¡Cabronsón!

Por Rogelio García

Ah, «Playa Albina», ese bastión de la cultura donde un diminuto libro de 60 páginas es elevado a la categoría de reliquia literaria, un objeto de culto para los iniciados en las artes de leer entre líneas… que no dicen nada. Sí, ese libro, un titán en formato de bolsillo, ha causado una conmoción en el mundo de las letras, o al menos eso jurarían tres críticos que probablemente encuentran profundidad en las instrucciones de un microondas. Cada reseña, un despliegue pirotécnico de palabras vacías, un ejercicio de malabarismo que logra la proeza de convertir el vacío en arte. ¡Bravo!

Y luego, la inolvidable feria del libro en Miami, donde nuestro pequeño héroe de papel se enfrentó a su archienemigo: el crítico literario, ese ser despiadado que osa cuestionar el valor intrínseco de las páginas sagradas. El drama fue tal, que se convocó a la caballería literaria, tres paladines armados hasta los dientes con figuras retóricas y escudos de referencias oscuras, listos para defender a este coloso de la narrativa de cualquier opinión adversa.

El contenido del libro, por supuesto, es una obra maestra de la ambigüedad. Cuentos, mini cuentos, micro cuentos… una forma poética de decir que cuando la sustancia es escasa, lo mejor es apostar por la brevedad. Los cuentos parecen encogerse, no por falta de ideas, sino como un acto de rebeldía contra el exceso.

Y ahí están sus fervientes defensores, cada uno en un frenesí de elogios, repitiendo como loros la idea de que «Cabrón» es un libro extraordinariamente «cabroncito». Una línea digna de ser grabada en los anales de la crítica literaria, un testimonio de la capacidad humana para encontrar genialidad en la mediocridad. En el reino de las letras, a veces menos es más; otras veces, es simplemente un glorioso ejercicio de hacer mucho con muy poco… o de hacer nada con nada en absoluto.

En la fascinante contraportada de «Cabrón», se nos ofrece una sinopsis que podría ganar el Premio Nobel de la Obviedad. Aquí, los protagonistas de los minicuentos, esos pobres mártires de la narrativa, son presentados como los eternos olvidados de la literatura, excluidos con una crueldad digna de un melodrama de telenovela. ¡Oh, la humanidad!

Nos cuentan, con un dramatismo que haría llorar a un cactus, cómo esta «historia de la gente sin historia» es un concepto revolucionario, nunca antes visto en los anales de la literatura (excepto, por supuesto, en los otros diez mil libros que han tratado el mismo tema). Nos venden esta idea como si fuese la última Coca-Cola en el desierto, ignorando que es más vieja que andar a pie.

La sinopsis nos asegura, con una seriedad que casi se puede palpar, que estamos ante una obra que romperá las cadenas de esos pobres personajes marginados, liberándolos de la esclavitud de ser ignorados por esos escritores snobs que prefieren hablar de gente interesante. Porque, evidentemente, lo que el mundo literario estaba esperando era otro libro que tratase sobre la vida de Juan Nadie y su emocionante rutina.

En fin, prepárate para una experiencia literaria que promete ser tan única y original como un episodio de un reality show. «Cabrón», el libro que se atreve a contar lo que nadie más ha contado… excepto todos los demás.

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