El niño y sus  demonios (cuento)

Autor: Alberto Diaz

En aquel lejano abril de 1970 un mar de sol deslumbraba la mañana. las lomas de Las Nieve comenzaban a dejar caer su vestido de niebla. Los cascos de los caballos removían los florecidos zumbidos de los linderos. 
En la cabalgata la madre abrazaba a su pequeño hijo y el eco de su maternal voz regresaba desde el lomerio. 
Su hijo mayor adelantado en el camino seguía el arcoiris de mariposas que volaban hasta las rojizas aguas del arrolluelo donde dansaban bajo el trino del sinsonte las flores rojas de las calorinas. Sus grandes manos de niño apartaban la arenilla y compartía el agua con el perro y su caballo.

A rienda suelta y al galope se desvanecían entre la neblina y el fondo verde azul del monte. El niño parado sobre el lomo del caballo seleccionaba las frutas que acompañadas de un panal de miel iban llenando la improvisada cesta de yagua. Marchan de regreso empapados por el sudor y la neblina deslumbrados por los alargados rayos del sol que le presta su sombra a las tranquilas aguas del arruyuelo. Un estruendo sacude al lomerio los buldosers reiniciaban su ciclo de muerte. Los caballos se unen bajo el espanto y la madre como si quisiera proteger todo lo que le rodeaba se funde un abrazo con sus dos hijos. Sus palabras estremecieron a los niños. Hijos nunca olviden este paraíso que solo dios pudo crear. Cuando el hombre termine de destruir el monte y los linderos habrá perdido todos sus caminos. 

Bajo ese presagio llegamos al Yabucito. El cercado de piña nos deja entrar por una puerta de golpe una casita rústica de puertas y ventanas abiertas nos da la bienvenida. El perro con su aullar saluda al vacío potrero algo percibe el animal que al humano le era negado detectar.

Aquella señora cubría su espiritualidad con un sencillo y artesanal vestido blanco, nos acogió como si fuéramos parte de sus numerosos ahijados. Con voz suave y gestos pausados le habla a mi madre sobre mi hermano. Este pequeño lo has traído por problemas de salud, cuando salga de la consulta ya el asma se habrá curado, sin dejar de mirarme sujeta a mi hermano por una mano y desaparecen en sala.

Algo me acompañaba en aquel
pequeño y vacío comedor una sensación de ahogamiento comenzaba a cortarme la respiración mis ojos buscaban lo que no podía ver . los abrazos llenos de risas y saltos de mi hermano ponen fin a mi angustia.

Acompañada de los gestos de agradecimiento de mi madre la señora reaparece en el comedor me alcanza con sus cortos pasos y sus susurrantes manos comienzan una y otra vez a recorrer mi cabeza hasta que las deja caer fatigadas sobre mis hombros. Cómo si regresara del más allá con voz gutural se vuelve sobre mi madre. Mamá yo sé que este niño usted lo trajo solo para que los acompañará pero es el que mas enfermo esta por favor espere a fuera que lo vaya a consultar.

Cómo inspirada por una canción de cuna su voz recupera la ternura y comienza llenar todos los rincones vacío de aquella habitación.

Hijo el cielo es como un gran espejo allí solo sabemos mirar los elegidos por la gracia del señor. Mi santo dice que buscando la muerte has hecho correré la sangre. 
Vienen a mi memoria los constantes castigos por terminar los juegos envuelto en violencia y sangre.
No te culpes hijo mío son los espíritus malignos que se apoderaron de ti. De la mano de tu familia salio muchas veces la muerte y los espíritus de esos muertos se apoderaron de ti . Hijo pediré a mi santo que te libere de esos espíritus de odio y de muerte porque si empiezas a matar nunca más podrás parar. Recuerda hijo mío solo alcanza la paz sirviendo a los demás. Cuando sientas la violencia refugiarte en la soledad busca el tronco de la ceiba en el monte y busca estar entre los animales más que entre la gente. La señora me despide con sus dos manos en el corazón y un tibio beso en la frente. Salgo corriendo hacia los extendidos brazos de mi madre y comienzo a sentir las tenues caricias de una nueva esperanza.

Mi hermano lleva como recuerdos de su infancia los constantes ataques de asma. Por mi parte mientras otros caían yo sobrevivía a momentos de violencia de guerra de enfermedades y de muerte.

Con profunda tristeza treinta y siete años después encontré la conección entre el pasado, mi familia y los espíritus de mi niñez.  

