Corral humano vs. globalismo y globalización

Por Pancho Majagua

Existe, desde luego, el proceso natural de la «globalización». Nadie se opone a su existencia. La globalización es resultado de la condición técnica, del progreso. Hasta nuestros días, la «globalización» va por cuatro etapas. La primera etapa surgió con los antiguos cosmólogos, astrólogos, en Grecia y otras partes del mundo.  La globalización cósmica se dio gracias a la necesidad de un mapamundi esférico para orientarse en el mundo. El cielo trazó el impulso a los habitantes de abajo para establecer las medidas y as pesas de todas las cosas.

La segunda etapa surge con la navegación, el comercio trasatlántico, el mercado comercial capitalista. El descubrimiento del nuevo mundo. La transculturación emerge como un fenómeno de gran escala.

La tercera etapa surge con la entrada del capital a través de la circulación terrestre a gran escala, la creación del mercado interior, el ferrocarril, conquista y comunica nuevos espacios (luego vendrá la navegación moderna, los cargueros, la aeronáutica).

La cuarta etapa surge con los «medias», el teléfono, la televisión y, recientemente, el internet. Todas las formas y etapas de la «globalización» poseen el mismo rol universal: la circulación y comunicación del capital en imágenes y cosas a larga distancias.

 Ahora bien, qué los diferencia del «globalismo», las razones son de índoles ideológicas, sumisión y poder. El «globalismo» impondrá cuya misión es irreversible el nuevo totalitarismo mundial, apoyándose en la naturaleza de la «globalización».

Pero el hombre ni vive en la «globalización» ni en el «globalismo». El hombre es un ser que vive su existencia en la «cercanía». El «corral humano» no es global, posee una ruta definida, va de la casa al trabajo, de la casa al mercado, de la casa a la escuela, de la casa a la vida cultural inmediata. Si esta «forma de vida» del corralito humano en la «cercanía» es suplantada por la globalización, el hombre dejará de ser Homo sapiens. De ahí que el hombre siga aferrándose inconscientemente al «nacionalcapitalismo». En este sentido, la existencia del hombre sigue siendo pagana.

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