Represión cuba 11 julio 2021

Represión cuba 11 julio 2021

Crónica de una chispa cubana, las protestas del 11 de Julio en Cuba y la liberación posible

 

Por Antonio Ramos Zúñiga

Ellos mandan hoy, ¡porque tú obedeces!
Albert Camus

¿Qué mensaje se puede sacar de las manifestaciones del 11 de Julio de 2021 cuando miles de cubanos se tiraron a la calle por todo el país a gritar y expresar su hastío y rechazo al sistema castrista, sin miedo? 

No fue una comuna de París, ni una toma de la Bastilla, aunque pudo serlo, tampoco fue un bochinche de los marginados negros cubanos como deducen ciertos “intelectuales” filocastristas para banalizar con tinte racial el fenómeno. Sí hubo un ajiaco de razas metidos en la barahúnda pero clamando por lo que han perdido: Patria y Vida. Hay muchas teorías, algunas apestosas. Se dice que la seguridad del estado montó un circo, quién sabe, que fue otro capítulo de la tragicomedia nacional, esto suena a teatro del absurdo, reiría si el problema no fuera tan serio. Un intelectual orgánico de la izquierda cubanoide, muy al estilo de las auras tiñosas, de los tantos que hay regados por la diáspora, conceptuó las protestas de “lumpen proletario” al servicio del imperialismo, por lo visto Lenin sigue vivo. 

Poshombre nuevo y catarsis

Lo que sí puede afirmarse es que las protestas fueron una catarsis de la enfermedad cubana, un episodio contra Moloch y la salación que se padece sin cura a la vista. Personas que han estado sumergidas por tanto tiempo en la inercia, la mierda cotidiana, las necesidades materiales y la cultura comunista totalitaria no aguantaron más y dieron la cara; se tiraron a las calles los de abajo y muy abajo, la gente del montón, los barrios paupérrimos, el intelectual, el profesional, la barbacoa, el poshombre nuevo, el gusano, el disidente, los comunistas desencantados, la mayoría silenciosa, un hormiguero de jóvenes. “Tenemos que sacudir las cosas”, dijo un joven manifestante (New York Times, 14 de noviembre, 2021). Lo que sucedió y por fin sucedió fue más que todo una rebelión de la pobreza, un motín de los sin poder y de las nuevas generaciones, hechos, no alardes, la olla de presión del drama cubano había explotado. Muchos soñamos entonces con primaveras de Praga y caídas de muros de Berlín. Pero mientras la prensa mundial le daba bastante cámara a las protestas y sus pancartas rebeldes, la incomunicación y la represalia en Cuba frenaban el desbordamiento. ¿Qué habría pasado de tener los cubanos celulares y acceso masivo a Internet como es normal en otros países? 

¿Quién prendió la chispa y movilizó a tanta gente? 

De que fueron manifestaciones espontáneas, es lógico… Unos pocos acordaron escapar del ángel exterminador y quejarse de su mala vida en plena calle; está el antecedente del maleconazo de 1994. El movimiento Patria y Vida (o Archipiélago) parece que tuvo que ver; se había hecho sentir en un año de mucha represión contra los artistas contestatarios que se expresaban muy críticos acerca la pésima situación del país. Si se miran sus demandas, Patria y Vida es una plataforma plural de vindicación civil, integrada por jóvenes intelectuales, artistas, profesionales y otros, que pasaron por alto el antagonismo político directo, a la manera de UNPACU, por tal de ganar consideración y audiencia en el gobierno, un poco a la manera comedida de la Sociedad Civil, los grupos de derechos humanos y el Movimiento Cristiano Liberación, aunque en este caso había el embrión de una alternancia política que se radicalizaba y tiene un mártir, Oswaldo Payá. 