Me encontraba en Consultoría Internacional en Santa Clara, entre cola, coleros y colados. Alguien no encajaba en aquel enjambre humano había logrado escapar a la industria a sus modas y estandarizaciones universales …  

Era un hombre sin edad perteneciente a una generación que se nos fue entre las manos recorría su tabaco cómo se acaricia todo lo sudado. Con voz de bueyadas y de arboledas repetía como niño entusiasmado que su pueblo de origen era Amaro. Me acerque intentando sortear la noche y le pregunto por mi familia. El hombre levanta su sombrerezca cabeza y con el estrechon de mano llegan a mi mente recuerdos de infancia. Escudriña mi rostro como intentando reconocer algún rasgo perdido en el pasado. Me sujeta por el codo y me apremia a pasar a la acera del frente  

Hijo te traje a parte porque tu tienes que ser nieto de Higinio Pérez. Desde niño guardo un secreto sobre tu abuelo y los otros tres que lo conocieron se fueron con el a la tumba. Sus gestos y su voz se hicieron más pausados como si quisiera ocultarse detrás de la historia que intentaba contarme.

Muchacho. Yo por aquel entonces no sobrepasaba los nueve años, ni tampoco el mostrador del bar del Central Baliño dónde trabajaba de cantinero.  

Aquel día tu abuelo Higinio Pérez, el hombre de las polainas el inspector del ingenio Baliño,se hacerca al bar más rápido que de costumbre solo tuve tiempo de esconder mi tabaquito y a llamar al dueño, que como era su costumbre salió a recibirlo. Terminado el saludo el dueño con un gesto me envía a trastienda. Súbitamente entra de tras de mi me saca de encima del cajón donde intentaba acomodarme comienza a registrarlo hasta que encontró un revolver con un puñado de balas. Puede ver a través de la entrepuerta como se lo entregaba a Higinio Pérez, que después de comprobarlo lo carga con una sola bala, dejando el resto sobre mostrador. El dueño regresa, pone sus dos mano sobre mis hombros y con voz firme me dice. Hoy va a pasar algo grande aqui así que montante en la yegua y sin que te vea sigues a Higinio Pérez. Pase lo que pase vienes derechito para acá a contarme todo lo que hallas visto y oído.

A la distancia de medio kilómetro Higinio Pérez apuraba su caballo por el camino de Baliño a las Nieves, doblando a la izquierda entra por la guardarraya que llega hasta el Roblar y dónde se entronca con el camino a San Francisco, giro su caballo al tiempo que sacaba el revolver extendía su mano y llamaba a Simón Cepero escuché un solo tiro. Tu abuelo sin mirar para atrás pico espuelas y levanto su caballo al galope aún sin saber por que me baje de la yegua. Debió ser porque la muerte siempre llama a la vida. Me arrastre entre la manigua y el pantano hasta llegar al lugar.

Choque de frente con Simón Cepero permanecía de pie recostado al tronco de la ceiba las convulsiones lo hacían caer muy lentamente, el bigote dejaba entrever una boca retorcida dónde el dolor y la sonrriza se mezclaban con la muerte, se asomaba un agujero sin sangre hundido en la cara, al final de su mano derecha se desprendía un revolver que termino por hundirse en el fango.

Simón Cepero y sus malignos espíritus me querían arrastrar con el a la muerte. Se apoderaron de mi su malévola sonrisa el susurrar de su voz la caída de rodillas y hasta en el color de su piel confundido con el de la ceiba. Fue el largo aullar de un perro despidiendo la muerte quien me trajo de nuevo a la vida 

Ahora la vida intentaba huir de la muerte. No se cuantas beses me levantaba y me caía sin poder alejarme del muerto. En el desespero intentaba subirme a la yegua, sentía que en cada salto las manos frías del muerto me agarraba por los pies. De pronto en aquella soledad escuché un relincho, tan paralizante como un trueno sin agua, busque en todas las direcciones, hasta que choque con la mirada serena de Ismael Hernández que acostado sobre el lomo de su caballo permanecía oculto detrás de la manigua al verme en aquel desespero parecía compadecerse. Dos en uno salieron corriendo y te puedo asegurar que llegue a Baliño primero que la yegua y que el susto.

El dueño del bar me esperaba y al verme tan asustado busco un taburete con un baso de agua entre sorbos le fui contando todo lo ocurrido. Siempre recordaré sus palabras que en el camino de la vida me ayudaron a creser.( Si guardas este secreto te convertirás en el gran hombre que es Higinio Perez). Me entrego cinco pesos con otra advertencia. Te irás a casa y solo regresaras pasado una semana.

