El deber de cuestionar la historia oficial

Por Carlos Manuel Estefanía

 El youtubero y la historia

El académico cubanoamericano Arturo López Levy suele abordar temas de historia en «Conversaciones Americanas», su canal de YouTube. Lo hace siempre desde una perspectiva ideológica que podríamos calificar de nacional-izquierdista, pero con un amplio lecturas y referencia y datos que, si bien no matan el relato, vale la pena escucharlos. Un buen ejemplo de esta mirada lo encontramos en su video titulado «Insinuaciones y maledicencias en medios de Miami sobre la muerte de Céspedes, Martí y la Fernandina»[i]. El material aborda temas históricos relevantes para Cuba, específicamente la conmemoración del 24 de febrero y la caída en combate de Carlos Manuel de Céspedes, conocido como el «Padre de la Patria». El presentador critica la forma y el contenido de un programa transmitido en Miami y conducido por Juan Manuel Cao y Andrés Reynaldo[ii]. Lo hace alegando que estos periodistas abordaron sin rigor los episodios de la vida de Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, insinuando que sus coberturas están llenas de errores históricos y son malintencionadas. Ciertamente puede haber fallos en el video criticado; pero un mérito sí tiene, alude a las idealizaciones que padece la historia oficial cubana, incluso antes de que esta fuera “intervenida” por el marxismo dentro de la isla. Eso tiene mérito sobre todo dicho desde un exilio que suele enaltecer a los proceres de la independencia, olvidándose que el separatismo cubano, desde el 1868 al 1898 era revolucionario. Así se creó la contradicción de que la mayoría de los intelectuales contrarrevolucionarios de hoy puedan reivindicar a los revolucionarios del pasado. De alguna manera Cao y su entrevistado se apartan de la norma. Pero esto no parece interesar a López Levy.

El presentador de «Conversaciones Americanas» menciona en su respuesta que ha estado investigando sobre la vida de Carlos Manuel de Céspedes, leyendo varios libros y artículos, incluyendo «El camino de la desobediencia», que ofrece una visión novelada de la vida de Céspedes, y los trabajos del investigador Rafael Acosta de Arriba. Destaca la complejidad y la grandeza de Céspedes, resaltando su postura cuando su hijo fue capturado por los españoles y él se negó a deponer sus armas, declarando que: «los cubanos son mis hijos».

El video también aborda el contexto de la esclavitud en la época de Céspedes, señalando que, aunque es criticable que tuviera esclavos en 1868, esto debe ser comprendido dentro del contexto histórico de Cuba en ese momento.

La crítica principal hacia el programa referido se centra en la falta de precisión histórica y la acusación infundada, según Arturo López, de que el gobierno cubano de la época traicionó a Céspedes, llevándolo a su muerte pocos días después de ser destituido. El presentador de «Conversaciones» refuta aquella afirmación con datos históricos, aclarando que Céspedes fue destituido en octubre de 1873 y murió en combate en febrero de 1874, lo que demuestra una discrepancia temporal significativa con lo afirmado en el programa de Miami. Ahí los exiliados no parecen haber estado muy «finos».

El video concluye con una reflexión sobre la importancia de tratar la historia con rigor y respeto, evitando desvirtuar la imagen de los próceres cubanos con insinuaciones sin fundamento. Se enfatiza la necesidad de reconocer tanto las luces como las sombras de estas figuras históricas, manteniendo un equilibrio justo en su evaluación. Sin embargo, no es ese equilibrio el que observo en la “hagiografía” con las que Arturo López acostumbra a exaltar a los próceres independentistas y sus motivaciones, en términos muy similares a los que usan sus colegas que el llamaría de derechas.

Charla con un “cespedólogo”

López Levy ha vuelto a la carga con una entrevista en dos partes, publicadas el dos de junio en su canal. En ella, se entrevista al ya mencionado Rafael Acosta de Arriba. Se trata de un historiador nacido en La Habana, casualmente en el centenario de José Martí en 1953. Acosta, cuando hablar parece no ser superar los paradigmas de un maestro de historia de nivel secundaria, para colmo habla con y novel de expresión y simpleza de lenguaje que aburre, sin embargo, posee un Doctorado en Ciencias Históricas (1998) y un Doctorado en Ciencias (2009). Actualmente, es Profesor Titular en la Universidad de las Artes (ISA) y en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, así como Investigador Titular en el Instituto de Investigaciones Culturales (ICIC) Juan Marinello. El último libro publicado por el invitado de López es el titulado «Los silencios quebrados de San Lorenzo,» que se centra en la figura del primer presidente de la República en Armas. Es sobre este libro, casi imposible de encontrar debido a las condiciones de su impresión, según narra el autor, que se desarrolla el conversatorio en los dos videos[iii].

