El silencio de los corderos: los efectos de la mariguana y de su combinación con medicamentos

Por Carlos Manuel Estefanía

A medida que un creciente número de adultos recurren al cannabis en Estados Unidos, con la creencia propagada por los medios en ese país (como en el resto del mundo) de que es una buena opción para aliviar condiciones médicas como el dolor, el insomnio y la ansiedad, surge una preocupación importante: muchos médicos son reacios a explorar el tema de sus consecuencias y proporcionarles orientación sobre los posibles impactos en la salud. Por lo visto no quieren o no pueden ir contra la corriente que impone el uso del estupefaciente a la sociedad.

Este dilema genera inquietudes tanto para los profesionales más honestos de la medicina como para sus pacientes medianamente informados. A pesar de ello, se extiende, casi sin resistencia por parte de la prensa y los gurúes de la salud que proliferan en las redes sociales, la idea de que el uso moderado de cannabis y cannabidiol (CBD) puede considerarse seguro. Sin duda alguna tal situación es algo que favorece, más a los proveedores de la droga que a quienes hacen uso de ella y que cada día son mas. Aun así lo que todavía nadie se atreve a negar es que la combinación del cannabis con ciertos medicamentos puede desencadenar efectos secundarios perjudiciales. Esto por no menciono lo comprobado que están los casos de personas sensibles a los efectos negativos del cáñamo y sus derivados por el solo hecho de usarlos.

La magnitud de este problema se acentúa debido al drástico aumento del consumo de cannabis entre personas mayores en los Estados Unidos, impulsado por la legalización en 38 estados del país.  Toda una enseñanza para los que creen que con la desaparición del efecto de lo prohibido se reduciría en consumo de la droga. Lo cierto es que su legalización, además de traer el enriquecimiento de las arcas de la burocracia estatal por concepto de los impuestos que impone sobre las ventas, solo sirve para normalizar y ampliar su consumo, haciendo que se multiplique el número de los que caen bajo sus garras.

Un estudio reveló que el uso de la mariguana entre los adultos estadounidenses de 65 años o más se ha incrementado siete veces en la última década. En estados como California, este aumento ha llevado a un impactante aumento del 1808% en las visitas de adultos mayores a salas de emergencia relacionadas con el cannabis, según un estudio publicado en enero pasado en el Journal of the American Geriatric Society.

A medida que el cannabis gana popularidad, los expertos coinciden en que los médicos deben proporcionar información a los pacientes sobre los riesgos y beneficios potenciales. Por ejemplo, el cannabis puede interactuar de manera significativa con medicamentos anticoagulantes, como la warfarina, aumentando el riesgo de hemorragias internas. Del mismo modo, puede tener interacciones perjudiciales con medicamentos antiepilépticos como el clobazam (Sympazan, Onfi).

Una consideración crucial es la mayor cantidad de anestesia requerida en aquellos que consumen cannabis de forma regular. Esto es especialmente relevante para los pacientes que están a punto de someterse a cirugías, ya que los médicos necesitan comprender con precisión el historial de consumo de cannabis de sus pacientes.

El Dr. Peter Grinspoon, autor del libro “Seeing Through the Smoke: A Cannabis Specialist Untangles the Truth About Marijuan” y profesor de atención primaria en la Facultad de Medicina de Harvard en Boston, ha enfatizado la importancia de una comunicación abierta entre médicos y pacientes. Esta comunicación es esencial para asegurar un uso seguro del cannabis, ya que permite a los médicos ajustar los tratamientos en función del consumo de cannabis de sus enfermos.

Un obstáculo significativo es la falta de información sobre los efectos negativos del cannabis en la formación médica, lo que lleva a que muchos médicos se muestren reacios a aconsejar a sus pacientes al respecto. Sorprendentemente, solo alrededor del 15% de las escuelas de medicina en los Estados Unidos ofrecen educación sobre la denominada «marihuana medicinal» y el sistema endocannabinoide, que explica cómo actúa el cannabis en el cuerpo.

Es importante destacar que algunos adultos mayores recurren al cannabis para combatir la depresión y la ansiedad. Sin embargo, los médicos deben profundizar en las causas subyacentes de estos males, ya que el cannabis, aunque puede aliviar los síntomas, no siempre aborda la raíz del problema. En algunos casos, los pacientes pueden necesitar tratamiento con antidepresivos.

