De mí y de la creación: suma y reflejo» (sobre «El concepto y sentido de la vida», el libro perdido de José Martí)

Por Manuel Vazquez Portal

Ángel Callejas de Velázquez ha escrito un libro hermoso y sangrante. Quizás susceptible de mejoras de edición y estructura metodológica, pero sustentado por una base teórica sólida. Para escribirlo, ha de haber hallado antes respuestas para él mismo, respuestas necesarias para adentrarse en las respuestas que José Martí buscó durante toda su vida. El Maestro, como símbolo místico de elevación, se veía a sí mismo como suma y reflejo de la Creación (creación divina, por eso con mayúscula) y aspiraba a un estado superior de la espiritualidad, el Homagno. No sabemos si lo encontró o no en Dos Ríos, porque esa parte de la vida sigue siendo incognoscible aun para “los vivos que a vivir no tienen miedo” y “vienen de todas partes y hacia todas partes van”.

Callejas de Velázquez encontró sus respuestas —a lo Friedrich Nietzsche— por acumulación teórica y reflexión pausada; hay en él un arsenal académico que se lo propicia. Pero en su libro expone las respuestas que el Apóstol fue hallando por acumulación de ascensión espiritual a través de señales que el propio Martí diseminó a lo largo de sus 42 años en este mundo. No me pregunten de otros mundos. Aunque Martí sí creía en ellos, yo personalmente aún chapaleo en las aguas de las dudas.

Callejas de Velázquez toma como referentes tres textos fundamentales de Martí para razonar sobre las aspiraciones espirituales y del “mejoramiento humano” del Maestro: Abdala, Prólogo al poema El Niágara de Antonio Pérez Bonalde y el Diario de Montecristi a Dos Ríos. Aunque hurga también en los Cuadernos de Apuntes, el Epistolario y algunos poemas y ensayos. Concuerda y refuta reflexiones de otros autores (José Lezama Lima, Jorge Mañach, Ezequiel Martínez Estrada, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Gabriel Cartaya, Pablo Manuel Guadarrama, Rafael Rojas, entre otros) que se han acercado a la vida y obra de Martí. Las concordancias o discrepancias que apunta con estos autores son matizaciones académicas que buscan con una visión propia las sutilezas del entorno total martiano, y lo analoga con Cristo y Ralph Waldo Emerson, para probar su hipótesis de la totalidad vista como Conciencia humana que se entroncaría con la Conciencia universal: “Pez que en ave y corcel y hombre se torna”.

Según el propio Callejas de Velázquez, “el objetivo de este libro, si es que tiene alguno, es intentar hacer comprensible esa totalidad trascendental martiana: la unidad entre el despertar y la acción, que es la revolución en acción, y entre el sueño fértil y la acción revolucionaria en su forma más auténtica de religiosidad, ética y moral humana”. Por lo que define a Martí como un místico, no como un trascendentalista.

Para Callejas de Velázquez, la ascensión espiritual martiana recorre tres estadios sobresalientes: el hombre arrogante (dormido y atado a una conciencia colectiva impuesta por normas externas), el hombre gallardo (en vigilia, aún atado a normativas externas, pero dispuesto a despertar e iniciar la búsqueda de la conciencia individual que lo conducirá a la conciencia universal) y el hombre magno (despierto, ya en fusión con la totalidad, con conciencia de universalidad y en acción liberadora). “La noche bella no deja dormir”.

Me gustaría ahondar más sobre el libro El concepto y el sentido de la vida, El libro perdido de José Martí escrito por Ángel Callejas de Velázquez, pero no quiero aguarles la fiesta. Además de las indagaciones sobre Martí, el libro nos permite una recapitulación agradable de la historia de la filosofía que tan apetecible se hace en tiempos de distopía. Solo les recomendaría que lean este libro y, luego de haberlo hecho, vuelvan a leer Yugo y Estrella, Homagno y los Versos Sencillos, y se les harán evidentes algunas de las claves que brinda Callejas de Velázquez para una mejor comprensión del Martí que todos llamamos nuestro y pocos reconocemos a cabalidad.

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