Del «Realismo Socialista» al «Realismo popular» de la literatura

Por José Modesto Darcourt

En la literatura cubana actual los años no pasan por gusto. El realismo en la literatura se ha trasformado, y sigue siendo realismo, pero ahora con un nuevo carácter, el popular. Para entender esta transfiguración, habría que abstenerse al concepto de Midcult, acuñado en los años sesenta por Dwight Macdonald y Umberto Eco. Lo que cuenta ahora no es la forma, sino el contenido. La observación inicial es, al igual que el Estilo Internacional en la arquitectura, un Realismo Popular de la narración se ha convertido en un modelo global de éxito en condiciones de economía de mercado. Otra cuestión es el Realismo metafísico, del cual Tony Montana escribió un excelente texto, pero que aquí no vamos a comentar.

 En la actualidad, conforma casi todo el espectro de nuestras formas narrativas, desde los thrillers de poca monta y las novelas policíacas hasta la literatura fantástica y la corriente principal del mercado de libros de lujo, pasando por las obras «con pretensiones», premiadas y de gran prestigio internacional. Sus cualidades son: 1- la ausencia de peculiaridades lingüísticas nacionales, que simplifican enormemente la traducción entre países, 2- la ausencia de peculiaridades conceptuales, que atraen a diferentes medios y, por tanto, a un público amplio, 3- la ausencia de fronteras entre la literatura adulta y la juvenil y 4- la transmedialidad, su fácil traslado a otros medios, como el cine, la tele o los videojuegos.

Por lo tanto, en el realismo popular se encuentran una y otra vez tendencias criticables de medio culto, pero en ningún caso en todas partes. En su forma original, pretenden participar en la alta cultura «clásica». A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en las artes plásticas, donde los precios elevados pueden ser alcanzados por un pequeño número de coleccionistas con poder adquisitivo, el éxito en la literatura significa grandes tiradas y, por tanto, realmente una amplia demanda entre la población, una apreciación democrática, por así decirlo, como también se refleja en las críticas de los clientes en Amazon.

Su enorme éxito ya demuestra que sabe exactamente lo que hace y, por tanto, consigue exactamente lo que pretende y lo que espera su público. Lo que hace que este texto se pueda leer de forma rápida, amena y sin estancamiento es precisamente lo gastado, lo tópico, lo ya mil veces probado de sus giros lingüísticos, las situaciones y los sentimientos convocados. Al leerlo, uno entiende inmediatamente todo y siente curiosidad por el curso posterior de la historia, que está prefigurada: ¿Qué hará su brutal marido cuando se entere del nuevo chico? ¿Y qué hará el nuevo cuando descubra el vídeo sexual que ella le oculta jineteando en la Habana babilonia?

   A la inversa, también hay que admitir que detenerse en los detalles lingüísticos no merece la pena en este caso. La primera frase, con su triple construcción «después», sigue pareciendo retóricamente ambiciosa y quizás también señala un poco: «¡Mira, soy un texto literario! Pero luego se vuelve rápidamente aburrido a nivel lingüístico. «Lean una vez despacio, lean toda una novela de Zola», escribe Roland Barthes en El placer del texto, «y el libro se les caerá de las manos», de aburrimiento. Los numerosos lectores que disfrutan de los textos del escritor de Mantilla leen rápidamente, devoran sus novelas, y para eso están escritas.

La comparación de la orina con la remolacha apenas se refiere al tubérculo en sí, si no a la orina coloreada después de comerla, y lo que sale a borbotones no es lo mismo que lo que desapareció el hombre, a menos que haya sido aspirado por la regadera. La frase con los dos amantes debería estar en tiempo pluscuamperfecto. ¿Y cómo puede haber realmente sexo loco sin problemas con alguien cuyo cuerpo está cubierto de moratones? Hay algo que no funciona. Pero también sería injusto juzgar las novelas negras en este nivel: sus cualidades residen en otro lugar.

