Por Compañera Risitas

Mis puntos de vista siempre son extraños. Nunca me fijo detenidamente en la textualidad de la narrativa. Los textos para mí constituyen pretextos para indagar en los temperamentos de los autores. Y este, como muchos otros, es un autor resueltamente temperamental, crítico y acucioso.
Se mueve primero en él la idea, la cual después florece el texto y la narrativa. Su isla tabú, no es solamente una expresión metafórica (una imagen en sí misma) sino también resultado de la experiencia emocional-empírica vivida. O sea, la vida acumulada, donde crece conocimiento, donde descubre la pausa y la desconexión respecto al discurso lineal y oficial.
Un manojo de microrelatos conforma los vacíos, las nadas temporales, cuya circularidad y desvío nos permiten entender muchas cosas furtivas de la realidad cubana. Ernesto Olivera es más que un narrador, su narrativa contiene el pulso de la emoción y el pensamiento mismo. Una tradición que se remonta a los inigualables impulsos narrativos de Lino Novas Calvo.
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