Tal vez los cerebros del movimiento creyeron en una posible brecha de comunicación civilizada para promover una nueva era de tolerancia y apertura, de socialismo humanista o algo así, o de capitalismo-comunismo a lo China, nuevas formas de vida más relajadas, tal vez creyeron que Cuba es Europa del Este, etc. Un gran sueño, muy posmoderno todo, con algo de locosofía patafísica, a lo Arrabal. No hay un manejo ideológico claro en los mensajes que publicitaron, a no ser una especie de idealismo ingenuo, una visión de izquierda democrática primaria, un enfoque de convivencia y diálogo con el sistema sobre una base plural. Algunas figuras conocidas no ortodoxas de la cultura cubana les apoyaron. En temas como el levantamiento del “bloqueo” norteamericano a Cuba (no le llaman embargo) había coincidencia con el castrismo. Nos obstante, la consigna de Patria y Vida debía sonarle al régimen como una tercera posición cuasi subversiva, rebelión en la granja, diversionismo ideológico. Patria y Vida es lo opuesto de Patria o Muerte, la divisa guerrillera y machista favorita de Fidel, Raúl y sus sucesores. El régimen, por supuesto, solo esperaba la oportunidad para socavar el nuevo ensayo, encarceló a los radicales, hasta que llegó el remolino de las protestas, la gente gritando ¡abajo el comunismo! inundando las calles (11 de julio de 2021).

¿Cuándo se ha visto que la granja se rebela?

El “presidente” de dedo Díaz Canel debió llevarse un susto. ¿Cuándo se ha visto que la granja se rebela? Calificó las protestas de desorden ilegal fabricadas por el imperialismo yanqui (el cuento de siempre). En algo tiene razón, en Cuba comunista toda protesta cívica, civil y pacífica contra el sistema es ilegal y punible, vas a la cárcel si te sales del carril y punto. Echó la culpa a Trump de los males del país (como siempre acusando a otros de lo mal que gobiernan). Males que duran más de sesenta años (falta de libertad, de comida, economía fallida, gobernación totalitaria, devastación material y espiritual). Acusó a los manifestantes de contrarrevolucionarios, antisociales, delincuentes y gusanos, ah, y de terroristas (porque alguien quemó un carro). ¿Qué vio en ellos? No a manifestantes pacíficos, sino a la masa alzada que creía domesticada. Masa sin miedo. No tener miedo es el peor de los peligros para el sistema, como lo era para la mentalidad estalinista y nazi. Díaz Canel, en vez de promover el entendimiento civilizado, llamó a la intolerancia (así está escrito en la teoría revolucionaria, desde Marx y Lenin, Stalin, Mao, Marcuse, Fidel, el Che, Chávez, Maduro, sin intolerancia no habría paraíso comunista). 

Por eso, los acontecimientos se desenvolvieron a la manera castrista: avispas negras contra ovejas negras, terror, razzia, porrazos, arrestos, actos de repudio, persecuciones, la policía militar controló las calles, las turbas pro régimen blandían bates de béisbol y cabillas, fueron bloqueados los hogares de los principales activistas, muchos participantes han sido condenados a prisión para largo (típico de la “justicia” castrista), los que se atrevieron a desafiarlos pasaron a las listas negras (método que aplican por más de medio siglo). El régimen también apeló a la contra propaganda en gran escala, tratando de justificar sus injustificables actos de violencia contra personas muy pobres y pacíficas, jóvenes, mujeres, ancianos y aunque le respaldó un enorme operativo mediático de la izquierda internacional, también Maduro, China y el presidente de México López Obrador apostaron por el Gran Hermano cubano, aún así su propaganda no pudo evitar la condena del mundo, las imágenes que se veían decían más que mil mentiras castristas. 

