Por ACDV

Antes de que se me olvide, el libro de Irene López-Kuchilán, no es un poemario común. En él se entrelazan la mística y el desasosiego, la presencia de un médium y el terror hacia lo desconocido. Voces que llegan y se van. La memoria como archivo. Una suerte de hantología de los textos, proveniente de una archi escritura. Sin duda, lo desconocido se transforma en familiar a través de la pluma del poeta.

Rara vez podemos recuperar conscientemente lo que hemos olvidado, como si el poeta hubiera explorado los misterios de los cuerpos sutiles y los distintos niveles de la realidad en los sueños. Para mí, este libro retiene la esencia poética de un viaje astral o, en términos psicológicos, un viaje al inconsciente individual, donde lo mítico es perdurable.

Si estos poemas transmiten un sentimiento de terror y visceralidad, es porque provienen de regiones ocultas al ajetreo de la conciencia cotidiana. Paradójicamente, están conectados de manera más cercana a la realidad consciente del pasado, presente y futuro. Sin embargo, estas temporalidades propias tienen lugar en un espacio particular. Tal vez los poemas se refieran a eventos que sucederán en el futuro sin traspasar las barreras del espacio. Desde esas regiones ocultas, pueden surgir imágenes en estados fenoménicos, destinadas a morir, mientras que la vida se convierte en un desastre y el imperio de la razón se adentra en la incertidumbre para narrar antes de que se olviden.

La angustia por la existencia en planos sutiles se traduce en una poesía astrológica. ¿Es posible vislumbrar el futuro y adelantarnos a él? Sí, el futuro que evidencia la separación entre el cuerpo sensible y los cuerpos sutiles de la trascendencia, allí donde ocurre lo impredecible.

Permítame presentarles un poema que ilustra lo anterior:

Mesas, camas donde nunca antes comí o dormí, tendías,
urgiendo no más que un candil.
Y desparramamos juntos los escombros,
postergando anocheceres
con toques de queda cada vez más sordos.
¡Qué no hubiera dado por curarte con la aurora!
Por traer cada vez
las esquinas permutadas,
bendecirlas y tratarlas;
y que el aura,
la alquimia galopante,
y el día más temido
se añorasen.

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