Por Miguel Calvo Santos –
Ya sabemos que a los surrealistas les gustaban los maniquíes, seres inanimados pero llenos de vida. Nunca podremos probar si al no mirarlos, los maniquíes se mueven.
Para los surrealistas, el maniquí simbolizaba las contradicciones de la vida moderna, una versión desasosegante de nosotros mismos, explicando las fronteras entre lo animado y lo inanimado, el hombre y la máquina, lo masculino y lo femenino… entre la vida y la muerte.
Los maniquíes eran a la vez producto, simulacro, objeto erótico y personificación de lo siniestro.
Para Freud los maniquíes representaban al ser humano primitivo y reprimido que surge del subconsciente.


El polivalente Max Ernest también se dedicó a la fotografía. Y este es otro de los miles de ejemplos que habitan los álbumes de fotos en el archivo de André Breton, el Papa surrealista (arriba a la izquierda vemos el sello AAAB).
Desde esta humilde web, a falta de un título para estas dos fotografías, las titulamos “68”, aludiendo a los números pintados en el torso de este maniquí, el 6 en su espalda y el 8 en la parte delantera.
No tenemos ni idea de lo que el artista quería decir con estas cifras. Ahí os dejamos con la duda… Buscad en vuestro subconsciente.
(CC) Miguel Calvo Santos, 14-12-2016
Publicación original de historia-arte.com
También te puede interesar
-
No eliges lo que ves. La Televisión: Anatomía de un sistema que organiza su mirada -PARTE I*
-
¿Son sólo rumores sobre el artista y la obra de arte?
-
Harry Graf Kessler: diletante y sabio
-
También Neruda se confesaba con lo que era y no era el artista
-
Sin prueba, sin duda, sin Ley: Aprender a condenar. Espectáculo, apariencia y juzgar sin orden -PARTE II*