Cuando el zar conmutó la pena de muerte

Por Ramón Echavarría Yate

Fyodor Dostoyevsky, entonces de 28 años y miembro de un primer círculo socialista en el que –a diferencia de los socialistas de hoy– se soñaba con despojar a los siervos de su estado, es decir, liberarlos de su esclavitud decretada por el zar.

Fueron arrestados antes de que Dostoyevsky pudiera terminar su novela «Noches Blancas» porque el Ministerio del Interior del Zar había colocado un delator en su lugar. Un tribunal militar lo condenó a muerte a él y a otros 13 miembros del círculo por simplemente asistir a las reuniones y por escribir una carta a Gogol atacando la religión, la servidumbre y el zar.

Stefan Zweig describe la escena líricamente en su libro «Momentos estelares de la humanidad: Catorce miniaturas históricas» de la siguiente manera:

En el momento cuando lo ataron a la estaca y le pusieron el vendaje delante de los ojos, toda su vida pasa por el alma de Dostoievski una vez más:

Infancia, pálido, perdido y gris,

Padre y madre, hermano, esposa,

Tres pepitas de amistad, dos copas de lujuria

Un sueño de fama, un manojo de vergüenza.

Luego, un grito del oficial interrumpe el repiqueteo de los tambores. Da un paso adelante con un papel blanco parpadeante en la mano y lee un decreto aprobado por el zar, según el cual la pena de muerte se conmuta por trabajos forzados y prisión. El zar Nicolás incluso había reducido a mano la sentencia de ocho años propuesta por sus funcionarios: «Por cuatro años. Entonces soldado raso».

El indulto se concedió antes de que se organizara el simulacro de ejecución. Lo único que importaba era que los socialistas debían ser intimidados de la manera más sostenible posible. El joven escritor cumplió su condena a 3.000 kilómetros de distancia, en Siberia.

Debido a que las obras antes del espectáculo de la ejecución son mucho más insignificantes que las que escribió Dostoyevsky en el exilio y después de su regreso, el 22 de diciembre de 1849 se considera el cumpleaños real del escritor mundial Fyodor Dostoyevsky. Ciertamente, jugó un papel en su alejamiento del socialismo hacia el cristianismo de carácter místico ruso.

Así lo describe Stefan Zweig, «primero deja que Dostoyevsky vea el techo de una iglesia radiante con luz divina cuando le quitan el vendaje. Luego, aun en la hoguera, sufre un ataque epiléptico. Al despertar con espuma blanca en la boca, se da cuenta/ Que en ese segundo/ Él era ese otro/ Que estuvo en la cruz hace mil años/ Y que él, como Él,/ Desde aquel beso ardiente de la muerte/ Por la vida de sufrimiento debe amar. La risa amarilla de Karamazov cuelga de sus labios».

Sin embargo, pasaron todavía 16 años antes de que escribiera la primera de sus grandes novelas, Crimen y castigo, y 27 años antes de que se escribiera la obra sobre los hermanos, cuya risa Zweig le atribuyó ya en 1849.

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