Esta conversación intenta profundizar en la figura de Carlos Manuel de Céspedes y su papel como presidente durante el período de la Guerra de Independencia de Cuba. Rafael Acosta, ofrece su perspectiva sobre varios aspectos relacionados con la vida y el legado de Céspedes con algún que otro dato de interés.

Entre los temas discutidos se encuentran la Declaración de Independencia de la Junta Revolucionaria de Cuba, el pensamiento de Céspedes detrás de esta declaración, su papel en la en la quema de Bayamo, la dinámica política y militar durante su presidencia, incluida la Asamblea de Guáimaro y su relación conflictiva con revolucionarios como Ignacio Agramonte o Máximo Gómez, un líder militar prominente en la guerra de independencia, ex oficial del ejército español en Santo domingo que aparentemente tenía una relación ambivalente con Céspedes. A pesar de ciertas tensiones y la destitución de Gómez por parte de Céspedes, Gómez reconocía la importancia de las ideas de Céspedes, especialmente la invasión a Occidente, una estrategia clave en la lucha independentista.

Acosta de Arriba también menciona otros detalles sobre la personalidad y las acciones de Céspedes, así como su visión de Cuba como una nación independiente y “civilizada”. Luego, entrevistado y entrevistador abordan aspectos esenciales de la vida y el legado del conocido como el Padre de la Patria en Cuba, discutiendo varios temas históricos, filosóficos y éticos que giran en torno a la figura de Céspedes y su influencia en la lucha por la independencia de Cuba.

Un tema central de la conversación es lo que denominan la «pobreza fecundante,» un concepto que reflejaría la dignidad y el sacrificio consciente de Céspedes por la causa independentista. Acosta de Arriba describe cómo Céspedes, tras haber sido un señor de esclavos, aceptó con entereza su nueva condición de pobreza, priorizando la libertad sobre las comodidades materiales. Esta pobreza elegida es vista por Arturo López como una manifestación de la ética martiana del sacrificio y la autodeterminación, en sintonía con los ideales de José Martí, otro héroe cubano, que, si bien alardeaba de no tener dinero para cortarse el pelo, no le hacía mucho rechazo a sentarse en la mesa de los mejores y más caros restaurantes de su tiempo. Por supuesto de eso no se habla en el video.

La discusión también se centra en los últimos días de Céspedes en San Lorenzo, en lo profundo de la Sierra Maestra. Acosta de Arriba detalla cómo Céspedes vivió en condiciones extremadamente humildes, reflejando su compromiso y sacrificio por la independencia. Se describe el asalto final por las tropas españolas, subrayando la valentía de Céspedes al enfrentarse a sus atacantes y su negativa a rendirse, lo cual representa una de sus últimas grandes lecciones de patriotismo.

Rafael Acosta de Arriba resalta la relevancia histórica y ética de las acciones y decisiones de Carlos Manuel de Céspedes, posicionándolo no solo como un líder militar, sino también como un símbolo de integridad y sacrificio en la lucha por la independencia de Cuba. La conversación sugiere que los valores y el legado de Céspedes continúan siendo una fuente de inspiración para las generaciones actuales y futuras en su búsqueda de justicia y libertad.

Es cierto que, frente a la datología interesante, a veces se pierde la calidad de la charla, discutiendo más que hechos, imágenes retóricas, por ejemplo, especulando si Céspedes era el Padre de la Patria, o si era un proto-martiano en el sentido en que abordó las condiciones de humildad en las que terminó su vida, o si Martí era un cespedista por la obsesión que tenía por estudiar su vida. O el debate sobre si Céspedes tenía relación con el llamado catecismo mambí, toda una burla a los valores católicos de la isla y oda a el afán pirómanos y destructivo de quienes lucharon por su “emancipación”.

En mi opinión, más interesante sería abordar el paralelismo de las respectivas caídas en combate de Cépedes y Martí, cuando estaban, más o menos rechazados por los que antes habían liderado, abandonados a su suerte por sus camaradas de armas y enfrentados con sendos revólveres contra fuerzas militares de superioridad evidente. Algo que habla del poco aprecio que tenían entre sus compañeros tanto el presidente Céspedes como Martí, quien sin serlo era llamado presidente por la tropa, al margen de las declaraciones de Máximo Gómez de que mientras él viviera, Martí no sería presidente de la República.

