El mundo que nos rodea

Por Héctor A Rodríguez PhD

Parte I

¿Han considerado que actualmente sería mejor seguir como estamos y presenciar cómo nuestros valores conservadores se desvanecen? ¿O desarrollar nuevas alternativas de crecimiento socioeconómico y cultural, acordes a nuestros principios judeocristianos, en asociación y convivencia respetuosa con otras culturas que, aunque no sean similares, comparten igual respeto por sus tradiciones culturales, religiosas y políticas, y que también desean no ser cambiadas?

La fórmula posmodernista del globalismo, no de la globalización, y su agenda 2030 solo auguran guerras, destrucción de tradiciones, genocidio científico y liderazgo de ególatras al servicio de sus intereses, muy lejos de los intereses reales de los pueblos. La globalización es un concepto económico que se ocupa de los flujos libres del comercio, las inversiones y las personas. El globalismo, por otro lado, es una ideología política destructiva que pretende acabar con el Estado-nación como marco de la administración política para sustituirlo por un gran Estado mundial, justificado para mantener el sesgado libre comercio actual y sostenerlo mediante el monopolio de los medios de comunicación, según Hernán González, columnista del periódico El Colombiano.

Actualmente, Australia evalúa así la dirección del Foro Económico Mundial (FEM). Este senador australiano lanza verdades explosivas y expone al FEM de Klaus Schwab en el Parlamento australiano. «Lo que promete Klaus Schwab con su Gran Reinicio es esclavitud. Las corporaciones multimillonarias globalistas serán dueñas de todo: casas, fábricas, granjas, automóviles, y solo podrán ser alquiladas por ciudadanos cuyas puntuaciones de crédito social lo permitan».

La organización de las Naciones Unidas, después de la Segunda Guerra Mundial, ha perdido su rumbo y su mantenimiento político, militar u otro carece de sentido, al margen de los intereses de los pueblos. Ha sido comprada por poderosos intereses económicos y ya no responde a la seguridad del mundo. Deben abolirse y los pueblos y naciones deben reagruparse de acuerdo con su libre albedrío, como nos enseñó Dios.

Tomemos, por ejemplo, al Sr. Tedros. En su país de origen, Etiopía, Tedros participó en actividades de persecución política y retuvo alimentos y medicinas a etíopes de etnias diferentes a la suya. Dos millones de personas desaparecieron por falta de alimentos y medicinas. ¿Cómo es posible que este hombre, que no es médico, lidere la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es la organización de salud más importante del mundo?

Los pueblos y países deben tener el derecho a pertenecer donde sus creencias, economía, cultura y geografía les convengan más, y sus objetivos de educación, salud, alimentación, vivienda y cultura para sus pueblos sean satisfechos, sobre la base de la integración a la que pertenezcan y no obligados por razones ultranacionales.

El mundo y sus pueblos han llegado a donde estamos, tal como somos, debido a nuestra naturaleza, y nadie tiene derecho a cambiarnos o, peor aún, a eliminarnos, cuando el planeta puede alimentarnos siempre que no excedamos la capacidad de sustento, que está científicamente demostrada en unos 10 mil millones de habitantes, momento en el cual la naturaleza regulará automáticamente la demografía mundial.

Otro ejemplo es el cambio climático, del cual ya he hablado en otros artículos en esta misma revista digital, Ego de Kasaka. El mundo está gobernado por eugenistas, personas que se creen genéticamente superiores y que desprecian a los no creados de igual manera, obsesionadas con la superpoblación. Según ellos, la geoingeniería es la causa del cambio climático. Ni conducir al trabajo, ni tomar café, ni usar una estufa de leña, ni las flatulencias de las vacas. La propaganda climática es un programa de eugenesia. No se trata de controlar el clima, se trata de controlarte a ti. Quieren que todo sea eléctrico (no solo los carros) para poder apagarlo cuando tengas una mala reputación de crédito social por haber dicho la verdad sobre algo en los medios. Despierta antes de que todos seamos aplastados bajo el nuevo orden distópico, algo indeseable en sí mismo.

