El sol maligno, el «hybris» y la liberalesca banana

Por: Antonio Ramos Zúñiga

“El mal emerge de sus barrancos y brilla como un sol maligno”.

Esquilo.

En estos últimos tiempos de tantas imposturas, muchos se preguntan, ¿qué diablos pasa, qué es lo que está fallando en la gran democracia norteamericana? Lo del globo chino habría hecho vomitar a Diógenes, y si hablamos de banalidad, no hay más que asomarse a la prensa y su culto por el circo político psicopático. Dicen que siempre fue así y es verdad, sobre todo en tiempo de elecciones, pero nunca se había llegado a la desmesura, a la putrefacción del ego y la doctrina, lo que sucede es que se ha violentado el equilibro de la coexistencia. En la antigua Grecia se creía que el hybris o exceso (ruptura del equilibrio, división, venganza) generaba odios y desgracias.

       Imperios y sociedades, pervertidos por las iniquidades y guerras de partidos terminaron violentándose. Hoy en día, este proceso se atiza porque la monopolización del poder parece más atractiva que la alternancia. La izquierda, por ejemplo, ve con buenos ojos las dictaduras funcionales y las dictaduras de partido único, como China y Cuba. La pretensión, al menos en Occidente, no es destruir el sistema tradicional (burgués, le dicen) de elecciones, por ahora, sino que se propiciaría que haya un partido capaz de mantenerse largo tiempo en el poder con su “elegido” al mando. Para que esto ocurra, por supuesto, habría que desacreditar a la oposición y arreglárselas para que los votos fluyan en una sola dirección, con o sin fraude, tipo banana republic. Esto podría ser posible en Estados Unidos si la sociedad se deja pescar por alguna reforma que alterara el sistema actual o si el partido republicano pierde ambas cámaras y se deja complotar.

       Para los diseñadores de la política, podría ser factible que esto sucediera si la izquierda liberal, aliada de los socialistas, aumenta su predominio en el ejecutivo y el congreso, tal cosa es un fin declarado, con una estrategia precisa perfeccionada por años, bien financiada. La influencia del marxismo cultural-ministerio de la verdad es patente, dominan la Media, la educación, el cine, los foros políticos y culturales, las publicaciones, las fundaciones, el activismo de las minorías, la lucha en las calles, etc. No es ciencia ficción, como me dijeron, es un diagnóstico teórico, que numerosos autores serios consideran plausible. Alguien dijo que es más fácil que Estados Unidos se vuelva socialista a que China se haga democrática. Millones de millennials creen que Marx vive.

La liberalesca contra Trump, segunda parte (2024)

En estos días se habla de que el expresidente Donald Trump será llevado a los tribunales. Durante su mandato lo acusaron de nazi, no lo derrocaron de milagros. Pero fue objeto de una guerra sucia que terminó con su derrota electoral. De todos modos, la mitad del país votó por él y aún se especula con un posible fraude. El presidente Biden, su reemplazo, resultó un fracaso, que muchos describieron como el “karma” de Trump. Estados Unidos ha rebajado muchos de aquellos perfiles que lo hacían grandioso (la economía pujante y la voluntad política, la transparencia). Prosigue la crisis fronteriza y la guerra de Ucrania es lo único que le queda a Biden para mostrar un poco de carácter. Pero su verdadero reto será batir a Trump en la próxima lid electoral del 2024, si este es el retador.

       Desde que ganó Biden, el partido demócrata (Obama) ha mantenido su hostilidad contra Trump, moviendo toda clase de resortes jurídicos y propagandísticos para neutralizarlo, y si es posible llevarlo a la cárcel. ¡Imaginen a la liberalesca banana radical, al globalismo, al comunismo internacional y al régimen castrista festejando el linchamiento! Sin duda, no les importa que sea un expresidente, sino que es el enemigo que no se pueden permitir, sea como sea.

       Trump representa la resistencia del capitalismo popular y clásico, el de la mayoría silenciosa y los derechos, frente al nuevo capitalismo autoritario de las élites globales y China. Si Trump es arrestado, como indica una noticia viral en Twitter, Estados Unidos podría entrar en una crisis de negatividad que dividiría y violentaría el país, especie de ensañamiento que descubriría la intolerancia brutal del partido demócrata radical (seudodemócrata), pura vendetta al estilo stalianiano. Si esto ocurriera, Trump también multiplicaría sus simpatías, se le vería como una víctima y, como afirma Elon Musk, ganaría espectacularmente las próximas elecciones. Es un caso que huele a incubadora de guerra civil, opinan algunos. En fin, Trump se convertiría en un héroe, no solo para los republicanos, también para los independientes. Además, si arrestan a Trump, ¿qué le puede esperar al hombre común, al disidente, al libre pensador por no querer ser carneros y repudiar el nuevo soma?

       Cualquier cosa puede ocurrir. Con tal de deshacerse de Trump tratarían de deshabilitarlo, lo que acarrearía más problemas. Habría una reacción proporcional de grandes proporciones, los estadounidenses tampoco están felices con los desaciertos de Biden y la violencia, los impuestos, la corrupción, las entelequias y las mentiras, no van a esperar a que la gran nación degenere; la izquierda radical y el partido demócrata no son Estados Unidos. Hay que contar con todos, como es normal en una gran nación.     

Nota bene

Las acusaciones y juicios a Trump durante su gobierno no procedieron, porque no se encontraron pruebas en su contra y algunas acusaciones fueron fabricadas. Después de su presidencia han surgido acusaciones de todo tipo, sobre sobornos, etc. Hay “cazadores” bien pagados, como el juez Bragg, dedicados a buscar pruebas contra Trump. ¿Por qué no se hace lo mismo con la otra parte, con ciertos expresidentes, líderes y operativos del Partido demócrata, en los que la corrupción es un modus vivendi? Esto nos indica algo muy importante: que Estados Unidos ha sido penetrado por factores antidemocráticos y totalitarios, como es el hecho del doble pensar, la doble imagen, la villanía, etc. ¿Es políticamente correcto que los políticos corruptos del partido demócrata no sean llevados a la justicia?  

Creo, pues, que la opresión de que están amenazados los pueblos democráticos no se parece a nada de lo que ha precedido en el mundo y que nuestros contemporáneos ni siquiera recordarán su imagen. En vano busco en mí mismo una expresión que reproduzca y encierre exactamente la idea que me he formado de ella: las voces antiguas de despotismo y tiranía no le convienen. Esto es nuevo, y es preciso tratar de definirlo, puesto que no puedo darle nombre. Quiero imaginar bajo qué rasgos nuevos el despotismo podría darse a conocer en el mundo; veo una multitud innumerable de hombres iguales y semejantes, que giran sin cesar sobre sí mismos para procurarse placeres ruines y vulgares, con los que llenan su alma.(…) Los vicios de los gobernantes y la imbecilidad de los gobernados, no tardarían en producir su ruina, y el pueblo, cansado de sus representantes y de sí mismo, crearía instituciones más libres o volvería pronto a doblar la cerviz ante un solo jefe.

Alexis de Tocqueville, La democracia en América, 1835.

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