunfo de la Revolución cubana) por vía legal/ilegal. Garantiza la protección a refugiados políticos cubanos para entrar en el país, eliminando regulaciones existentes. Exime algunas restricciones por terceros países establecidas por la Ley Migratoria, condiciones que son impuestas a la mayoría de los inmigrantes. De esta manera se reafirma más claramente, el tratamiento articular para la inmigración cubana al concederle asilo político.

Igualmente, la ley daba la posibilidad de ajustar el estatus migratorio de los cubanos para que pudieran trabajar por medio de un permiso de trabajo, hasta obtener la residencia a los dos años y un día de permanecer en territorio estadounidense.

En 1976 se hizo, entre otras, una enmienda a esta ley. De esta manera, se podría adquirir la residencia permanente al año y un día de permanecer en el país, en vez de dos años y un día. Así, se acortaba el plazo de obtención de la ciudadanía americana.

Las visas de inmigrantes son emitidas a los padres, esposos, e hijos (menores de 21 años y solteros) que fueran reclamados por ciudadanos americanos. Operación Madrid
Octubre de 1962 a 1970
Al suprimirse los vuelos directos entre Cuba y Estados Unidos, en octubre de 1962, España, Jamaica y México se convierten en los terceros países, como únicas rutas legales para refugiados cubanos con destino a Estados Unidos.

La salida de Cuba por España, como destino intermedio, se comienza a utilizar también para esos niños y jóvenes de la Operación Pedro Pan quedados en Cuba, por su terminación, y otros que intentaban salir seguían queriendo, o teniendo que salir sin acompañante. Este sistema es denominado «Operación Madrid».


De esta Operación se ha hablado muy poco; pero logró sacar de Cuba hacia España, aproximadamente a unos tres mil niños y jóvenes, un promedio de 11 de ellos semanales. En este caso, los varones tenían menos de 15 años, por estar sujetos a las medidas de la edad militar en Cuba. La edad de las niñas no tenía límite. A su llegada a España los niños fueron igualmente atendidos por miembros de la Iglesia católica de ese país, junto a sacerdotes, religiosos y laicos y familiares, también emigrados de Cuba.


La Operación Madrid fue diferente. Por medio de La Operación Pedro Pan salieron niños y jóvenes, usando la visa waiver. En este programa se utilizaba el visado español regular. A pesar de la aparente diferencia entre ambos programas, usando diferentes métodos, eran iguales en propósitos y destino final.


Un fraile franciscano, el Padre Antonio Camiñas inició la Operación Madrid, dirigida por un matrimonio cubano, Roberto y Olga Guerra. A su vez, el Padre, Gerardo Fernández, un capellán madrileño del colegio Hermanos Maristas, tuvo la responsabilidad de recibir los niños en el aeropuerto de Madrid, y llevarlos a la agencia para el comienzo del proceso de su estancia temporal en España con destino a Estados Unidos, y reubicarlos en centros, campamentos y colegios católicos.


Para el año 1968, un promedio de 416 niños cubanos había sido alojados en centros creados por la Iglesia católica y una fundación privada en España. De cualquier manera, los familiares en Estados Unidos eran responsables por su estadía económica, mientras se procesaba su reclamación por medio de un afidávit y la visa I-20.


Para estos niños, también la nostalgia y sensación de estar en un limbo no tenía precedente. A pesar de estar conscientes de que no había posibilidad de regreso, la espera entre personas extrañas y en un país desconocido era desesperante.


Planes de salida del país – 1966
Después de mucho tiempo e indecisión por parte de mis padres de salir por salir los cuatro por los vuelos de la l ibertad, una vez cerrada esa vía; y acercándose mi hermano a la edad militar, se considera la probabilidad de salir del país mi hermano y yo, vía España, por el programa de niños sin acompañantes de la Operación Madrid.
Ahí se siguen complicando más las cosas. El tiempo para que mi hermano cumpliera los 15 años se acercaba. ¡Qué ironía, yo anhelando mi cumpleaños de los quince para celebrar, y los de mi hermano creando una tragedia familiar!
Entonces se toma la decisión definitiva. Pero en vez de consultar a la organización católica, responsable de asesorar a las familias interesadas en enviar a los jóvenes sin acompañante a Estados Unidos por España, mi madre consulta a mi prima Cary, al respecto. El padre de mi prima, ya fallecido, y Ramón, su hermano mayor habían emigrado a Cuba de un pueblo en Asturias. El cariño, respeto y comunicación con la familia de la casa materna siempre quedó por viajes de visita, por parte del tío Ramón, o por cartas, por parte de Cary y su prima María Josefa, aunque no se conocieran personalmente.


El proyecto consistía en que, mi hermano y yo fuéramos acogidos y representados por ellos en el corto período de nuestra estadía en España, de paso hacia Nueva York, desde donde nos reclamaban mis tíos/padrinos con el compromiso y responsabilidad de respaldarnos económicamente.