En cuanto paso la semana regrese al bar. Allí solo se hablaba de la muerte de Simón Cepero, nombre que en vida del difunto nadie se atrevía a mencionar. En las pocas ocasiones en que nos visitó se sentaba desafiante al fondo del bar, de espalda a la pared y de frente al pasillo, su mirada de muerte hiba desde la puerta de estrada hasta el mostrador. Ya sabíamos que durante el tiempo que allí estuviera no habria ningún cliente y todavía hay gente que viene a hablarme de las películas de oeste.

Un visitante le comentaba al dueño… Que cada vez que Higinio Pérez venia a Baliño tenía la costumbre de almorzar en la tienda de Ramón Vergara en Rodrigo y ese día Ramón le trasmite un recado dejado por un hermano masón … Que no regresara a su casa por el camino del Roblar, que detrás de la ceiba lo esperaba Simón Cepero para matarlo y robarle el dinero de la paga a los trabajadores. Cómo Higinio Perez era una persona muy conocida, que siempre hacia la misma ruta, la gente se extraño al verlo de regreso a Baliño.

Seguían llegando noticias … al otro día de la muerte de Simón Cepero, muy temprano en la mañana, llegaron a casa de Higinio Pérez la policía con la guardia rural. Le quitaron su revolver y se lo llevaron preso. Aquella misma semana le celebraron el juicio sin poderlo condenar, su revolver no había disparado, no hubo testigos en su contra, tampoco personas que lo hubieran visto pasar por el lugar donde apareció muerto Simón Cepero  

Un vecino de San Francisco del cual no recuerdo su nombre aseguraba… Que el día en que sueltan a Higinio Pérez, lo esperaba en su casa Efraín Puig casado con una de las hijas de Simón Cepero, su intención era matar a Higinio a machetazos, pues lo hacía desarmado, el cañón del revolver encajado en su estómago lo obligo a embainar el machete. Efrain supo escuchar el consejo de Higinio Pérez. Cómo vecino aquí sigues teniendo tu casa pero si vuelves con alguna amenaza aquí vaz a encontrar la muerte.

Muchacho desde ese entonces y hasta donde yo se los hijos de Higinio Pérez y Simón Cepero se llevan como familia.

Mira muchacho… Simón Cepero era un hombre sobre lo trigueño, bajito, pero muy ancho y fuerte, con un bigote negro que le cubría la cara, sin miedo y sin limite. Para el la vida de los demás no valía nada, usaba un sombrero y montaba un caballo tan grande como su revolver tenía una puntería mortal.. Había asesinado sin motivo aparente a muchas personas tanto dentro como fuera de la prisión algunos de ellos por encargo de la policía y de la guardia rural.. 

Según he podido averiguar Simón Cepero inicia su carrera de matón por la provincia de Camagüey. En un baile mató a puñaladas a una muchacha solo por negarle la segunda pieza y a su enamorado por tratar de defenderla.

Simon Cepero mato a tiro a Pablo Espinoza y a Ramón González monteros que trabajaban con el en los potreros de las Nieves bajo engaño los llevo hacia el fondo de la finca y allí mismo los dejo tirados.

Simón Cepero por encargo fue hasta la casa de Gelo en San Francisco, aprovechando que el hombre estaba solo y descuidado lo golpeó y para asegurarse de su muerte termino por ahorcarlo en la mata de Jobo que había en el patio de la casa el pobre Gelo acostumbraba a descansar todos los medio día bajo su sombra. Que dolor para aquella buena familia y para sus vecinos que por aquellos tiempos eramos tanto o más que la propia familia.

Simon Cepero emboscado detrás de un lindero esperaba el regreso del Gallego, dueño de una tienda en Rodrigo, el hombre siempre regresaba por el mismo camino de sus ventas por El Triguero, San Francisco y Las Nieve. El Gallego salva su vida porque era una noche lluviosa y oscura, con el primer disparo se espanto el caballo dejando al Gallego y sus mercancías regadas por toda la sitieria.  

Simón Cepero por ser hombre de confianza de la Policía y de la Guardia Rural comentaba tener una lista con las persona que hiba a matar. Imagínate el terror con que se vivía en toda aquella zona. La gente se acostaban sin saber si llegarían vivos al otro día .

Simón Cepero se esconde al lado del camino, al borde de un arroyo, esperado el cruce de Felipe Estrada vecino de Las Posa. Felipe logra salvar su vida porque cuando ya hiba de salida es avisado por un vecino. A partir de aquel día Felipe solo se atrevía a salir entre los montes y campos de caña.

