El Verdugo y su Ayudante

Por: José Raúl Vidal

Mientras Patria, Estado y la bandera se identifiquen con el partido regente en la isla, el cubano seguirá viviendo entre dos bandos: comunistas y anticomunistas.Quizás, un tercer grupo —ameboideo—, vivirá a ambos lados susurrando unas veces, criticando de soslayo otras, hasta definirse un vencedor: …son los más peligrosos.

Pululan los pacificadores que reformulan el discurso como una especie de cosquilleo mental para anular décadas de ignominias y apaciguar frustraciones. Hablan de unidad, de sumar a cada cubano en el camino a la libertad, empeñados en protagonizar un cambio que los ubique definitivamente a la cabeza de la Historia. Para ello, hay que obviar asesinatos, prisiones y destierro. Estos acalladores me piden olvidar sobre el cliché del borrón y cuenta nueva. De lo contrario soy un intolerante y divisionista con mucho odio en el corazón.

Con mirada de caleidoscopio pretenden tranquilizar. Ofrecen primicias de cambios, criterios de opinión, noticias de problemas coyunturales, reportajes entretenidos a ritmo reggaetón, noticias de interés cultural o educativo tal como un café recalentado con aromas de nueva trova. Ante su mirada, las muchas décadas del régimen han sido benevolentes con el pueblo cubano. Para nada se dividió la familia entre misiones internacionalistas y trabajos lejos de casa. No se puso al hermano comunista en contra de su hermano religioso, ni se obligó al hijo a espiar al padre. Pero el mayor logro ha sido mantener la familia cubana intacta como corresponde a cualquier sociedad humana. Ella representa lo que fuimos y somos, de dónde venimos y estamos. No hay fracaso. Antes bien, el éxito actual de la sociedad cubana está en esa familia, su unidad y sus valores.

Pero Cuba no es cristal de caleidoscopio. No puede existir reconciliación ni diálogo con quienes han permanecido sordos ante el llanto de un pueblo, con especialistas en división y monólogo. Cualquier esfuerzo de esa naturaleza resulta inconsútil toda vez que el régimen habla a nombre del pueblo. Y más aún, toda vez que no se ejerza la justicia.

Nada serio hay en promover perdón u olvido sin justicia. Es muy fácil venir a las redes sociales y soltar semejantes babosadas. ¿Qué consuelo hay para la madre que perdió su hijo en el Estrecho de Florida o para los miles que fueron al cantado paredón de los 60 o para las Damas de Blanco o para los millones de cubanos disgregados en la diáspora, o para el anciano sin medicina o para el niño sin leche? La lista es interminable. Quizás para los tranquilizadores sea solo Historia antigua o simplemente un número estadístico.

Se me ocurre decirles que de aceptar sus poses feminoides propongo también reconciliarnos con el ideal nazi, revivir la doctrina genocida de Mao y promover de paso el Apartheid sudafricano. Al fin y al cabo hay que olvidar, pues los procesos de Núremberg, la Revolución Cultural y la segregación en Sudáfrica fueron solo etapas coyunturales.

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