Lo que no sabíamos en Cuba era que los familiares del tío Ramón vivían en un pueblito, entre montañas, a dos kilómetros de Luarca, la ciudad o villa, que no estaba preparada para gestionar documentos a jóvenes estudiantes, refugiados cubanos. Madrid estaba a muchos kilómetros y horas por tren.


Igualmente, una vez aprobada nuestra estadía con el consentimiento del viaje por los familiares residentes en España, se solicitó el compromiso y el dinero del pasaje, por parte de los tíos/padrinos.


Finalmente, el 16 de marzo de 1967, después de recibir lo pendiente por mis tíos / padrinos, un día antes de cumplir mi hermano los 14 años, se solicitaron las visas en el consulado español, y se hizo la solicitud de permiso pertinente, al gobierno cubano.


Cirugías – 1968
Por mi parte, mientras se hacían las gestiones para la salida del país, me enfermé de septicemia, debido a una inyección en mal estado que se enquistó, y que estuve ocultando por el pudor de no tener que ir al doctor a que me examinara. En su lugar, una señora me daba masajes para disolver la fistula que se había formado, y lo que ocasionó fue que la infección se profundizara e infectara.
Cuando ya no podía ocultar la fiebre y el decaimiento, mi madre me llevo a uno de los médicos, vecino y pariente de Pipo Narciso, el tío político que hizo de abuelo en mi crianza. El doctor Concepción, que era a su vez tío de mi amigo Robertico, el que me perseguía en la bicicleta en el parque, aconsejó ver a un cirujano de inmediato.


Mi madre, a instancias mías, que no podía seguir disimulando lo mal que me sentía, habló con Julia, una de mis tías políticas para que su hermano, el cirujano, doctor Antonio Cotarelo, me consultara. Tonito para los más íntimos, sufría de depresión en esos momentos, ya sea porque planeaba salir del país por España con su esposa e hijo, y se debatía en la decisión de dejar a su madre, y su patria, o porque una vez presentado su plan al Gobierno, perdería su profesión, y se pondría en manos del régimen. Sus otros hermanos habían logrado su salida por los Vuelos de la Libertad porque no eran médicos.

El doctor Cotarelo aceptó verme en la quinta Covadonga, donde ejercía, y estimó que había que operar de inmediato. La cirugía fue un fracaso, pues por evitar dejar la menor cicatriz posible, y no contando con manera de anestesiarme, ni siquiera localmente por falta de anestesia, cortó suficiente como para extraer parte del líquido acumulado, pero no logró abrir y profundizar lo necesario. Al menos, la infección se detuvo por el momento, evitando que se desarrollara la septicemia. Durante el procedimiento, era tal el dolor, que mi padre y mi tía Cuca, quienes me acompañaban, escuchaban mis gritos a distancia, afuera del consultorio.


En 1847, Cuba fue el primer país de Iberoamérica
donde se aplicó anestesia con éter.


En 1907, se estrenó en La Habana el primer departamento de rayos X de Latinoamérica.


Días después, yo volvía a la quinta con fiebre, donde me internaron de inmediato.


La necesidad de una segunda cirugía hizo que mi madre contactara a otro cirujano, el doctor Antonio del Rio. Niquito, para los más íntimos había crecido en el ambiente familiar de mis padres. Es más, había sido admirador de mi tía/madrina.


Desde muy joven, el doctor Del Rio empezó trabajando en la Quinta Covadonga haciendo labores en general mientras estudiaba enfermería. Ejerció como enfermero y continuó su carrera hasta convertirse en un reconocido cirujano.
Él amaba su profesión, pero la presión del trabajo obligatorio para pagar el permiso de salida del país, en su caso por España, le creó una tensión que, al parecer, también le estaba afectando en su profesión.


Durante la segunda cirugía, esta vez con anestesia local, el doctor notó que la infección se había extendido demasiado, entonces limpiaron la herida y pararon. El doctor informó a mi madre que no pudieron proseguir con la cirugía, pues dada las condiciones, había que hacer una operación más complicada para poder profundizar más. Dado el caso, de que la anestesia requerida, ya fuera por medio de raquídea o general estaba controlada por el Gobierno, el paciente tenía que solicitarla personalmente.


Regresé a casa con la tercera cirugía pendiente. El tiempo pasaba, sin aviso del viaje a España a pesar de que mi madre y yo íbamos al Ministerio del Interior (conectado con Emigración) en el Laguito de La Habana, a ver si lográbamos acelerar el proceso. Fue inútil, porque mi hermano cumplió sus 15 años. Esto significaba que no podía marchar de Cuba hasta después de cumplir 27 años, de acuerdo con la prohibición, por la ley sobre la edad militar.
La angustia familiar, y de mi hermano en particular, fue tremenda. Esto aparte de todo, nos ponía en el peligro de salir él en balsa, de una manera oculta hacia Miami. Afortunadamente, a raíz de este drama, se escucharon situaciones en las que, aunque en edad militar, los jóvenes podían viajar por la aerolínea KLM a un precio de $1,000.00 por pasajero.