Los tiempos son turbulentos. Nos debatimos en un ser o no ser de Shakespeare. Los promotores del globalismo son hoy ni más ni menos que la fracasada ONU, como ya apunté, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OMC, la cadena de noticias CNN, la Open Society de George Soros, la Fundación Rockefeller, los diarios The New York Times y The Washington Post, el Grupo Bilderberg, los Illuminati, la masonería, el FEM nacido del Foro de Davos, etc.

Pienso que si el mundo se organizara en un gobierno tripartita donde las tres grandes potencias hicieran un tratado de gobernabilidad entre ellos tres y si alguien agrede al otro pueda ser agredido por los dos restantes, el equilibrio evitaría que el mundo se acabara en una guerra nuclear. Previamente, las tres grandes potencias habrían eliminado las armas nucleares y solo se utilizaría la energía nuclear para electricidad y protección del planeta. La cantidad de bombas nucleares para defender el planeta se acordaría en la constitución del grupo tripartita. Se obtendría el mayor resultado de felicidad para la humanidad que sería la desnuclearización total del planeta. Cada jefe o cabeza de bloque sería el garante de su destrucción y tratamiento de los residuos nucleares. La unidad de los países por libre albedrío se haría según su afinidad política, económica o sociocultural y el que más albergue países sería el más poderoso, hecho para tener en cuenta por los dos restantes. Esta fraternidad sería un estímulo para que el que más países le sigan como cabeza de grupo por superar a los dos restantes logrando o colocando seguidores en su bloque.

El mundo seguiría igual, cada país seguiría igual, nadie gobernaría a nadie, todos decidirían con quien se agrupan y regirían sus respectivas constituciones. Podrían, por supuesto, existir agrupaciones internacionales para la educación, la cultura y el deporte, el comercio, la energía nuclear, etc., con el sano objetivo de la unión y compartir los éxitos de cada uno y demostrar quién hace las cosas mejor en cada país y en cada bloque. Existiría solamente un comité potencial para dictar normas que rijan las relaciones internacionales de convivencia y el espacio, así como el orden mundial y del espacio exterior, de manera que responda a los intereses de toda la humanidad. Podría rotar la presidencia del bloque para facilitar la interacción de los pueblos en su cúspide. Las guerras como forma de distribución territorial y material quedarían abolidas y el mundo se dedicaría a avanzar en su desarrollo y en su defensa extraplanetaria por el esfuerzo de sus pueblos, y para sus pueblos.

Parte II

La tendencia más real en estos momentos de unidad y comprensión mutua entre antiguos enemigos, quienes luchaban por la supremacía de la interpretación que cada uno tenía del marxismo (el leninismo en Rusia y el maoísmo en China), ha ido quedando atrás. Se avecina un terreno grande geográficamente y no menos grande en lo político, respaldado por sus respectivos arsenales nucleares. Rusia y China se reúnen para mancomunar esfuerzos, mientras que la comunidad europea y la OTAN han vuelto a la guerra fría y caliente en Ucrania. Sería bueno realizar una conferencia mundial al margen de la ONU, presidida por el G20, donde se pueda evaluar este problema. Aunque no sea vinculante, aportaría el verdadero sentimiento de los pueblos sobre este tema, lo que ayudaría a ambos bandos a buscar una solución negociada y acabar con la guerra.

Estados Unidos, con una administración corrupta y su presidente chantajeado por desmanes monetarios insensatos en China, Ucrania y Moscú, realizará sus elecciones en noviembre. A todas luces, aflora un presidente negociador por excelencia debido a su origen como hombre de negocios.

Por otro lado, el problema migratorio mundial, aupado también por los grandes intereses ya mencionados, es una fuerza que se está utilizando para lacerar y dañar a muchos pueblos, especialmente a la cultura judeocristiana. Rusia y China son firmes en sus tradiciones y combaten la emigración masiva e indiscriminada, a diferencia de la Unión Europea, que la fomenta, y de poderosas ONG judías y organizaciones internacionales, ya denunciadas en la primera parte de este trabajo, que tienen a su cargo la misma.

