Cuba y el «contra sí»

Por Galán Madruga

En el anhelo de desentrañar las complejidades inherentes a la psique colectiva del pueblo cubano, surge una pregunta de resonancia inquietante: ¿Por qué no culmina el pueblo cubano en una unificación contundente en su lucha contra el castrismo? Esta interrogante, cargada de profundas implicaciones sociopolíticas, invita a una reflexión meticulosa.

En un primer plano, cabe reconocer que, históricamente, la unidad del pueblo cubano encontró su máxima expresión bajo el estandarte del castrismo. Fue esta ideología la que, en sus albores, consiguió amalgamar las diversas corrientes de pensamiento y sentimientos de la nación en un solo cauce. El cubano, en aquel entonces, se encontraba ideológicamente unido, no por una coincidencia espontánea, sino como resultado de un fervor colectivo hacia el castrismo.

No obstante, se hace imperativo explorar la existencia de una dinámica más oscura y compleja, intrínseca al carácter cubano: la sociología del contra sí. Este concepto, magistralmente delineado por Joel James, hace alusión a una tendencia autodestructiva, una división interna que permea tanto a los individuos como a la estructura política y cultural del país. Esta herencia, arraigada en los tiempos de la Colonia y la República, persiste en la actualidad, manifestándose en un patrón de creación seguido inmediatamente por destrucción. Lo que se construye, se desmorona casi con la misma celeridad.

Este fenómeno no es meramente anecdótico, sino que encarna una de las paradojas más desafiantes de la realidad cubana. Hoy, Cuba se halla sumergida en una nueva fase de inestabilidad y división interna, un contra sí que parece repetirse cíclicamente. Para superar esta fase, se requiere de un cambio radical, no solo en las estructuras políticas y económicas, sino fundamentalmente en la mentalidad colectiva.

Al emplear la categoría contra sí, se busca iluminar un punto ciego en la praxis de oposición al régimen totalitario cubano. Se plantea así un desafío mayor: el de reconocer y transformar estas dinámicas internas que, en última instancia, han frenado la unificación del pueblo en su lucha por la libertad y el cambio social. En este contexto, la reflexión sobre la identidad cubana y su predisposición hacia la fragmentación interna no es solo pertinente, sino crucial para entender las raíces de su lucha contemporánea y forjar un camino hacia un futuro más esperanzador.

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