El «giro inmunológico», la Casa del Ser (Casa de la Cubanidad)

Por ACDV

Antes hablábamos del giro analítico y del giro lingüístico. Hoy se habla del giro inmunológico.

La Nación Cubana, en su esencia, encuentra su morada en la Casa del Ser. Esta expresión, inspirada en Heidegger y a su vez tomada de Nietzsche, evoca la idea de que «todo se rompe y se recompone, mientras la misma Casa del Ser se construye eternamente. Todo se despide y vuelve a saludarse, mientras el anillo del ser permanece fiel a sí mismo».

La Casa del Ser, también conocida como la Casa del lenguaje, la Casa de la domesticación, la Casa de la poesía y la Casa del cuidado de la letra, constituye una metáfora de la ontología radical. Esta metáfora describe la proporción antropológica de una «región cultural» en dependencia de un espacio de cura, un espacio donde el ser humano, en su ser-fuera-de-sí original, se extiende, se agranda y ocupa un hábitat.

Es importante destacar que esta extensión no es geográfica ni política/administrativa. La Casa no es simplemente una estructura física, sino más bien un símbolo que expresa la extensión del ser en la exterioridad.

En este sentido, podemos reflexionar sobre por qué Martí creó la sección periodística «En Casa», con el propósito de allanar el camino hacia la cura independentista. Asimismo, Lezama aceptó la expresión mística Casa del Alibi como el cosmos exterior de la existencia. Ortiz se impresionó ante el surgimiento de la Casa de la Cubanidad según su catauro de cubanismo.

A partir de todo esto, surge una pregunta que rara vez se formula: ¿qué es o cuál es la Casa de la Nación Cubana?

Hasta la fecha actual, no se ha realizado ningún estudio sobre el concepto de Casa en el campo de la literatura o las ciencias culturales. La falta de investigación en este tema puede ser atribuida a diversos factores, como la priorización de otros temas de estudio, la complejidad y amplitud del concepto de Casa, o simplemente una falta de atención hacia esta área en particular.

En cuanto a la inmunología cultural, es importante señalar que el término inmunología cultural no es un concepto ampliamente reconocido o establecido dentro del campo de las ciencias sociales o culturales. Sin embargo, existe un campo de investigación denominado inmunología cultural que se centra en el estudio de cómo las sociedades y culturas desarrollan mecanismos para proteger y preservar su identidad y valores frente a influencias externas.

La inmunología cultural puede considerarse como un enfoque teórico que se basa en la metáfora biológica de la inmunidad para comprender los procesos de adaptación cultural, resistencia al cambio cultural o defensa de la identidad cultural. Este campo de estudio explora cómo las sociedades establecen fronteras culturales, construyen sistemas de creencias y prácticas sociales, y adoptan estrategias para preservar su integridad cultural.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que la inmunología cultural todavía se encuentra en desarrollo y debate dentro de los estudios culturales y sociales, y no hay consenso universal sobre su validez o aplicabilidad.

Para una antropología del “homo immunologicus”

En los sistemas sociales (sistemas culturales), se desarrollan aparejados y yuxtapuestos, siguiendo los «lineamientos para una teoría general de las culturas» de Niklas Luhmann, sistemas inmunológicos como expansión del sistema inmunológico biológico. Si hoy se puede hablar de un «sistema cultural» para el hombre y una antropología cultural que estudie esos factores, es porque el hombre inconsciente diseña modelos de vida de «inmunidad social» a partir del contenido y estructura de la «inmunidad biológica».

El hombre, hablando culturalmente, constituye una expansión simbólica del sistema inmune biológico. Al hacer algo casi igual a la forma de vida de los organismos biológicos inmunitarios, construye formas de vida jurídicas, económicas, políticas y militares simbólicas para defenderse de los ataques de otros organismos sociales.

No es correcto afirmar que en las arenas de los combates mundiales y regionales se producen conflictos entre civilizaciones y religiones; estos conflictos demandan disputas entre sistemas de inmunidades culturales previsoras y defensivas. En la forma simbólica de la inmunidad cultural, caben citar dos subsistemas inmunitarios encargados de proteger al hombre. Primero, del «sinsentido de la vida» (o para aquellos que piensan que la vida no tiene sentido), y segundo, de cómo mantener incólume la fragilidad de la existencia humana ante el destino y la muerte.

La separación entre el sistema inmunológico biológico y cultural (naturaleza y cultura) es cuestión del pasado. La teoría habla de «base y superestructura» en términos de inmunidad y lo hace como recurso metodológico y enfoque expositivo. Aquí nada determina nada. Precisamente, la base de la inmunidad biológica sirve de soporte de simulación a la realidad de la inmunidad cultural.

Peter Sloterdijk, en un libro que marca un giro en este sentido, hace hincapié en la práctica y la ascesis de los hombres. En la teoría de la inmunidad, el hombre deja de ser bio-psico-social. El lenguaje de la inmunidad lo define y lo maneja como el hombre que, a través de ejercicios y técnicas, lucha a toda costa por estar en forma (egofitness) y que se le proteja a la vez. Cuando hablamos de práctica religiosa, hablamos de ejercicio de inmunidad.

Cuando hablamos de práctica del comercio interior, hablamos de ejercicio de inmunidad.

Cuando hablamos de práctica de la mentalidad, hablamos de ejercicio de inmunidad. Cuando hablamos de práctica política, hablamos de ejercicio de inmunidad. Cuando hablamos de práctica imaginativa, hablamos de ejercicio de inmunidad. El homo immunologicus se realiza practicando sobre sí mismo y los demás forman parte de la inmunidad cultural.

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