En este punto, muchos países han comenzado a dar marcha atrás a la atropellada emigración que han recibido, lo que demuestra que ese es el camino. Hay que respetar la territorialidad de los países y sus legislaciones.

En este punto, solo habría una alternativa viable a corto y largo plazo para frenar la destrucción de nuestra identidad nacional, nuestra cultura, nuestras religiones y, a la larga, nuestros países, bajo el gobierno mundial que nos quieren imponer, y es la entrada, con el nuevo gobierno norteamericano, al establecimiento de un real y verdadero orden mundial. No se necesita uno nuevo, solo el actual bajo una nueva forma de ordenamiento dirigida por China, Rusia y Estados Unidos. El orden no significa poderío, lo he puesto en orden alfabético.

Conclusiones

Como he mencionado, los países se unirían por su libre albedrío. Cada uno se agruparía en el bloque de su elección y predilección. Haciendo abstracción de una posible agrupación detrás de China, se agruparían los más comunistas, tales como Corea del Norte, Cuba, Venezuela (si no perece el mes que viene), Vietnam, Nepal, Chile, Bolivia, Colombia y otros muchos que hoy juegan en dos bandos, pero que llegaría el momento de definirse. A aquellos que les guste el socialismo se les dará la posibilidad de hacerlo y no parasitarán a otros pueblos y organizaciones internacionales.

Siguiendo a Rusia, los antiguos miembros del bloque soviético, junto con algunos países árabes o persas como Irán, podrían ser parte de este bloque, así como algunos ex países socialistas que están en la Unión Europea pero no comulgan con su política exterior y de emigración, como Hungría, Eslovaquia y Bielorrusia, junto con algunos países que rodean al Cáucaso. Quizás otros menos izquierdistas prefieran seguir a Rusia como cabeza de bloque en lugar de a China.

Finalmente, el bloque que seguiría a los Estados Unidos. Aquí se daría una interesante puja, pues muchos países hoy haciéndole el juego en la ONU a intereses por chantaje, tienen que definirse a favor del verdadero capitalismo o de sus intereses revisionistas y postmodernistas, lo que pudiera llevarlos a los bloques encabezados por Rusia y China. Lo que sí está claro es que el mundo podría reagruparse en bloques y unidad de países afines ideológicamente, y cada uno iría donde sus pueblos decidan.

La Unión Europea tendría que desaparecer y la unión estaría del lado donde sus países conformen una verdadera alianza con todos los más capitalistas del planeta. La Historia está por escribirse: o nos agrupamos para defender y vivir con nuestros valores, o pereceremos en manos de grupos al margen de nuestros valores. Ahora es el momento de definiciones, y si esos grupos del estado profundo, seguidores del FEM y otros como la ONU, ya denunciados aquí, deciden agruparse por su cuenta, serán bienvenidos, pero al margen del gobierno tripartita sugerido en este trabajo. La Historia dirá quién lo hace mejor. Tendrán el derecho de vivir sin comer carne de res, con nada y siendo felices, pero no a costa de los impuestos de los demás pueblos.

Crear esas nuevas agrupaciones sería fácil y rápido. La infraestructura para el bloque de Estados Unidos está en la actual sede de la ONU en Nueva York; los rusos tienen el antiguo CAME, y los chinos tienen suficientes megaedificios donde tienen sus órganos de gobierno. Solo faltaría redactar los documentos constitutivos y su aprobación por plebiscito de cada país para integrarnos en un nuevo rumbo, donde desaparecerían las estructuras actuales y sus burócratas e improvisados líderes mundiales, que no fueron electos por nadie, y que están intentando cambiarnos de género, desposeernos de nuestras propiedades y hacernos felices sin tener nada, dejando solo para ellos sus antojos y a los nuevos esclavos en el mundo que nos rodea.

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