El apagón de las protestas y su teatro

El apagón de las protestas. Tan pronto se llenaron las calles de fuerzas especiales del ejército y turbas antimotines, las protestas se desvanecieron, pero solo fue una tregua. Una nueva jornada de protestas fue convocada para el 15 de Noviembre (15-N), con el mundo entero atento a lo que pasaría: ¿una solución Perestroika o un Tiannamen chino? Al fin un abierto mensaje de rebeldía de los cubanos de a pie ponía a Cuba en el foco del interés internacional, con críticas muy negativas contra el castrismo. Los cubanos exiliados se juntaron en varios países para apoyar el nuevo curso de la liberación de la patria. En medio de estas expectativas, llegó la fecha y nada pasó. Pero el silencio de las calles repletas de militares hostiles no fue una victoria para el régimen, hasta que en pocas horas sucedió algo impensable y surrealista (una mosca en la boca de Dalí), uno de las voces vanguardias de las protestas la cagó: el joven dramaturgo Yunior García Aguilera se retiró del campo de batalla, tomó un avión con permiso de la dictadura y se largó a España, abandonando miserablemente a sus seguidores. 

Le llaman, al tal Yunior, el “muñecón” que traicionó los ideales del movimiento Patria y Vida. (Yunior, Y, generación Y, la de Yoani, no es tan viejo ni tan joven, generación aclimatada en el castrismo, pero no tan domesticada). Lo llaman ingenuo, oportunista, cobardón, autor de “la gran cagada”, su mejor obra de teatro, lógicamente se le percibe como agente gratis del castrismo o como rufián de las antinomias, el posmoderno izquierdista que se rajó cuando había que tener los timbales de Gandhi, no le faltan abogados del diablo, uno de ellos dijo: hay que entender al muchacho, como muchos nacidos con Castro pisotear el honor no es inmoral, sino un medio, un escape existencialista, la cosa es sobrevivir en la balsa de la Medusa, no poner el muerto, etc. Se dice de él con razón que fue el hombre que salvó al castrismo en momentos en que el mundo tomaba partido directo en su contra, le dio este argumento a los victimarios: La victoria es nuestra, la calle es de los revolucionarios, Patria o Muerte. Sin duda, el protagonismo de Yunior lo puso en primera plana, la propaganda se encargó de darle un relieve que no tiene, ni como artista ni como rebelde. Ni siquiera como antiheroico. Ya lo hemos visto, los lidercillos de pacotilla sobran. Los gigantes, los Martí, los de la honda de David, los intelectuales de barricada se han ido extinguiendo. Por supuesto, el tal Yúnior es demasiado supino para ser gigante. 

Lo que viene, más allá de las metafísicas

Son las protestas, no los personalismos, lo que importa, por muchos muñecones que haya. Las protestas como cauce de la nueva Cuba que no es la de 1959, ni la de 1989, sino la del segundo milenio, la de nuevas generaciones posmodernas que deben refundar los antiguos sueños con los nuevos retos, más allá de las metafísicas, en medio de realidades muy duras y exilios. Los jóvenes que salieron a protestar deben estar pensando, no en resignarse, sino en cómo ser más provocativos para quitarse de encima la maquinaria kafkiana y el policía totalitario que les comprimen el espacio sin permitirles respirar libres. Saben que la revolución no existe y que la única revolución posible es la del porvenir, la de curar a su país, la necesaria ascesis. Ni una generación perdida más. Los verdaderos líderes democráticos están ahí esperando el momento de portar el fuego de los sin poder, el momento de Prometeo, de la rebelión de Atlas, como lo están los lobos de la nueva clase que querrán reciclar la dictadura y ser millonarios a costa de las masas. Es lo que viene, no sé cuánto dolor traerá el próximo parto cubano. Habrá muchas más protestas, más aguerridas, con toda seguridad, y más locura y dureza, pero ya el miedo se acabó, fin del ángel exterminador, fin de la parálisis, sin miedo todo es posible. Y por mucho que el castrismo pretenda eternizarse, apelando a la porra o al gatopardo, los giros de la historia son insospechados, hasta los diablos se vuelven polvo. La verdadera guerra de liberación de Cuba está por comenzar. 


Para el futuro o para el pasado, para la época cuando pensar sea libre,
y los hombres sean diferentes unos de otros y no vivan solitarios.
Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho:
Desde esta época de uniformidad, desde este tiempo de soledad, desde esta
época del Gran Hermano, la época del doblepensar.
Saludos.

Diario de Winston
1984, de George Orwell

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