Cuando se habla de realismo en el sentido de proceso literario, se trata precisamente de eso, de una textura, de una forma literaria de hacer las cosas (el revisor de Amazon HD diría: un estilo) que se hace invisible, por así decirlo, y nos transporta en la lectura directamente al nivel que aquí importa: el de la historia. No tenemos que lidiar con el nivel de signos de la novela, las letras, las palabras y las expresiones; están elegidas de tal manera que ni siquiera las notamos.

Al leer, nos encontramos directamente en el mundo narrado, estamos cerca de los personajes y de sus sentimientos y pensamientos y podemos identificarnos con ellos. La supuesta cercanía a la realidad de la prosa es un efecto de su estilo más pegadizo. Cuando la plantilla, que se ha probado en el lenguaje cotidiano, también abre en gran medida el texto, se percibe como realista. Sabemos que el hombre que desapareció en ella tiene dos orejas y un pene, aunque en ninguna parte del texto se menciona explícitamente. Y también creemos saber de alguna manera lo que es el sexo loco, aunque la novela diga realmente poco al respecto.

La idea de realismo se refiere, por tanto, explícitamente a la forma de hacer los textos y no a su contenido. Las historias de fantasmas y las novelas de ciencia ficción y fantasía contienen cosas que pueden no ocurrir en nuestra realidad (fantasmas, vampiros, androides, dragones, magia). Pero siguen siendo narrados de forma realista, de hecho, tienen que serlo, porque únicamente sobre la base de un mundo textual completamente comprensible, familiar y «natural» conseguimos percibir lo sobrenatural como tal. «Lo real hace verosímil lo imposible», explica el exitoso autor manigüero de Mantillas.

El realismo en este sentido permite una lectura fácil y rápida y, por tanto, es una condición básica para la literatura popular. Las novelas realistas son, por así decirlo, aptas para los reclutas. Sin embargo, esto no significa que toda la literatura narrada de forma realista sea popular. El realismo, tal y como lo definimos aquí, no se limita en absoluto al puro entretenimiento y a la literatura de superventas. Por el contrario, el método realista es tan habitual en las novelas de hoy en día que resulta casi difícil imaginar cualquier otra forma de prosa narrativa.

 Para tener al menos una idea de que esta técnica literaria, tan extendida incluso en las novelas de éxito, no carece en absoluto de alternativas, quizá sirva de ayuda echar un breve vistazo a una a las novelas del modernismo clásico. Mi tesis es que este realismo popular cubiche es la forma dominante de nuestra literatura narrativa actual, así como a nivel internacional, una especie de estilo internacional de narración contemporánea que también caracteriza a la alta literatura, es decir, la literatura que -a diferencia de los thrillers- es reseñada en los feuilletons y gana premios literarios.

 Por supuesto, sigue habiendo novelas en el extremo radical del espectro que son formalmente muy complejas y difíciles, pero la mayoría de nosotros ni siquiera llegamos a conocer esos libros porque no nos los recomiendan amigos y conocidos, porque no están en las listas de finalistas de nuestros premios del libro, porque no hay muchos ejemplares en las librerías y porque, en general, no se corresponden con nuestro comportamiento habitual de lectura de novelas.

Pero escribir para las masas no significa necesariamente sacrificar la calidad literaria. Algunos autores demuestran que el realismo popular literariamente sofisticado es bastante factible: entretenimiento ligero y atractivo estético.

Sin embargo, para concluir con este enrevesado texto, no todo el midcult es igual. Esto se aplica a su desarrollo en el tiempo. Se ilustra con precisión con lo que debe llamarse la desintegración cronológica. Una reunión de expertos literarios pudo dan cuenta de que lo que podemos observar, es un cambio del antiguo midcult, del realismo socialista, al popular que consistía en participar en la alta cultura, a un nuevo tipo de juego en el que el foco está en que se afirmen las propias preocupaciones y convicciones éticas. Esta nueva forma de literatura podría clasificarse básicamente como diversa, inclusiva, a diferencia de la literatura clásica, que era más conservadora e ideológicamente a la defensa del socialismo real.

Continuará…

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