La independencia no fue la panacea

Es crucial recalcar que el separatismo, entre 1868 y 1898, se distinguió por su carácter revolucionario. Incluso cuando, para 1895, ya existían condiciones tácitas para borrar por vías reformistas y pacíficas no solo las diferencias entre la metrópolis y su provincia de ultramar, que las había, sino, sobre todo, los males comunes que sufría la sociedad española, tanto en la metrópolis como en sus provincias de ultramar, cuya soluciones perfectamente podían haberse buscado en unida, si la necedad de  no pasaba por la dolorosa la amputación de un miembro, que hoy por hoy se está pudriendo en medio de su  ansiada “soberanía” y que a estas alturas resulta imposible de re injertar, aunque por ahí haya un grupo de reunificionistas cubanos que sueñas con el retorno a Cuba a la padre patria o la recuperación de la ciudadanía española para todos los cubanos. De un territorio, al que una vez separado habría que volver a aplicar la receta de las revoluciones para librarlo de aquella costra tenaz del coloniaje, de la que habla Rubén Martínez Villena en su «Mensaje lírico civil», poema dedicado al poeta latinoamericanista de origen peruano José Torres Vidaurre. Aclaremos que Villena aún no era miembro del partido comunista, sino uno de los fundadores del grupo Falange de Acción Cubana: el acta constitutiva fue redactada por el propio Martínez Villena. En ella se abogaba por la honestidad administrativa y el saneamiento de los poderes públicos, y elevar el nivel cultural de la población, todo bajo la frase de José Martí: “Juntarse es la palabra de orden”. Lo que ponía en evidencia que la independencia, con su alto costo en vidas, no había significado el fin de los males del país.

Ideas impuestas a la fuerza

Desde sus inicios, los partidarios del separatismo optaron por imponer sus ideas al resto de la población a través de la violencia, en lugar de buscar convencer y representar la voluntad de todos sus compatriotas en las cortes españolas.  Por eso cuando se habla de manera general de la guerra de los cubanos contra los españoles, solo se está abusando de metáforas. Es verdad que los separatistas, durante la guerra de independencia, mientras combatían a quienes no pensaban como ellos, se inventaron una república trashumante en la que jugaban a la democracia, reproduciendo en las peores condiciones todos los males y vicios del modelo político liberal, algo que como se reconoce en la charla poco ayudaba en la tarea de la guerra. Así, a los otros cubanos, frente a lo que se les imponía e los territorios de “Cuba libre” solo les quedaba la única opción de votar con las armas en la mano ante la propuesta de la independencia.  Lo hicieron crenado guerrillas y hasta pueblos fortificados que servían de contención a las invasiones de los separatistas y luego de sus aliados norteamericanos, combatiéndolo como mayor efectividad que aquellas tropas bisoñas, mal alimentadas, mal abastecidas e indefensas frente en a las enfermedades tropicales, enviadas por miles desde la península, más para evitar estallidos sociales allá que para apagar la guerra de Cuba y evitar su separación de España.

Una independencia que, para alcanzar sus objetivos y basándose en la naturaleza revolucionaria de sus promotores, estuvo lejos de cultivar rosas blancas para quienes consideraban sus enemigos. Aunque resulte políticamente incorrecto hablar de ellos, estuvieron dispuestos a todo para conseguir sus fines, desde el hundimiento económico como rezaba su catecismo con el culto a la tea, hasta el uso del terror contra sus adversarios. Esta táctica, adoptada de las revoluciones inglesa y francesa, y más tarde asumida por los bolcheviques, se empleó de manera implacable.

Ante el espanto de aquella guarra y sus métodos, es cierto que hubo individuos que abandonaron la revolución para unirse al reformismo. El ejemplo más notable fue el de Juan Bautista Spotorno Georovich (1832-1917), un criollo cubano de padres italianos, nacido en Cuba, pero educado en Italia. Spotorno fue influenciado en su juventud por los ideales del Risorgimento italiano, que culminó con la sangrienta unificación del país bajo la dirección de la casa monárquica liberal de los Saboya, liderada por el famoso condotiero y masón Garibaldi. Para quienes no tengan tiempo para leer, pero quieran conocer de manera amena lo que aquellas hazañas, apoyadas por la flota británica, significaron para Italia, solo tienen que ver la serie «Briganti» (Brigantes), una producción italiana de 2024 incluida en la programación de Netflix, aparentemente por un fallo en su sistema censor.

