Sería inútil atrapar como transcurre la historia sin bucear en las profundidades de los sucesos constitutivos de la vida cotidiana. Vida en que, los personajes de las novelas de Armando de Armas conforman un estatus de conciencia perturbada, desarraigada y protuberante siniestra, al margen del lenguaje y la vida políticamente correcta.
Si no me equivoco, la mente del escritor Armando de Armas otea en los márgenes de una vida cuya descripción se presta narrar la pulsión arrolladora del mundo libidinal y de los embastes sobre una existencia angustiada, obligada a vivir entre lo mítico, esotérico, maléfico, mortífero, delincuencial, grotesco, imágenes reveladoras del reverso culturalmente perfecto.
Escapados del paraíso constituye una suerte de fuga literaria, movimiento especular en el plano astral, fuente onírica para seres cuya extrañeza ni padecen aparentemente la nostalgia ni la ansiedad por la modernidad y la cubanidad, condenados a no ser aceptados por la sociedad de los días que corren.
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