Simón Cepero en su afán de muerte se dedicaba a casar tanto a uno como a tros. Eleuterio Rodríguez y Juan González, vecinos de San Francisco, fueron otros de los incluidos en su lista de muerte y tal fue así, que una tarde Simón Cepero cambiando el tono de su voz logra engañar a Juan, que sale de su casa a recibir la visita. El hombre se salva porque en el momento del disparo, con un grito que se escuchó en toda la sitieria, se interpuso entre los dos su hijastra Tomasa la que recibe el plomozo en el medio del pecho, no murió pero estuvo sufriendo toda su vida…

Hijo puedes estar seguro que si Higinio Pérez no mata a Simón Cepero, la tonga de muertos hubiera llegado al cielo. Tu abuelo fue un hombre valiente, buen jinete y tirador. Los pocos que se han visto obligados a pasar por ese trance no lo hacen con arma ajena y mucho menos con una sola bala, fue a un riesgo de muerte, el sabía que frente a Simón Cepero tendría una sola oportunidad.

Te invito a que vallas por mi casa que es tu casa. Hablaríamos de las décimas que por agradecimiento le hicieron a tu abuelo por haber matado a Simón Cepero y de otras historias sobre tu familia que estoy seguro que nunca te han contado. Sabías que tu verdadero apellido no es Pérez que a tú bisabuelo Enrique el padre de Higinio la familia en España le quitó su verdadero apellido por haber participado en la guerra de independencia y para que no tuviera derecho a su título mobiliario. A qué no sabías que sobrevivió a esa guerra con el cuerpo lleno de machetazos y grados de oficial del ejército manbi. También conversaremos sobre tu padre fue mi gran amigo estoy seguro que tampoco sabes que combatió en el ejército rebelde en la limpia del Escambray y en Playa Girón y que por ese motivo vino a conocerte y a inscribirte pasado los tres años.

Hijo solo me queda por decirte que ya no quedan Higinio Pérez que nos defiendan y si muchos Simones Cepero que ya no matan pero solo para poder seguir robando.
La despedida fue a lo campesino y con el compromiso de una próxima visita.. 
Una mañana me sorprende el sol por el camino que me llevaría a la finca del campesino. Mis esperanzas sobre el encuentro quedaron tan caídas como las cercas de los linderos, mi voz retumba en una casa dónde ya el jardín se confunde con el pasto del potrero

De regreso comienzo a desandar el camino. Siento el silbar de un jinete que asoma en la distancia y como si el jagüey nos hubiese puesto de acuerdo los cuatro fuimos a parar bajo su sombra.

El joven jinete usaba una ropa vieja tan llena de parches cómo sus botas de agua se desmonta del escuálido caballo que hablaba de sus noches de encierro el serrucho del lomo lo cubría un saco de yute empapado en el sudor que dibujaba las nalgas de su jinete un perrito pinto llego arrastrado su cansancio y mas que gruñir parecía reír 

El joven espera con paciencia a que termine de repararlo. Intento romper el hielo con una vieja broma. Amigo su potro esta de feria. Me responde con simpatía. Si ya vienen a buscarlo al tiempo que señala un remolino de auras que en picada giraban sobre el jagüey. Esta matadura me la prestaron y cuando no se tiene perro se montea con gato. Desde ayer salí a busca tres animales que me robaron entre ellos a mi caballo. En los ojos de aquel improvisado campesino el cansancio comienza a dar paso a la curiosidad y me adelanto a la pregunta.

Vine visitar al dueño de esa finca pero por lo que veo ya nadie la vive. 

Amigo mi tío se vio obligado a abandonar la finca. Le habían robado todos sus animales y siempre la mitad de lo que sembraba vivía asediado por la delincuencia y desprotegido por el estado y ese es un fenómeno que afecta a todo el campesinado y para colmo de males estamos obligados a pertenecer a una Ccs Fortalecidas que lo único que ha logrado fortalecer es el bolsillo de la corrupción desviando los pocos recursos que nos puede dar el estado. Para mí que fue debajo de este jagüey dónde Máximo Gomes dijo que los cubanos cuando no llegamos nos pasamos suba suba hasta el tercer gajo que desde allí arriba lo va a poder comprobar.