Hay que decir que este médico ha de saber de lo que habla y no solo por lo que aprendió durante su formación profesional sino porque él mismo fue un drogadicto, no tanto de la mariguana, como de algo parecido, que lo convirtió en experto en drogatas de todo tipo, que son con los que hoy trabaja. Su libro de 2016, «Free Refills: A Doctor Confronts His Addiction», publicado por Hachette Books Group, fue el primer testimonio de un médico que confesó y describió su recuperación de la adicción a los opiáceos. Es el escalofriante relato de un médico con formación en Harvard que se desvió gravemente debido a su adicción a medicamentos con receta, y de su posterior recuperación.

Y este no parece ser el único caso. Peter Grinspoon, en un artículo publicado por Los Ángeles Times, bajo el título “Up to 15% of doctors are drug addicts. I was one of them”, señala que las tasas de adicción en la población general oscilan entre el 8% y el 10%; mientras que entre los médicos, las tasas comienzan en el 10% y llegan al 15%. Valiente ejemplo puede dar el personal del sector a su clientela.

Lo que parece explicar esta diferencia, según el autor, es la angustia de los médicos y, en el caso del abuso de drogas, el fácil acceso que tienen a ellas. Asimismo, informa que los médicos son más de dos veces más propensos a suicidarse que la población general. Hasta un sexto de los médicos de atención primaria abandonan la medicina a mitad de carrera, un derroche insostenible dado la escasez de médicos de atención primaria en los Estados Unidos. Practicar la medicina nunca ha sido fácil, y ahora los médicos trabajan más rápido y más tiempo, con menos recompensa, pasando tanto tiempo luchando contra las compañías de seguros y manteniendo registros médicos electrónicos como tratando a los pacientes, asegura. Luego afirma que muchos médicos dicen que, si pudieran comenzar de nuevo, no elegirían ser médicos. Además, cita un estudio de 2013 en el Journal of Addiction Medicine que reveló que el 69% de los médicos abusaba de medicamentos recetados «para aliviar el estrés y el dolor físico o emocional». Dado lo inmediato que funcionan estos comprimidos, aunque de manera superficial y transitoria, la tentación de usarlos una y otra vez puede volverse abrumadora. Con lo adictivos que son, es como tratar de apagar un incendio arrojando gasolina. Añade, por si fuera poco, con lo anterior, que las compañías farmacéuticas envían muestras gratuitas a los médicos. Los pacientes traen sus analgésicos no utilizados para su eliminación. Los colegas se escriben una o dos recetas como cortesía profesional. Y que, en su propio caso (que no parece ser excepcional), tontamente, hizo un uso ilegal de su propia receta.

Asimismo, menciona que cuando un médico cae en las garras de la adicción, rara vez busca ayuda. Aunque los colegios médicos estatales, que en su mayoría están formados por médicos, deberían ser lo suficientemente ilustrados como para tratar la adicción como una enfermedad, a menudo la manejan más como un delito. Los médicos adictos enfrentan un estigma colosal y la posibilidad muy real de perder su licencia si se presentan. Sabiendo esto, los médicos con problemas tienden a quedarse en las sombras hasta que ocurre un desastre, como presentarse bajo los efectos en la sala de operaciones. Sabrá Dios a cuanta gente habrán dañado sin que aquello se note.

 Luego aboga Grinspoon, por que los médicos que abusan de las drogas y el alcohol sean tratados con compasión y cuidado. En lugar de revocar o suspender automáticamente las licencias. En general, esto es parte de su activismo contra la mano dura en la guerra contra las drogas. Esta es solo la opinión de un individuo implicado en el problema, más que como especialista como consumidor y, por tanto, puede ser discutida. Lo que no parece debatible es el hecho, a partir de los datos que se nos aportan, de que además de la falta de información, tenemos la situación personal de muchos médicos incapaces de aplicarse a sí mismos la lección de lo peligrosas que son las drogas. Menos podrán orientar a sus pacientes, incluidos los que usan la marihuana y sus compuestos.

En última instancia, como destaca el propio Dr. Grinspoon, «no existe el almuerzo gratis», es decir, todos los medicamentos tienen efectos secundarios. Para nosotros, la mariguana convertida en última y de manera un tanto irresponsable en “medicina” no va a ser la excepción de esta regla, por el contrario, es su confirmación más contundente, aunque nadie quiera verla.

Fuentes:

Peter Grinspoon, Up to 15% of doctors are drug addicts. I was one of them . Publicado el 5 de junio de 2016 en Los Angeles Times (Latimes.com)

Sara Novak, Physicians Aren’t Asking Enough Questions About Cannabis. Publicado por Medscape Medical News el 29 de agosto de 2023.

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