Nuestro cubano-italiano, al estallar la Guerra de los Diez Años en 1868, se unió a las fuerzas insurgentes, aportando los conocimientos militares adquiridos durante la invasión piamontesa contra el Reino de las Dos Sicilias. Alcanzó la presidencia interina de la República en Armas de Cuba en 1875-1876. Durante su breve mandato, Spotorno emitió el célebre «decreto bolivariano», conocido en Cuba como el decreto que lleva su apellido, por el cual se condenaba a muerte a cualquier emisario que propusiera la paz sin incluir la secesión de España. Así de abiertos al diálogo eran los revolucionarios cubanos de entonces. La evolución de este revolucionario radical resulta intrigante. Desencantado con lo que fue la «revolución del 68» en Cuba, ingresa al Partido Autonomista. Cuando estalló la revolución del 95, en un contexto político muy diferente, el expresidente mambí se entrevistó con Bartolomé Masó, intentando devolverlo a la legalidad, lo que casi le costó la aplicación del decreto que él mismo había promulgado en su etapa revolucionaria.

¿Cuán “nacionales” eran los independentistas?

Este cuasi extranjero de Spotorno, tenía al menos en su favor el que había nacido en Trinidad, pero ese no fue el caso de muchos de sus camaradas, incluso dentro de la oficialidad separatista que se entregaron con alegría a la obra de destruir vidas y haciendas en una tierra que no les pertenecían, anticipando lo que en el siglo posterior haría otro “internacionalista” conocido como El Che Guevara. Así otro elemento que cuestiona la naturaleza eminentemente patriótica del proceso o sus raíces en el mentado surgimiento de una metafísica identidad cubana es la participación en los alzamientos de personas no nacidas en Cuba. Desde esclavos africanos o culíes chinos importados para cortar caña, que consideraron preferible degollar soldados o guerrilleros al servicio del integrismo, muchos de ellos cubanos, hasta una lista interminable de eslavos, nórdicos y hasta norteamericanos como los generales Thomas Jordan y Henry Reeve. Por tanto, la injerencia extranjera fue un factor crucial en ese proceso.

Una vez desmembrada Hispanoamérica en republiquitas separadas, también podrían ser considerados extranjeros los descendientes de aquellos que en su momento podrían haber sido, si no conciudadanos, al menos co-súbditos de una misma corona. Por ello, habría que considerar como parte de esta intervención a Máximo Gómez y al resto de insurrectos procedentes de países como Santo Domingo, Colombia, Venezuela, México, Perú y Chile. Además, para enfatizar el carácter de guerra civil más que de independencia nacional, contamos del lado independentista con seguidores que aún eran súbditos españoles, como los rebeldes nacidos en Puerto Rico o incluso en la península, quienes muchas veces, y no siempre por ideales, se unieron a las filas independentistas. Sin duda alguna una de las grandes canteras para la captación de estos extranjeros fueron esas ligias masónicas internacionales, en las mismas que se cocinaba la idea de naciones con las cuales desmembrar cualquier imperio salvo el británico.

Céspedes y sus circunstancias

Es fundamental recordar que, a pesar de lo que Céspedes afirmaba en sus notas citadas en la Charla de López Levi con el biógrafo del independentista, Cuba ya formaba parte de una nación grande y civilizada, con estándares de vida superiores a los de muchas naciones europeas y norteamericanas. Y esto, un hombre de mundo como era el llamado Padre de la Patria lo debería conocer muy bien.

En este sentido, la verdadera patria era la hispanidad. Sin embargo, esta verdad fue negada de manera dogmática por los agitadores del separatismo, influenciados y adoctrinados desde el principio por logias masónicas mayoritariamente bajo la influencia de la casa real británica, con breves períodos en los que el bonapartismo intentó imponer la influencia francesa, al menos en un sector de la masonería continental europea. Desde entonces, ha persistido la ilusión, especialmente en el mundo hispanohablante, de que la «francmasonería» sirve a Francia y no a Inglaterra. Esta concepción se fortalece con la connotación de la palabra «francmasonería», derivada de «franco» (o «franc» en francés), que se refiere a las personas libres en contraposición a los siervos, y «masonería», que alude al gremio de albañiles y constructores de piedra.