El joven me ayuda a alcanzar el primer gajo llegó hasta el tercero impulsado por los recuerdos de mi niñez. Surgio ante mi un horizonte sin vida alfombrado de marabú hasta el infinito. De un solo vistazo quedaron borrados todos los recuerdos de mi infancia. No se escuchaba a la madre llamando a sus hijos o el galopar del caballos en su nube de mariposas no se veian los linderos ni la arboledas donde anidaban los pájaros y se escondia el arrolluelo. Tampoco el portal dónde el campesino recostado su taburete torcia el tabacos y nos contaba sus historias . 

Amigo usted subió como un niño pero la angustia y el dolor lo hicieron bajar como un anciano estoy seguro que no encontró lo que buscaba. Lo que producían los campos de cuba logre saberlo a través de mis abuelos ellos mantienen la cultura viva del trabajo . Si me hubiera puesto a escuchar los discursos y el reguetón me hubiese quedado con una sola neurona sin sentir el amor ni escuchar la guantanamera.

Recosté mi vieja espalda sobre tronco del jagüey y estire mis largas piernas sobre sus raíces. Me sentía cansado pero seguro por aquel joven hablaban sus cayosas manos. Ya no tenía dudas yo era el alumno y el mi gran profesor.

Compañero eso que tanto ocultan y que usted vio desde arriba no solo es el resultado de una desforestación indiscriminada o de la despoblación estimulada hemos llegado asta ahí por una política agraria equivocada y de una sistema absolutamente burocratizado nunca veras a un funcionario hablando con el campesino desde el surco. El grado de desorientación es tal que convertimos al ajo y la cebolla en la coca de cuba ahora sembramos dinero en vez de comida y si me aprietas te diria que entre las malas decisiones de los dirigentes la corrupción y los ladrones van a destruir la base productiva del país que terminara empobrecido y abandonado. 

La explosión de ira contenida de aquel joven no solo era la manifestación de una crítica amordazada, denunciaba las injusticias acumuladas sobre un sector clave para la estabilidad social. El daño causado se extiende mucho más allá de la producción. Amenaza con desaparecer las tradiciones los valores y hasta la existencia misma del propio campesinado.

El joven recorría con su mirada la sombra y la vieja copa del jagüey. Compañero yo creo que este sería el mejor lugar para dar un congreso campesino, allá arriba haciendo tanto teatro dentro de los teatros nunca se enteran de lo que pasa aquí abajo y se convierten en cómplice de todos estos vandalismo.

La pregunta que le hago no lo sorprende y responde con prontitud. 

Está es una de las ventajas de conversar con los viejos y por lo que me han dicho. En el capitalismo el robo y la corrupción estaban institucionalizados el pueblo pasaba hambre pero nadie robaba ahora esas conductas se han generalizaron en toda la sociedad y buena parte de la culpa la tienen algunos de los que nos dirigen por practicar una doble moral. Desde que nacimos nos exigen que seamos como el Che para muchos de ellos poder hacer todo lo contrario del lo que el Che hacía y decía. 

No me parecía que aquel joven fuera un opositor del sistema mucho menos su enemigo. Solo se ubicaba en sus contradicciones para criticar lo que le era directamente visible. Lo que el joven desconocía era que la soberbia del poder y su miopía castigaba por igual a todos . También desconocía que tan solo unos años atrás otro joven como el realizó un estudio e hizo propuestas para que el campesino pudiera trabajar y producir con seguridad. Recibió como única respuesta una cadena de represalias que arrastra hasta nuestros días.

El joven desafiando mi silencio continuo argumentando. Ya nadie se acuerda de cuando a mediados de los años cuarenta Higinio Pérez un vecino de por aquí, para salvarse y proteger la vida de los campesinos mató de un tiro al asesino de Simón Cepero. O sobre los 90 cuando en la sitieria se aprecia un policía solo de madrugada y a caballo que los delincuentes apodaban «La Sombra». Mi padre afirmaba que a ese policía después de haber defendido tanto a los campesinos lo habían votado por proponer la creación de la Policía Rural en Cuba. Súbitamente se levanta y comienza a dar zancadas en una u otra dirección como intentando escapar de todo lo que le atormentaba. Se detiene y me mira desafiante cómo si hubiera descubierto al culpable de todos sus males. 
Compañero los que no aprobaron esa Policía Rural en Cuba son más enemigo de los campesino que los propios delincuentes.
Niega con la cabeza un presente al que no le ve solución y comienza a suavizar sus expresiones en la medida en que evade la realidad y busca refugio en la leyenda.

A mi algunos ladrones me han asegurado que cuando salen a robar nunca pasan por San Francisco ni el Triguero pues en las noches claras o de luna mientras el perro aulla y el viento teje la caña, han visto juntos cabalgar a Higinio Pérez y a su Sombra.

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