La esperanza de que yo viajara sola y consiguiera el dinero para luego viajar él, serviría de puente, para toda la familia. Entonces se me creó ese compromiso. Comprendí que la situación del país empeoraba cada vez más, y aumentaba en las personas los deseos de salir, a pesar de todo lo que dejaban atrás definitivamente.


Mientras tanto, como todos estaban pendientes del cumpleaños de los 15 de mi hermano, como una fecha clave, mi prima Cary ya había escrito a su familia en España, explicándoles que, dado la prohibición de mi hermano poder salir por haber cumplido la edad militar, se suspendía nuestro viaje, pero igual quedaban muy agradecidos.
El problema, entonces era conseguir la anestesia adecuada para la tercera operación. En vista de que el tiempo iba pasando y mi mal se iba agravando, tuve una entrevista con el director del Departamento de Anestesiología de la Quinta Covadonga, quien me explicó que la anestesia escaseaba y se proveía solamente para casos muy serios y de emergencia.


Durante este proceso, llegó el permiso de salida del país para mí sola. ¿Estaba hecho a propósito? Considerando la posibilidad de que únicamente saliendo yo, se podría conseguir ese dinero para la salida de mi hermano por la vía especial, y que yo sería la única capaz de abrir camino para la salida del país de los demás familiares, hubo que tomar definitivamente la decisión de salir yo sola por España. Entonces se solicitó al Ministerio del Interior, una prórroga del permiso de salida por razones de salud.


Finalmente, después de muchos trámites, se consiguió hacer la cirugía con anestesia por raquídea. Los días postoperatorios fueron terribles con los dolores de la herida, los dolores de migraña por la anestesia y la falta de medicamentos; y ¡qué hablar de los alimentos! Como me gustaba leer, y no podía hacerlo por la migraña, mi madre me leía para calmarme y distraerme un poco.


El doctor hizo la primera cura delante de mi madre, que haciéndose la fuerte, porque lo era, le dio fatiga mientras el doctor le comentaba sobre mi valentía, para distraernos a las dos. La profundidad de la herida era enorme, y no se le podía dar puntos, sino aplicar una pomada de nitrato de plata y poner una mecha de gaza, que evitaba que la herida fuera cerrando por sí sola, sino que permitía la formación del tejido para que curara, de adentro hacia fuera.
A causa de la infección, el pelo se me caía a montones, suerte que hasta el momento no se notaba su falta, dada la cantidad de pelo que yo tenía. Pero siempre hay una compensación, y para mí fue el apoyo de mi familia y amistades, aunque fuera visitándome durante el ingreso. Mi prima Delia, quien trabajaba en la Universidad de La Habana, escondía el yogurt que le tocaba en el almuerzo, para llevármelo a la quinta. Dávila, que parecía más enfermo que yo, pero su presencia me reconfortaba. No sé cómo mi madre se podía dividir entre mi abuela enferma, hombres en casa que atender, colas para conseguir que cocinar, y pasar un rato conmigo.

Las demás curas, inclusive después del alta médica, se hicieron bastante complicadas y lentas, aunque atendidas por una enfermera excelente.


Sin estar completamente recuperada de la herida, me llegó otra vez mi permiso de salida del país. Yo no tendría quien me esperara en el aeropuerto, ni a dónde ir, pues una amistad de mi madre que vivía en Madrid no tenía comunicación en su teléfono. Cuando pensaron en mandar un telegrama, ya era tarde para avisarles.


Por el temor y la inseguridad de aceptar el viaje, consultamos el tema con el doctor. Aunque la herida no estaba sana, la enfermera y él consideraron que valía la pena interrumpir la cura y continuarla en España para no perder la oportunidad, pues de no aceptarse el viaje esta vez, no se sabía lo que se podía presentar.


El día 4 de noviembre fue la última cura de mi herida en Cuba, y la solicitud del certificado médico que me autorizaba a viajar. Nadie se percató de lo largo del viaje y lo desconocido de la llegada a Madrid; y que semejante herida no podía quedar tantos días sin hacer las curas.
Al parecer, por falta de experiencia, comunicación y medios, la familia de España, que nos acogería a mi hermano y a mí, no se enteró de la decisión de salir yo sola, hasta que ya tenía el viaje listo. De todas maneras, para ellos sería muy complicado esperarme en el aeropuerto de Madrid. Asturias quedaba muy lejos de Madrid. Una de las tías de Cary y el esposo tenían un apartamento en Oviedo, pero su residencia permanente era en el pueblo.


Mi prima Cary no había puesto al corriente a su esposo, integrado en el proceso revolucionario, de mi salida del país por temor a su reacción, pero igualmente se lo tuvo que informar para convencerlo de que la llevara a mi casa en su carro del gobierno para despedirme. Él se sorprendió, pero igual me tenía cariño y aceptó con la condición de que no se bajaría del carro. Yo estaba segura de que era para no verse comprometido, y de paso evitaba la emoción. De todas formas, cuando acompañé a mi prima al carro aguantando el llanto, él me llamó flaca y nos saludamos como siempre.

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