El auge de las MIPYMES cubanas ¿Camino hacia la democracia?

Por Carlos Manuel Estefanía

A finales de septiembre, se generó un profundo debate dentro de la comunidad cubana opositora radicada en el exterior, en particular en sus redes sociales. La discusión se originó a raíz de la llegada a Miami de unos 70 empresarios del sector no estatal de Cuba. Eran los flamantes pequeños burgueses desovados por el particular socialismo de la isla conocidos técnicamente como «líderes de micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES)». Este encuentro tuvo lugar en lo que solía llamarse la «Capital del exilio cubano», aunque hoy en día es más bien un epicentro de emigración económica y apolítica. Durante este evento, los representantes del neocapitalismo en ascenso en el régimen de Díaz-Canel se reunieron con funcionarios estadounidenses, empresarios y políticos cubanoamericanos, algunos de los cuales habían sido activistas anticastristas en el pasado. Esto refleja la evolución de nuestro mundo en la actualidad.

En Miami, los empresarios cubanos mantuvieron reuniones con abogados de Akerman LLP y funcionarios de alto rango del Departamento de Estado, el Tesoro y el Comercio de los Estados Unidos. El propósito de estas reuniones fue abordar las regulaciones que permitirán a las empresas estadounidenses exportar al sector privado cubano, a pesar del embargo.

El notable interés generado en Estados Unidos por este grupo de empresarios no debería sorprender. Tampoco que en una reciente entrevista el propio Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez haya respaldado esa suerte de Nueva Política Económica cubana, rechazando las críticas que lo acusan de ser neoliberal. Lo hizo al ser entrevistado por la periodista Arleen Rodríguez Derivet el 12 de octubre de 2023. En la entrevista el gobernante cubano sostuvo que, en su situación, fomentar el desarrollo de pequeñas empresas es la única solución viable. Esto pone de manifiesto la falta de ideas por parte de los comunistas cubanos, quienes no han podido reemplazar el control burocrático que ha llevado a la ruina total de la economía por un sistema en el que los trabajadores tengan un papel más relevante y se beneficien de poner fin a décadas de despilfarro e irracionalidad económica. Por supuesto un control de la población sobre su economía implicaría el barrido de una dirección estatal inefectiva, que solo ha traído la ruina y eso el poder cubano lo adivina.

El viaje de estos empresarios tuvo el propósito de demostrar que sus empresas no son una fachada del Gobierno cubano, sino que pueden contribuir significativamente a la economía del país. Sin embargo, ambas visiones, la de ser realmente una fachada y la de mejorar la economía no son mutuamente excluyentes. Por lo que parece, la Administración de Joe Biden, con un apoyo bipartidista, tiene la intención de respaldar al empresariado no estatal cubano a través de medidas que aliviarán las restricciones económicas impuestas a Cuba. Aunque esto no augura una normalización inmediata entre las dos naciones, representa un paso en esa dirección.

En medio de estos acontecimientos, vale la pena reflexionar sobre la erradicación de las pequeñas y medianas empresas en Cuba, especialmente considerando que países como Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia, que mantuvieron formas de propiedad similares, no tuvieron que sacrificarlas en sus respectivas transiciones al «socialismo», iniciadas antes que la de Cuba. Además, se debe recordar el papel crucial que desempeñan las PYMES en el desarrollo económico y la creación de empleo, algo de gran importancia para un país como Cuba, donde aproximadamente 4.6 millones de personas en edad laboral están sin trabajo.

La evolución de las PYMES cubanas se puede dividir en varios períodos. El primero abarca toda la etapa de la nación desde su desocupación por Estados Unidos en 1902 hasta el ascenso de Fidel Castro en 1959, es decir su etapa “capitalista”.

Luego viene la transición a la economía centralizada que va paulatinamente desde 1960 hasta 1968, año en que Castro lanza la llamada “ofensiva revolucionaria”. Con ella completa las grandes nacionalizaciones de principios del proceso, estatalizando prácticamente toda las pequeñas y medianas empresas urbanas, convirtiendo a la población en una suerte de rehén laboral del estado, cerrando con esto cualquier posibilidad de apoyo material o logístico a la subversión armada o a cualquier otro tipo de resistencia organizada contra el muevo régimen.

Luego tenemos el periplo que va desde 1968 hasta 1992, caracterizado por una estatización casi total de la economía. En su etapa final, a partir de la implosión del socialismo real, tenemos lo que el propio gobierno denominaría como el “período especial”, momento marcado por una austeridad material extrema para la población cubana.

A partir de 1993 tenemos uno de los puntos de inflexión positivos. La rehabilitación de las actividades económicas por cuenta propia en ese año era la respuesta a la crisis generada a los pocos años de haber finalizado el suministro de materias primas y subsidios que llegaban a Cuba desde los países socialistas, particularmente de la entonces extinta URSS.