Resulta llamativo cómo la masonería en América hispana siempre ha reivindicado su papel en las independencias, mientras que sus hermanos españoles, y particularmente los académicos, lo niegan, incluso llegando a poner en duda la filiación masónica de figuras como José Martí.  A quien nunca se la ha negado es al propio Céspedes, quien parece haberse iniciado en España, para luego de vuelta a Cuba sumarse a la logia «Estrella Tropical número 19» en 1867, cuyo líder era Francisco Vicente Aguilera. La logia y sus miembros, principalmente terratenientes comprometidos con la independencia, jugaban un papel crucial en la preparación ideológica y práctica de la revolución contra España. Céspedes fue Venerable Maestro de la logia «Buena Fe» en Manzanillo, y creó la logia «Independencia» en 1870.

Aunque el tema parece no haberse estudiado el movimiento independentista cubano, y en general la política en la isla debió haber recibido la repercusión de los grandes conflictos que tenían lugar en la península, de los pronunciamientos liberales, de las guerras carlistas – algunos de los cuales conspiraron en Cuba contra los regímenes liberales, negándose a servir contra los separatistas una vez que fueron derrotados en el España- de los absurdo enfrentamientos cantonales donde no faltaron pronunciamientos en favor de la anexión a Estados Unidos como los que podía escucharse en Cuba sobre todo al inicio de la guerra de los 10 años. Un aspecto que la historiografía oficial cubana, ya sea liberal o marxista, evita sistemáticamente. Un buen ejemplo lo tenemos en lo poco que se nos habla de los efectos de aquellos eventos en el accionar político del llamado padre de la patria.

Carlos Manuel de Céspedes, que en algún momento de su vida debió haber sido un ferviente patriota cubano español y por tanto comprometido en sentido amplio con los destinos de su pueblo, se vio envuelto en la Revolución Española de 1843, un turbulento episodio político y social en España a mediados del siglo XIX. Su participación en este levantamiento lo obligó a exiliarse en Francia. La Revolución Española de 1843, de la que nunca se nos habla en nuestras clases de historia. Y eso que Marx escribió sobre ella en un artículo que envió al New York Herald Tribune, pero que no fue publicado. De cualquier modo, fue un evento significativo que comenzó en julio de aquel año con un pronunciamiento militar en Barcelona que derrocó al regente Baldomero Espartero. Este movimiento rápidamente se extendió a otras ciudades como Madrid, Valencia, Zaragoza y Sevilla, donde se formaron juntas revolucionarias. Los rebeldes buscaban poner fin a la regencia de Espartero, restaurar a la reina Isabel II en el trono y convocar elecciones. Los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los insurrectos fueron intensos, resultando en numerosas bajas en ambos bandos. En octubre de 1843, el gobierno de Espartero colapsó y la reina Isabel II fue restaurada, poniendo fin a la revolución.

Más adelante, Céspedes se vio influenciado, aunque de manera más indirecta por otro pronunciamiento militar: la llamada Revolución Gloriosa de 1868 en España. La Revolución Gloriosa de 1868 fue un levantamiento liberal y antimonárquico que derrocó a la reina Isabel II y puso fin a su monarquía en España. El movimiento comenzó en septiembre de 1868 con un pronunciamiento militar en Cádiz, liderado por el general Juan Prim y otros oficiales, y rápidamente se extendió por todo el país, recibiendo el apoyo de juntas revolucionarias populares y liberales exiliados. Los insurgentes tenían como objetivos derrocar a Isabel II, acabar con el dominio de la Unión Liberal y convocar elecciones a Cortes Constituyentes. Durante la revolución, hubo intensos enfrentamientos entre las fuerzas leales a la corona y los rebeldes, resultando en numerosas bajas en ambos bandos. Sin embargo, en septiembre de 1868, Isabel II abdicó y huyó al exilio, marcando el triunfo de la Revolución Gloriosa. Este éxito permitió establecer un gobierno provisional bajo la dirección de Prim, quien convocó elecciones y comenzó a redactar una nueva Constitución más liberal.

