El porvenir de una ilusión (Dios no ha muerto)

Por Dr. Callejas

El porvenir de una ilusión (Spanish Edition): Freud, Sigmund:  9781546823100: Amazon.com: Books

Lo esencial es preservar la inmunidad de la cultura: una convención teórica y empírica que nos permite comprender por qué Freud, en sus últimos escritos, específicamente en El porvenir de una ilusión (1927), más allá de cualquier implicación libidinosa y psicoanalítica, afirma: «La función primordial de la cultura, su verdadero propósito, es protegernos de la Naturaleza». Con la palabra protegernos, Freud se embarca en el arduo cometido de convertir la hermenéutica en un análisis de los sueños colectivos, cuya demanda surge por la superioridad de la naturaleza. Con el fin de contrarrestar esta amenaza, introduce la tesis de la religión como un símbolo de inmunidad cultural.

Según Freud, el papel de la religión adquiere así una representación ilusoria en términos de protección, defensa e inmunidad. Partiendo de sus experiencias terapéuticas y clínicas, del análisis de los sueños clásicos, Freud da un paso más y se adentra en la interpretación de los sueños que demandan una compensación cultural.

En este libro, Freud señala lo siguiente de manera contundente:

«La civilización también asume esta función defensora y la cumple por igual para todos, sin distinción. Es un hecho notable que casi todas las civilizaciones procedan de la misma manera en este sentido. Pero no se limita a proteger al ser humano de la Naturaleza, sino que continúa esta labor utilizando otros medios. Esta función adquiere ahora un doble aspecto: el ser humano, amenazado gravemente, busca consuelo y pide que el mundo y la vida estén libres de horrores; al mismo tiempo, su anhelo de conocimiento, impulsado por intereses prácticos fundamentales, exige una respuesta».

Aquellos que sigan este nuevo camino trazado por Freud y avancen para desarrollar un aparato categorial más refinado y concreto en relación con las distinciones empíricas de defensa e inmunidad de la cultura en general, podrán comprender fácilmente por qué los estudios sobre la cultura cubana, a pesar de los valiosos descubrimientos etnológicos realizados a lo largo de décadas de estudios sobre la transculturación, necesitan una nueva comprensión basada en la pregnancia inmunológica.

Sin lugar a dudas, después de los años 40 del siglo XX, los sueños transculturales de Ortiz fueron desplazados por la interpretación de los sueños utópicos, ideológicos y políticos del pensamiento crítico. Lo que en un momento se debatió como la crisis de la alta cultura cubana, en realidad se debía, ante la inconsciencia de sus protagonistas, a la desilusión por el futuro.

En su obra tardía, El porvenir de una ilusión , Freud plantea que las representaciones religiosas surgen de la misma necesidad de logros culturales, es decir, de la necesidad de protegerse contra la superioridad de la naturaleza. Además, advierte sobre la necesidad de desarrollar una teoría de la compensación cultural, más allá de la teoría clásica del deseo psicoanalítico.

En este contexto, surge la expresión «hombre como Dios de prótesis», que ha sido mencionada y evaluada en pocas ocasiones. Esta expresión apunta a un reconocimiento primordial de la cultura como una forma de inmunidad.

La historia de la humanidad se puede entender como la historia de cómo el ser humano se ha convertido en un homo immunologicus, luchando por establecer una esfera de protección y cuidado de sí mismo, ya sea a través de la religión o las instituciones culturales.

Las comunidades han fracasado a lo largo de la historia, ya sean las ciudades-estado, los imperios, las monarquías o los estados-nación, y no hay posibilidad de volver atrás. Ahora, lo que importa es la co-inmunidad, la capacidad de protegernos y cuidarnos mutuamente en conjunto.

Por supuesto, la ilusión religiosa no es la única encargada de llevar a cabo por sí misma la labor de inmunización cultural. En realidad, en Cuba la religión en general, y la afrocubana en particular, desempeñan un papel importante, pero no pueden solucionar por sí solas la inquietud en el ámbito del malestar. Es necesario ampliar los espectros ilusorios, los fantasmas capaces de crear un refugio para el invernadero cultural. Sobre este último punto hablaré próximamente en la publicación de un libro.

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