La medida llegaba un tanto tardíamente; no fue capaz de impedir el estallido social conocido como el Maleconazo y la llamada Crisis de los balseros de 1994, en la que más de 35.000 cubanos se vieron obligados a emigrar en masa hacia Estados Unidos. Lo hicieron por vía marítima y en endebles balsas, muchos nunca llegaron.

Este proceso de liberalización económica se profundizó hasta incluir la aparición de microempresas como los «Paladares» (restaurantes familiares), que podrían expandirse y convertirse en PYMES con los incentivos adecuados, algo que facilitó la política de acercamiento a Cuba e incentivación del turismo norteamericano a la isla promovida por la administración de Obama.

A finales de enero de 2023, se habían aprobado 6,704 nuevas cooperativas no agropecuarias y micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) como parte de la estrategia para revitalizar la economía cubana. Esto marcó un cambio notable en comparación con la política económica ortodoxa seguida por Fidel Castro durante sus casi cincuenta años en el poder, hasta su renuncia a la presidencia de Cuba en febrero de 2008.

En la actualidad, los sectores más representados por las MIPYMES cubanas incluyen la producción y comercialización de alimentos, la actividad manufacturera y la industria de materiales de construcción. Un 62% de los nuevos actores se concentran en la región occidental de Cuba, con un 40% en la capital, La Habana. Aunque el 34% de las MIPYMES y cooperativas no agropecuarias están vinculadas a la producción o comercialización de alimentos, solo el 15% las elabora o produce. El 45% brinda servicios. De los más de 6,000 actores aprobados, solo 42 exportan, lo que señala un gran potencial de desarrollo en esta área. Se estima que las MIPYMES aprobadas generarán alrededor de 180,000 nuevos empleos.

Estas MIPYMES pueden ser de propiedad privada o estatal y pueden ser solicitadas por ciudadanos cubanos o entidades estatales preexistentes. Las solicitudes se realizan principalmente de manera digital a través de la Plataforma de Actores Económicos del Ministerio de Economía y Planificación. Una vez aprobadas, se procede a abrir una cuenta de depósito a la vista en una entidad bancaria, y los socios fundadores aportan capital social, ya sea en efectivo o mediante transferencias bancarias.

Todo parece fácil pero no es así. Por ejemplo, no hay regulación para una situación de insolvencia de la MIPYME, lo que podría generar problemas para los socios de la empresa. Además, persisten insatisfacciones respecto a temas como la negativa a arrendar locales estatales ociosos, la inexistencia de empresas privadas o estatales que brinden servicios de contabilidad y la falta de acompañamiento y superación para los nuevos empresarios en cuanto a normas cubanas de contabilidad y control interno.

Muchos emprendedores enfrentan dificultades para crecer debido a la burocracia y a desafíos como la escasez de capital y materias primas en el país. Paradójicamente, estos mismos factores han llevado a la decadencia de las grandes empresas estatales, frenando su potencial productivo antes de que pudieran prosperar plenamente.

Vistas desde el exterior, el mayor obstáculo para hacer negocios en Cuba y por tanto favorecer a las MYPIMES desde el extranjero, continúa siendo el propio estado cubano, ese mismo que ahora afirma que la prosperidad en Cuba dependerá en gran medida del sector privado, y por supuesto de que “el enemigo histórico”; Estados Unidos, apoye el crecimiento de este sector.

Por otro lado, no es sorprendente la relación entre la burocracia estatal y las nuevas empresas independientes, ya que muchas MIPYMES han sido creadas por altos funcionarios, sus parientes o sus amigos. La fidelidad política del nuevo empresariado queda así garantizada, esto por no hablar del miedo internalizado en cualquiera de estos emprendedores tras décadas de disciplinamiento totalitario. A pesar de ello, este cambio hacia un modelo más orientado al sector privado podría considerarse como un paso hacia la participación de la sociedad civil en la economía nacional, a un cierto mejoramiento de las condiciones de vida de la población con la ampliación del mercado laboral, el mejoramiento de la calidad y la mayor variedad de servicios que se le ofrecen, aunque no necesariamente garantice un aumento de la democracia. Ejemplos como China y Vietnam desafían la creencia de que la pequeña empresa en sí misma fomente cualquier forma de apertura política.

En resumen, el auge de las empresas privadas en Cuba representa un giro del modelo hacia menos socialismo, aunque el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y “Presidente” de la República lo niegue. Por supuesto lo que no significa un camino hacia la democratización del país. En el mejor de los casos, si el régimen no da un bandazo de esos a los que nos tiene acostumbrado, lo que traería la NEP “diaz-canelista”, será una reducción de la penuria material del pueblo, algo es algo. Aunque, para ser honestos, también alargaría la vida del régimen cubano, reconozcámoslo.

Fuentes:

  1. Entrevista concedida por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, a la periodista Arleen Rodríguez Derivet, en el Palacio de la Revolución, el 12 de octubre de 2023, “Año 65 de la Revolución”. Cubadebate
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