Condena de un mujeriego. El arte de ajustarnos a la ideología de género (parte I)

Por Carlos M. Estefanía

Video donde Fernando Bécquer habla de la trova como su herramienta de seducción

Maldita, mami, tú eres una maldita

Maldito, yo también soy un maldito

Oye a ti te tengo to’a engancha’

Yo le di por la papaya con maldad

Y quieres que te diga la verdad

Ella también me la dio con maldad

Soy negro, soy feo

Pero soy tu asesino

No es la cara ni el cuerpo ma’

Es mi palón divino

Texto del músico “repartero” Yosvanis Arismin Sierra Hernández, más conocido por su nombre artístico de Chocolate Mc. En los momentos en que se redacta esta nota, Chocolate estaba preso en Estados Unidos por la denuncia de una mujer.

El Estornudo se lleva la medalla

La revista digital El Estornudo al fin se ha salido con la suya. La condena del cantautor Fernando Daniel Bécquer Cifuentes, concede a la publicación el mérito de haber colado el primer gol del emergente, aunque un tanto desfazado, movimiento Metoo cubano.

La consagración de este éxito tuvo lugar el miércoles 19 de octubre pasado. Ocurrió al darse a conocer la sentencia del trovador y santero cubano Fernando Bécquer.

Es algo que ha tenido repercusión a nivel internacional, tanto en medios afines, neutrales u opuestos al gobierno cubano. Es lo nunca visto en un caso de delito sexual de los tantos que se dan en la isla, muchas veces contra niños.

El personaje en cuestión había sido puesto en la picota pública por un artículo publicado en la revista, el 8 de diciembre del 2021, lo que trajo como reacción en cadena que terminara siendo acusado por más de 30 mujeres de haberlas abusado sexualmente.

Pocas veces en la historia del régimen cubano se había constado tal nivel de concatenación entre lo que publicaba un medio independiente y el funcionamiento del sistema judicial establecido, el cual habría condenado ese miércoles al artista, una pena de cinco años de privación de libertad, pero sin régimen de internamiento. Esto es algo que, para muchos de sus detractores, me refiero a las leyes cubanas, resulta demasiado poco. Así es en particular para la plataforma ultra feminista Yositecreo.

Y no es para menos, dada esa imagen de mezcla de Casanova y Sade criollo, que del artista nos han ofrecido, siguiendo la senda trazada por El Estornudo, la mayoría de los medios e influenciadores en redes, incluido, algún que otro oficialista, que llevan meses comentando el caso.

Para muchos de estos comentaristas, tal desencanto nace de la interpretación de la condena. La ven como una suerte de condescendencia del régimen con uno de los suyos y piden más.  Es algo que no perdonan muchos, unos como lógica consecuencia de su fe en lo que han leído; aquellas por su fundamentalismo feministas; otros por raigal anticastrismo. También podría haber unos terceros, quizás. Los que lo hacen por razones inconfesables como las del racismo o la envidia. Por lo imperdonable que para ellos resulta que un tipo no muy bien parecido, desdentado, gordo, y para colmo de un origen étnico subvalorado, usando sus “malas artes”, se haya llevado a la cama tantas mujeres, y no precisamente estúpidas, viejas o feas. Más de las que, muchos de los que lo condenan, tendrán en toda su vida.

Al parecer, los críticos del veredicto preferirían haber visto encerrar al sentenciado en una cárcel cubana y de ser posible, que allí pagara sus culpas, siendo violado (que no seducido con artes mágicas o musicales) por sus compañeros de celda. Esto es algo que por cierto ocurre día a día en cualquier centro de internamiento bajo amparo del estado convertido en el nuevo paladín de la mujer oprimida) no solo el de Cuba, sino de cualquier país del mundo, sin el menor escándalo mediático.

Un buen ejemplo de este enfoque implacable lo tenemos en el caso del tratamiento dado al proceso contra Rafael Bécquer por el influncer Juan Juan Almeida.

En su programa titulado: “La salud de Raúl Castro genera más incertidumbre en la cúpula castrista que el apagón en la calle”, emitido en directo el 20 de octubre de 2022, Almeida calificó al condenado de “monstruo” y “violador”. Lo hizo sin el menor ambages, recordando que al cantante:

“le impuso [el régimen] una sanción de cinco años de privación de libertad o mejor dicho de cinco años de trabajo correccional con internamiento y quiero aclarar eso; porque no es lo mismo que te metan cinco años preso en una jaula a que te metan cinco años con trabajo correccional con internamiento. Eso quiere decir que posiblemente cumpla su condena en un sistema de granja no en jaula como los otros presos…”

Almeida teme, además, que Bécquer salga antes de tiempo por buen comportamiento.

