El soviet caribeño

Cesar Reynier Aguilera ha publicado otro libro. El soviet caribeño: La otra historia de la Revolución Cubana. Antes, había leído RUY, una novela biográfica de Reynier. El soviet…, es un libro polémico, excepcionalmente escrito. He recorrido sus páginas a la velocidad de un dragón, escéptico y apabullado por la coherencia de su escritura. Reynier escribe con increíble soltura, que hipnotiza. ¡Alerta! Cada interpretación está sujeta a su interpretador, y este es un libro de memorias e investigación histórica. Todo el peso del hilo conductor de la trama recae en la historia de ese hombrecito oscuro y pedigüeño llamado Fabio Grobart, enviado al archipiélago cubano para fundar el PCC en la década del 20.

¿Fue el comunismo cubano un experimento cuajado dentro del laboratorio de la internacional comunista? ¿Qué interés tenía la «conspiración» en el proceso de sovietizar Cuba? El discurso de Aguilera es notablemente casuístico y, porque no, neopositivista. Desde pequeño el autor oía hablar en su casa, a sus padres y a otros viejos militantes comunistas, la trama de la comparación, el argumento para escribir este libro. Lo que hoy conocemos como Cuba comunista, es el experimento del «soviet caribeño». Claro, siempre que el enfoque de Aguilera deje al margen una premisa teórica de la sociología existencial: en la conspiración de los soviets, para apoderarse del caimán, se controló la presencia de la ira de Aquiles.

La conspiración de la “Komintern” se aseguró de entrada dominar la ira revolucionaria de los pueblos caribeños, cuya energía formaría parte del banco de iras del comunismo internacional. Así las grandes agencias hipotecarias comunistas pudieron hipotecar la ira del pueblo con base en un procedimiento basado en «crediticio social». Las hipotecas de la «ira» recaían en manos de las aseguradoras de los bancos del PSPC y el M-26-7, cuyo presidente iba a ser en Cuba Fidel Castro.