El robo de la excentricidad

Por Spartacus

La tendencia al refugio con objetos inanimados. La excentricidad del libro. Acabo de saldar la deuda con Helmut Plessner, representante de la escuela «antropología filosófica» alemana. Plessner escribió hace medio siglo un libro desafiante:

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La risa y el llanto. Un examen de los límites de la conducta humana.

El propósito de la investigación de Plessner, no era sobre el fenómeno de la risa y el llanto en sí. Investigaba como se posesionaban ciertas formas de expresión humana referentes a los objetos inanimados.

Por ejemplo: abres un libro, el periódico, la computadora, cualquier medio geotécnico al uso y lees una frase de un texto. De pronto surge la risa, o de inmediato aparece el llanto, o fortuitamente olvidas pertenecer al mundo. El libro, como objeto de alabi, entra también en lo que Plessner llama excentricidad del posicionamiento consigo mismo. El libro como objeto inanimado nos sustituye, ocupa el lugar del centro del Yo, se posesiona dentro de nosotros.

Y entonces con el libro te pertrechas de recursos culturales, o para poder reír o para llorar, o pasa a constituir un aliado para estar a solas. Cuando te plazca, podrás empezar a llorar en consonancia a la adopción del llanto como guisa de libro.

Un ejemplo extremo: cuando Lezama Lima se refugia entre los libros para no salir de casa, provoca una segunda excentricidad, un segundo desierto en sí mismo, una segunda huida del yo sobre el tiempo y el espacio.

Los libros constituyen también formas estilísticas de anokoresis cultural. De hecho, Plessner subraya, que cuando la lectura de un libro provoca risa, también de inmediato suscita huida del espacio real. Evoca el éxodo de la realidad, sobrevivir las adversidades de la existencia. El libro no es un ser vivo, pero enmascara la realidad como tal.

Si cabe otra definición sobre idiosincrasia del siglo XX y el actual, en resumen, una puede ser esta: «el hombre vive una segunda excentricidad radicalizada dominada por objetos inanimados que han sustituido el lugar del Yo.

Que nadie te robe la excentricidad.

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