Domocracia vs, democracia

Por Anja Wehler

La creciente polarización amenaza la libertad de expresión. Declaraciones como estas se escuchan actualmente con frecuencia en muchas democracias occidentales. El término polarización se refiere en particular al distanciamiento creciente entre posiciones políticas.

La democracia debería prosperar como una forma discursiva de gobierno, como una «competencia de ideas» en cierta medida, a partir de la diversidad de opiniones. El hecho de que posiciones diferentes, incluso contrarias, estén representadas en nuestra sociedad, por lo tanto, no es motivo de preocupación. Más aún lo es la forma en que se llevan a cabo estas diferencias de opinión y de qué tratan algunas de ellas.

Ya está claro que en una «democracia» debe haber líneas rojas. El requisito previo fundamental para la democracia como sistema de decisiones mayoritarias, es el «acuerdo sobre lo imposible». En la democracia no debe haber tolerancia para el fomento del odio, para la difusión del discurso de odio inhumano. «Nada se adapta mejor a la abolición de la democracia que la democracia», resume Peter Sloterdijk su vulnerabilidad. Cualquiera que intente socavar el orden básico democrático libre debe enfrentar resistencia.

A medida que las redes sociales ganaron impulso a mediados de la década de 2000, muchos las vieron como una gran oportunidad para fortalecer la democracia en todo el mundo. Otros, en cambio, los vieron como presagios del inicio del declive de la democracia. Hoy resulta que ambos bandos tenían razón en ciertos aspectos. Las redes sociales han ampliado y facilitado enormemente el acceso al conocimiento, los debates y las oportunidades de participación.

Han revolucionado la movilización política, para bien o para mal.

Si bien se han convertido en una plataforma importante para el compromiso, especialmente entre los jóvenes, también se utilizan para difundir mensajes de odio y relatos de conspiración. Lo que solía ser una charla en la mesa de los clientes habituales se está amplificando y ahora se puede percibir y difundir por todo el mundo.

El anonimato de la red ha aumentado la brutalización comunicativa que se ha extendido en los últimos años, incluso fuera de las redes sociales. Quienes piensan diferente ya no son percibidos ni respetados como tales. Se convierte en el enemigo a combatir. Los ataques e insultos personales reemplazan la discusión argumentativa del contenido. En una encuesta de More in Common de 2021, más de dos tercios de los encuestados dijeron que percibían el debate público como cada vez más odioso. Y al menos el 42 por ciento tiene la sensación de que no puede expresar su opinión libremente en absoluto.

La agresividad en el debate público ciertamente no es una novedad, ya era deplorada en la antigüedad. Hoy, sin embargo, el alcance de las redes sociales y la posibilidad del anonimato están alimentando la expansión exponencial de este fenómeno. Los estudios han demostrado que las publicaciones que contienen mensajes morales o emocionales tienden a resonar más. Cualquiera que argumente puramente basado en hechos tendrá más dificultades para ser escuchado. Sin embargo, es precisamente la forma en que tratamos las diferencias de opinión y los conflictos de intereses lo que es decisivo para la calidad de la cultura política en nuestros países, como bien lo describe Wolfgang Thierse.

Para empeorar las cosas, las redes sociales agudizan deliberadamente nuestra percepción selectiva. Con el objetivo de captar nuestra atención y lealtad, los algoritmos seleccionan contenido para nosotros que es similar a nuestros intereses y puntos de vista perceptibles. Se nos alienta a percibir solo lo que está sucediendo en nuestro entorno ideológico, en nuestra «cámara de eco», nuestra «burbuja de filtro». Emergen mundos paralelos en cuanto a contenido y política que hacen peligrar el discurso público. Sería tan simple: Una opinión diferente que cuestiona y enriquece la propia posición está siempre a un clic de ratón en Internet. Sin embargo, la tendencia a vivir en la burbuja del filtro ideológico no se limita a las redes sociales. También se está extendiendo en la vida «analógica». Cada vez tendemos más a rodearnos de personas piensan como nosotros. En los Estados Unidos, este fenómeno se conoce comoautoclasificación, es decir, como autoclasificación en grupos cada vez más homogéneos.

En sus consejos sobre cómo usar las redes sociales de manera saludable, el grupo de expertos estadounidense Center for Humane Technology recomienda seguir conscientemente a las personas con opiniones diferentes y mantener la mente abierta. Después de todo, la tendencia a aislarse en grupos de personas de ideas afines representa una grave amenaza para la democracia. La disminución de la tolerancia hacia quienes piensan diferente es veneno para las disputas democráticas. La capacidad de los ciudadanos para «sufrir» otras opiniones –eso sí, dentro del espectro democrático– es esencial para que la democracia sobreviva.

Tendemos a rodearnos de personas que piensan como nosotros. En los EE. UU., este fenómeno se conoce como autoclasificación, es decir, autoclasificación en grupos cada vez más homogéneos.

Muy pocos desafíos políticos tienen soluciones fáciles. Las complejas cuestiones de nuestro tiempo -el diseño de una política climática apoyada por el mayor número de personas posible, que se ocupe de China y Rusia, el compromiso con la justicia social, por citar sólo algunas- no pueden responderse según un esquema en blanco y negro. Requieren un examen en profundidad de diferentes perspectivas y argumentos.

Así que discutamos. Busquemos conscientemente otras opiniones y lidiemos con ellas. Celebremos el discurso democrático. Los medios de comunicación fuertes y de calidad son esenciales para esto, a nivel nacional y local. El hecho de que ahora los mensajes puedan dar la vuelta al mundo en segundos es, sin duda, un paso adelante. Sin embargo, la información rápida no puede reemplazar los antecedentes y el análisis.

Como plataforma de debate, el IPG-Journal desea contribuir a garantizar que se escuchen diversas opiniones nacionales y extranjeras en la discusión de temas de actualidad en la política europea e internacional. Prestamos especial atención a la publicación de voces sobre países y temas que de otro modo reciben menos atención en el panorama de los medios alemanes.

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