La Revolución Gloriosa no solo logró su objetivo inmediato de derrocar a Isabel II, sino que también sentó las bases para una monarquía más limitada. El periodo de gobierno provisional liderado por Prim significó un cambio significativo en el sistema político del país, encaminándolo hacia una estructura más liberal y democrática en el sentido burgués, como dirían los marxistas. Este movimiento liberal fue impulsado por juntas revolucionarias populares y un grupo de oficiales y políticos españoles exiliados en Europa, como el general Juan Prim. Estos actores recibieron apoyo financiero de hacendados criollos cubanos que buscaban asegurar sus intereses en una España más liberal y antimonárquica. Simultáneamente, el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes se levantó en Cuba, liberando a sus esclavos y llamándolos a luchar por la independencia de la isla. Céspedes actuó anticipándose a los posibles resultados de la Revolución Gloriosa, temiendo que, si el nuevo gobierno liberal en España otorgaba reformas a las colonias, la separación se vería postergada.

De alguna manera, podría entenderse como paradoja que frente a la pacífica revolución española, aquella misma de la que nace una república que termina excarcelando a Martí y permite que continúe estudios en la península, y para la cual el apóstol de la independencia no encontraba mejor respuesta que jalar las orejas, no tanto por la lentitud de su extensión a la parte cubana del reino,  sino porque creía que el país debería dar su brazo a  torcer frente a los que por la vía de una guerra quería separarla de una de sus zonas más prosperas y cultivadas; Cuba, Martí lo hará en su famoso panfleto «La república española ante la revolución cubana», donde con verbo altisonante defiende el derecho de la isla Cuba a la independencia, e incluso a su levantamiento en armas, sin cuestionar por un momento la naturaleza fratricida y destructiva para la república a la que ahora pertenecía su patria chica, de este levantamiento que justificaba a la luz de la libertad de expresión que el nuevo régimen le otorgaba. A ver dónde encontramos algo similar en estos tiempos. Lo cierto es que ni Martí, ni ninguno de los que en ese momento compartía sus ideas, se ponían a pensar que los cruentos alzamientos por la independencia en Cuba, por el desgaste que significaban para el nuevo régimen, funcionaron como una suerte de “contrarrevolución” en términos eminentemente políticos.

Conclusiones

No se trata de reemplazar el Caribe centrismo que afecta a nuestros historiadores por el antiguo eurocentrismo, igualmente pernicioso. Se trata de estudiar un sistema transatlántico cuya dinámica y evolución real no se comprenden si nos centramos únicamente en una parte. Además, hay que entender que este sistema, para 1868 y desde mucho antes ya estaba siendo alienado desde adentro y gracias a esa caballería de Troya que es el liberalismo, por la ideología del autodesprecio y la adoración de modelos extranjeros, particularmente anglosajones, lo que mina sus propios los valores y principios de unidad.

Por otra parte, a pesar de los intentos de nuestros teóricos tercermundistas o postcoloniales de encasillarlo, el movimiento armado en Cuba por la separación de España jamás mostró un verdadero espíritu anticolonialista en sentido universal. Esto se demuestra en que no buscó cooperar con otros pueblos no completamente hispanizados que también luchaban contra el dominio español, como los marroquíes.  En este aspecto los activistas musulmanes que hace poco envolvieron un busto de Martí con una kufiya, el pañuelo que representa la lucha de los musulmanes palestinos contra el Estado de Israel, amén de la provocación del exilio, hicieron un acto sin el menor fundamento histórico.

La desconexión de los mambises también existió con los filipinos, aunque en menor sentido. Al parecer hubo algún intercambio de propaganda antiespañola por la vía de las logias. Estos hispanos asiáticos, especialmente con su resistencia al invasor estadounidense, evidenciaron por contraste el falso patriotismo de los líderes cubanos del independentismo, quienes no solo no se opusieron al gobierno interventor, sino que contribuyeron a la creación de la guardia rural, es decir, al ejército cipayo encargado de reprimir cualquier resistencia bajo el pretexto de bandolerismo.

Es lamentable que nadie nos habla de todo esto, que no haya académicos, tanto en Miami como en La Habana, con la valentía de romper con los sesgos y las leyendas que aquejan por igual los aparentemente opuestos discursos sobre la historia de Cuba.

Referencias


[i] https://youtu.be/H-wIc8kwsFM?si=eWhG2ljNT9TbU9Rk

[ii] https://youtu.be/DkH52ZbVspU?si=OsnnnL4lfB8cwjmX

[iii] Cespedes, revolucionario y presidente: Con Rafael Acosta de Arriba. (youtube.com)  y https://youtu.be/LbUKAfWwuvU?si=8repFqkfMViqKfkL

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