¿Cómo sé qué es arte? No se duerma

Por Gregorio Vigil-Escalera

El arte no es una ciencia y por lo tanto carece de patrones, reglas, procedimientos, etc., a no ser que se los imponga el propio artista. Su finalidad no es la demostración de una teoría o un método concreto con un resultado útil, aunque en alguno de sus ciclos pasados tuvieran vigencia y aplicación no muy afortunadas.

Christo Vladimirov Javacheff (1935-2020). Wrapped Reichstag, Berlin, 1971-95

El arte, pues, no tiene otra finalidad que concebirse a sí mismo progresivamente y en permanente mutación a lo largo del tiempo de cara a su conversión en un punto de referencia esencial para todo lo humano. Tanto es así que todos los conceptos sobre el mismo se han sucedido sin que ninguno haya quedado como un axioma fundamental sobre el que debe girar toda la producción artística de las sucesivas épocas.

Morris Weitz fue muy claro al respecto: «el concepto de arte es inherentemente abierto —reacio, diría yo— a cualquier intento de definición». Lo cual no puede conducir a hablar de vaciedad, falsificación, engaño, falta de validez y hasta la imposibilidad de una valoración viable de la obra. En fin, para algunos pesimistas, un proceso ineluctable que desemboca en una extinción apocalíptica. Que es lo mismo que decir que el hombre, en estos momentos, se encuentra irremediablemente desprotegido, sin recursos visuales y meando a todas horas a la luz de la luna.

Sí es cierto que el mundo del arte ha acentuado en demasía el elemento económico y mercantil, además de transformarse en un yo me lo guiso y yo me lo como, y que la crítica de arte actúa al albur de caprichos y ocurrencias en el mejor de los casos; en el peor, en las fronteras del delito (sic) (Félix Ovejero Lucas).

Fenómenos, al fin y al cabo, que se han dado, se dan y se seguirán dando en todas las esferas comunitarias, por lo que, vista su excepcionalidad, no serán impedimento para que continúe la práctica artística, siempre entre altibajos, como hizo hasta hoy, al igual que la creación estética persistirá con constantes renovaciones y rupturas, ya que la tradición, la historia, la formación, la educación de la mirada, la intuición y el talento hacen posible el reconocimiento y la valoración, con los mismos efectos para los espectadores como para los artistas, los auténticos, que jamás se han quedado atascados en el atolladero.Por consiguiente, arte y bases, arte y preceptos, arte y límites, no se compadecen, pues aquel es libertad por antonomasia y, en consecuencia, ha de arrostrar los peligros y riesgos que ésta conlleva y saber superarlos. Si lo ha llevado a cabo felizmente durante su completa trayectoria desde su origen, no hay razón para que no lo pueda solventar actualmente.

Gregorio Vigil-Escalera
De las Asociaciones Internacional, Española de Críticos de Arte (AICA/AECA/AMCA)

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