Muchas veces he utilizado como fuente las informaciones y análisis que hace Juan Juan en su programa. Sin embargo, en esta ocasión me llama la atención la preponderancia de lo emotivo. Se trata aquí de un espacio como el suyo, donde suele verse racismo o chivo expiatorio, seguramente con razón, cada vez que un hombre de piel oscura, como la de Bécquer, es castigado en Cuba. Sin embargo, ahora, Almeida no hace la menor alusión a un posible ensañamiento contra el acusado por sus antecedentes africanos. Más bien cree que aquel puede haber ablandado a los jueces con su acto de fe en la justicia “revolucionaría”.

Para colmo, el Youtuber, remata lo poco que le quedaría de reputación al artista cuando se burla de una foto con el rostro de este. Lo hace comparando la imagen del hombre negro que allí se ve con un ídolo para las mujeres como sería el artista anglosajón Brad Pitt. Es como si para el fotografiado solo quedara la violación como único recurso para su comentado acceso carnal seriado.

Sin embargo, más adelante, el conductor del programa retomará el recurrente tema del racismo vigente en Cuba. Lo hará sin asociarlo con el caso que nos ocupa; aludiendo a una empresa turca, que regenta una mini termoeléctrica en Moa. Resulta que sus directivos, según fuentes en la isla, no quiere ni negros ni mujeres en su empleomanía.

Aquí sí que se indigna Almeida. Pero no le pasa por la cabeza la posibilidad de que fuera precisamente el ton oscuro de la epidermis de Bécquer, el que lo haya convertido en el conejillo de indias por excelencia para experimentar una nueva forma de ejercer las leyes cubanas, es decir adaptadas a los paradigmas propios de las ideologías de género. Un nuevo enfoque para el que de nada le sirvió, su intento de no dejar huellas de su cuerpo en las víctimas. Y es que, según las detalladas descripciones cuasi pornográficas de El Estornudo, el artista, por lo general, se cuidaba de no dejar semen dentro de las mujeres que acudían a sus citas amorosas.

Si en algún lugar el cambio de tratamiento legal al fenómeno sexual resulta evidente es en el canal de marras. Resultan innumerables las denuncias hechas allí por el mismo Juan Juan. Se trata de casos de auténticas violaciones y actos de estupro cometidos por altos cargos del régimen a los que no les ha ocurrido absolutamente nada. Veremos si ahora la cosa cambia y las violaciones, reales o inventadas, comienzan a usarse como en las luchas internas por el poder como armas arrojadizas. La mesa ya está servida.

Una tragedia de la que apenas se habla
Nadie puede negar que en Cuba existen violaciones, no solo de mujeres, sino también de hombres. Algo que no se resolverá sembrando el terror de un sexo frente al otro y mucho menos haciendo escarmentar a un pobre diablo. Esta lacra hay que combatirla de manera implacable y con la igualdad de todos ante la ley mediante. Algo que se ha perdido, no solo bajo el comunismo, sino también fuera de él.

Es una lucha para la que no tiene que haber la menor tolerancia, sobre todo cuando se trata de la forma más repugnante en la que se ejerce una sexualidad realmente mal canalizada: es decir, contra la infancia.

Según los muy conservadores datos oficiales, únicamente en 2015 se registraron en Cuba 2.274 niños víctimas de presuntos hechos de abuso sexual. De ese total, 1.189 (52,28%) fueron abusos lascivos, 454 casos de corrupción de menores (20%), 333 violaciones (14,64%) y el resto correspondió a otros tipos de abusos.

Sin embargo, jamás hemos visto la exposición pública de ninguno de los depredadores causantes de esta desgracia, ni en los medios oficiales, ni en los alternativos, parece que esto no da mucha paga. Menos se ha visto abordar a los pedófilos como se ha venido tratando en estos meses a una pinga loca de poca monta; entiéndase como tal al trovador caído en desgracia, incluso antes de ser condenado por la justicia cubana.

En el caso de Bécquer se ha hablado con mucha soltura de que es un “violador”, a pesar de que, al menos en los testimonios publicados en su contra, más allá de la manipulación religiosa con fines eróticos -nada del otro jueves dentro del sincretismo criollo y todavía no penada por la ley- no aparezca suficiente uso de la intimidación o fuerza, ni que tampoco de abuso de víctimas mentalmente enajenadas, como para calificar las operaciones de Bécquer para conseguir el acercamiento íntimo; de “violación”. Esto ateniéndonos a la ley vigente en el momento que se iniciaron las denuncias. Maña será otra cosa y no me extrañaría que hasta el piropo termine siendo catalogado de felonía como ya ocurre en otras orillas.

El Estornudo da la estocada sin que Don Juan use su espada

El Estornudo se presenta como así misma como una publicación independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba. Asegura, además, conceder derecho a réplica, la cual por cierto en el caso de Bécquer brilla por su ausencia. No hablemos ya de una entrevista donde el artista pudiera exponer sus puntos de vista sobre aquello que en ella misma se le acusaba. Lo más que puede haber es una referencia a sus palabras y las de un amigo suyo en alguno de los artículos del expediente con que se le ataca.

En esto El Estornudo se nos parece a la prensa oficial en Cuba. Más, como veremos adelante, no es esta su única coincidencia.

Continúa…

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