Cáncer: ser testigo, tercera persona

Por Augur del Tarot

–zodiaco (Cáncer), elemento (Agua), astro (Luna) —Si algo ha sido difícil de conseguir por aquellos seres nacidos dentro de los márgenes del zodiaco Cáncer es penetrar hasta el fondo del significado del signo y alcanzar su esencia última. ¿Puede el hombre convertirse en testigo de sí mismo? ¿Está el hombre preparado para separarse, tomar distancia y observar todo lo que es de inmanente a su naturaleza y cultural? Durante siglos de tradiciones culturales, el hombre ha anhelado transmutar en un testigo solemne. Pero tal y como es el hombre, por razones de existencia biológica, depende de sí mismo, obedece al yo y al ego que le son circunstanciales. Ya sea mediante la religión o el arte, el hombre ha dedicado su esfuerzo intelectual para lograr esa metamorfosis. ¿Qué gana el arte y la literatura con llegar a ser testigo? Quienes lo han probado, dicen que el arte de ser testigo magnifica la dicha y que el testigo se regocija con solo mirar de lejos transcurrir el dolor y la pereza existencial de sí mismo. Este logro, quizás el más importante de los misterios astrológicos, se ha encarnado en quienes han hecho del pensamiento y el arte un medio para expresar la disonancia entre la dicha y el dolor.

La divergencia entre la dicha y el dolor ha sido simbolizada con la imagen mítica del zodiaco Cáncer. Volvemos a los animales, a la naturaleza para representar alegóricamente la dicha, pero al mismo tiempo asumir que lo animal constituye en sí mismo el sufrimiento. El artista, el escritor, es –se maneja en el programa Astro Ascético Nietzcheneano– un animal que desea superarse así mismo. Este deseo es representado por el cangrejo, figura que observada desde el testigo refleja la lucha oculta del hombre por transcender la animalidad. El cangrejo es un animal tan perezoso como lo es el hombre, pero tiene en su condición natural un instrumento eficaz para cortar todo lo que lo ata a una vida sedentaria. El hombre de arte y literatura se encuentra en esa encrucijada: no tiene un instrumento natural para cortar los hábitos y las costumbres que lo atan a una vida rutinaria. Para ello la astrología le ha ofrecido un instrumento sobrenatural: el arte de ser un testigo.

Este es el testigo, el extradiegético de la forma, que oculta la tercera persona del singular. El narrador distante que se lee y se explica así mismo sin estar implicado. Un observador ocular que da testimonio de lo que ve sin ser afectado. Se ríe tanto de su propia teatralidad como de los demás. Para el testigo, el narrador y observador, el mundo aparece como una ilusión, un teatro de tragedia donde las reminiscencias de lo animal (el hombre luchando por transformarse en hombre) salta por doquier. Este impulso de que la vida debe ser atestiguada con indiferencia es el método para trascender el dolor. Allí puede verse, en Tercera Persona, al  testigo narrativo singular que se separa y retrocede para estar a tono al dolor humano, poética  que pone en camino, por los asideros de una literatura, llamémosla así, astroascensional. 

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Augur del Tarot: vidente famosísimo, mago, astrólogo, espiritista, teósofo. Lleva años tirando las cartas a los artistas y escritores famosos del planeta.

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