El erotismo en la obra de Armando de Armas

Por Irina Acanda Morejón

He visto a periodistas importantes entrevistar a Armando de Armas, y ellos le han dicho abiertamente que aman su peculiar manera de hacer literatura. Y yo me pregunto. ¿Será que también reconocen que hay cierta magia que atrapa con su sexapil? ¿Será que también reconocen que en sus libros hay una virilidad que deviene una sutil armonía de ambigüedad?

Nada es nuevo bajo el cielo, mas él lo cuenta de un modo superior, incluso cuando la narrativa es dura, fuerte, cuando la narrativa es desalmada, fiera, impía. Hay un patrón que se repite y se renueva en sus libros, y ese patrón es simplemente el erotismo. 

Si Armando fuera cantante, sus canciones serían cantadas como en un rap antiguo. Él nos sumerge en la aguas profundas de la historia.

De un momento a otro me encontré a merced del escritor y preguntándome: ¿cómo él podía escribir tales cosas?, mientras una sensación de corriente, de bajo voltaje recorría mi vientre. 

Él usa un lenguaje desnudo, o quizá desnuda la mente del lector.

Creo que no hay género que esté a salvo de ello, luego de su lectura, y su narrativa va destilando lujuria, es como un arquero y sus flechas van penetrando la piel, una piel que se eriza, y se torna cálida, y, en mi caso, un rubor tiñe mi rostro en la medida en que me adentro y me dejo llevar por su narrativa.

Narrativa que puede ser grotesca, o puede ser sublime. No importa el estilo que use, el efecto siempre va a estar ahí, pues es un morbo que se extiende desde su mente a las hojas y de las hojas, a los ojos, y de los ojos a la humedad, y ahí está uno, leyendo a gusto, dudando de las mismas ideas que pensabas tenías bien plantadas, bien arraigadas, y resulta que el autor mueve tus ideas, empuja tus ideas, y te hace aceptar que el placer es superior a la severidad de las normas y las leyes. 

Es de un exquisito buen gusto dejarse llevar por su mundo de sensualidad, una sensualidad que puede no ser el tema principal, y a la vez no deja de involucrarme como lectora, ya sea con el sentimiento de asombro al saberme descubierta, ya sea porque logra crearme sensaciones, las que no se pueden ni se quieren controlar, porque se prefiere fluir con la historia que nos cuenta, con esa anécdota, con esa locura que no es más que el sello que de Armas lleva intrínseco en su alma.

De Armas tomar.

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