DEBATE TRUMP-BIDEN Y LA GUERRA PROXY DE UCRANIA A SU FIN

Por Antonio Ramos Zúñiga

Sin duda, el primer debate de anoche en CNN lo ganó el expresidente Donald Trump sobre un senil incongruente presidente Joe Biden, aseguran los medios, incluyendo los de izquierda. Como es costumbre, no faltaron los ataques personales y las medias verdades y mentiras entre ambos, algo secular en el show político estadounidense y de las buenas cosas que meritan a la democracia, porque al menos da la oportunidad al votante de conocer quién es quién, aunque hace tiempo no parece que la tendencia sea votar por el más cuerdo y virtuoso.

       De los temas expuestos en el debate, el que me llamó la atención fue cuando Trump culpó a Biden de gobierno o estado fallido. De inmediato, Biden replicó enfático y varias veces que Estados Unidos es la primera potencia del mundo, el mejor ejército, bla, bla, y defendió los elevados gastos de la guerra de Ucrania, argumentando la amenaza de Putin y la posible tercera guerra mundial que había que evitar… Bueno, afirmar que Estados Unidos es una gran potencia nadie lo niega, pero Biden lo dijo soberbio, cesáreo, con tono de jefe global guerrerista o emperador Biden y es probable que se lo crea.  EE.UU. sigue siendo la primera potencia económica y militar del mundo, pero ya no es la única, China le pisa los talones, Rusia nunca ha dejado de ser el gran enemigo poderoso y atómico,  la India de Modi continúa en ascenso, Irán y Corea del Norte podrían ser las próximas amenazas nucleares. 

       Trump, por su parte, ha decidio apostar por apartarse del conflicto ucraniano, por considerarlo costoso, sangriendo y negativo para Estados Unidos, y es probable que inculque una negociación de paz, si llega a ser presidente. Claro que no le será fácil, porque la Unión Europea y la OTAN están aprovechando el conflicto para activar la defensa estratégica en su frontera europea con el Este, a la par que se beneficia de la industria de armamentos. Para los analistas, la guerra, que comenzó en 2022, podría ser dilatada y muy costosa, pero que termine con una derrota militar rusa y la pérdida de los territorios conquistados, no suena realista. Entonces, ¿Por qué Biden se inclina por la guerra?

¿Por qué Biden se inclina a la guerra?

Políticos y analistas dan estas respuestas: Estados Unidos se aprovecha de la guerra para sacar ventajas geopolíticas o “guerra proxy”, como afirmara Leon Panetta, director de la CIA durante el gobierno de Obama, lo cual implicaría más aliados dependientes, se reforzaría la primacía de la OTAN, y habría más influencia en la economía europea, al desvincularse esta de Rusia, proceso ya comenzado que podría propiciar la caída de la dictadura de Putin o del renacido imperio ruso, estima la prensa.

       En otro enfoque, Biden no querría el fin de la guerra para evitar un escándalo debido a sus oscuras relaciones y de su hijo con Ucrania. Biden también sostiene que la invasión rusa debe tomarse en serio, considerándola la primera de futuras invasiones, de ahí lo necesario de la militarización, es decir, Si vis pacen, para bellum, si quieres la paz, prepárate para la guerra, aunque ya esta es un hecho. Para los opinadores radicales, Rusia quedaría exhausta con la guerra y propensa a un cambio de régimen hacia la democracia, y no faltan las teorías conspirativas acerca de que el objetivo ruso es dominar el mundo en compañía de China y que Ucrania ha sido elegida para probar la nueva generación de armas secretas de Estados Unidos en el campo de batalla, esto también es parte de la “guerra proxy”.

       Si bien se comprende que una Europa fuerte militarmente contendría el avance ruso, no existen pruebas de que Rusia se proponga una invasión a gran escala, como lo hizo Hitler, a menos que quiera suicidarse en una guerra atómica de misiles. Se oculta, por ejemplo, que hay más pérdidas del lado ucraniano y que Rusia ha superado el boicot de Occidente, estrechando su relación con China, Irán, Corea del Norte, Cuba y otros países. Biden puede tener razón cuando declara que Ucrania debe ser ayudada, pero también debería buscar el modo de acabar la destrucción, en lugar de provocar una escalada rusa. Si ganara la reelección, tal vez lo haga, pero ahora utiliza la guerra para favorecer su ego de hombre fuerte en su campaña política. Además, con Biden Estados Unidos no gana esa guerra, porque se agotarían los fondos y los estadounidenses, que prefieren vivir en paz, sin inflación y sin guerra, marcharían ante la Casa Blanca, como en los tiempos de Johnson y Nixon.

       Trump, por el contrario, aplica el realismo que se requiere en estos casos, que es la propuesta pactada de paz, como lo hizo en su presidencia, y si gana en noviembre podría conseguirlo y se acabaría la guerra. Sea el oportunista Biden o Trump, como gestores, Ucrania en el 2025 no tendría más remedio que negociar su nueva etapa histórica, con la pérdida de territorios en el Dombás y alguna compensación decorosa por daños. Una OTAN más fuerte en la frontera eslava y Rusia mejor posicionada frente al enemigo, sería el resultado del nuevo mapa geoestratégico europeo. Este escenario, por supuesto, no excluye que Rusia siga elucubrando sus planes expansionistas. El choque de civilizaciones y el mundo de los grandes bloques o potencias de dominio territorial, augurado por Orwell, es el Nuevo Orden global que se está gestando, con sus guerras frías y guerras proxy, por ahora.

Nota sobre la guerra proxy

Se le llama proxy war (guerra proxy), subsidiaria o por encargo, al conflicto armado donde dos o más potencias utilizan a terceros países para enfrentar a un enemigo sin involucrarse en forma directa en la batalla. Fue un tipo de guerra frecuente en la Guerra Fría. Rusia, por ejemplo, acusa a la OTAN de haber iniciado una guerra de este tipo en Ucrania. Pero la verdad es que Rusia fue el detonante de la guerra al invadir a Ucrania, promoviendo así una guerra de liberación por parte de los ucranianos, quienes han sido respaldados por Estados Unidos, Europa y otros países. Una guerra proxy es la guerra de Irán contra Israel, en la cual Irán utiliza a Hamas y otros grupos terroristas en el frente de batalla. En 1976, Cuba envió sus soldados proxy o mercenarios internacionalistas carne de cañón al frente militar africano para pelear por los intereses soviéticos contra Estados Unidos. Hoy en día, mercenarios cubanos combaten en Ucrania entre las tropas rusas.

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