Belkis Cuza Malé, «La buena memoria: la verdadera historia del Caso Padilla»

Por Antonio Ramos Zúñiga

¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

         Heberto Padilla, Fuera de juego

En la historia de la literatura, se encuentran los libros que cuentan historias, mientras otros son la historia misma contada. En los primeros, la hagiografía es el crimen de convertir en mito, tanto el hecho de Cristo como las revoluciones atroces y los mundos felices que tejen las Moiras; en los segundos el hilo del destino se ejemplifica en el relato de una sola vida que ha de florecer entre fulgores caóticos. La verdad, la del relato del ser y la nada, solo nos ofrece el rayo de luz que alumbrará la cueva interna, donde la resistencia a la barbarie crea la novela real de la vida, el Primer Hombre, de Camus, la primera mujer, que no es Eva, sino Clío, la musa que lleva un libro y que conoce los secretos de familia.

       En Cuba, en la década de 1970, el relato de la revolución perdida se plasmó como suculencia apologética vasalla, o como rebeldía metafórica. De ahí surge el poemario disidente Fuera de juego, de Heberto Padilla, pasado por la guillotina estalinista por decir las cosas como son: negación dialéctica (ego desencanto versus loa castroleninista). Le pasó a importantes escritores cubanos tomados de sorpresa por Moloch y la antihistoria: Lezama Lima, Cabrera Infante, Reynaldo Arenas, etc. La historia oficial ha creado una versión de los hechos, la del poeta Padilla, etiquetado canalla contrarrevolucionario. Pero la realidad fue que en aquel teatro Yo me acuso, el juicio de la autocrítica de Padilla quedó develado como un evidencia totalitaria, falso Mea Culpa; para la intelectualidad snob marxista de los sesenta-setenta, el “averno paradisíaco de los mediocres” (palabras de Nietzsche), la irrevolución, no era más que un juicio de Moscú caribeño y algunos apoyaron el desgarramiento de Padilla, condenado al exilio perpetuo junto a su mujer.

       La historia de la autocrítica de Padilla, o el “caso Padilla”, fue un suceso crucial del devenir ideológico cubano, que desintegró la narrativa de la libertad trascendental, imponiéndose la subordinación realista socialista, de creatividad fiscalizada. De esto se ha hablado mucho hasta hoy. Están los que critican a Padilla y se atreven a restar méritos a su obra, y los que ofrecen reflexiones solidarias, también aquellos que siguiendo la agenda intelectual orgánica pro UNEAC (Unión de Escritores y Artista de Cuba) o el partidismo ideológico detractor, le han declarado la guerra de la chismografía y el sofisma a Padilla y a su compañera, Belkis Cuza Malé, poeta, novelista, pintora, editora.

       Después de pensarlo por años, Belkis decidió escribir un libro objetivo y vindicador para dar respuesta a las  falsas narrativas, la negatividad, el embeleco y la mala fe, para lo cual utiliza un recurso que no falla: el testimonio personal directo y las alusiones convincentes, lo tituló La buena memoria. La verdadera historia de El caso Padilla”, especie de continuación de La mala memoria, de Heberto Padilla, en la que introduce momentos inéditos del Caso Padilla.

       Belkis vivió personalmente los hechos, desde que fueron detenidos, Heberto y ella, por la Seguridad del Estado, apoyó a Heberto durante el juicio, todo un drama, ante más de cien intelectuales, entre ellos figuras oficialistas, dobles agentes y futuros disidentes. El documental El caso Padilla, del director Pavel Giroud (2022), da  fe de todo ello. Pero el documental es tan solo una percepción parcial de toda una historia, colectiva y privada, que tiene sus entretelones y muchas angustias, incluyendo el horror de vivir bajo el asedio de los agentes encargados de hacerte sufrir, con amenazas y brujería, para que te enajenes hasta la claudicación. Heberto, empapado de sudor y actuando como un robot retórico que sabe que la auto inculpación lo salvará, es la imagen más descarnada de una víctima del totalitarismo, completamente rebajado ante la tortura que ha quebrado la conciencia, en contraste con el auditorio que no quita los ojos del hombre rebelde tronado y desublimado que perciben como karma y espejo.

       Démosle la bienvenida al libro de la guantanamera Belkis Cuza, en momentos en que más necesitamos salvaguardar los hechos reales, frente a los intentos de desfigurarlos y satanizarlos. Nadie conoce más a Heberto que Belkis, constituían una pareja en amor y poesía, fundaron una familia, se integraron juntos a la vida académica en el exilio, de ellos devino la gran revista exiliada de las letras y artes Linden Lane Magazine, creada en 1982, que actualmente se edita y circula en las universidades estadounidenses. Además de editar la revista, ella está activa en la promoción de literatura cubana entre los jóvenes cubanos y extranjeros. En las redes sociales es un atrayente imán para aquellos que buscan consejos literarios, y también, lamentablemente, para “aquellos otros” que se dedican a difundir infamias contra Heberto Padilla y los escritores anticastristas. Los que conocemos a Belkis, sabemos que es una mujer sensible, sincera, religiosa, talentosa pintora, fanática de las flores, escritora incesante, es autora de Juego de damas, libro destruido por la tiranía. Su vida como periodista se desenvolvió en la Gaceta de Cuba, en La Habana, y en el Miami Herald, como columnista de opinión por 25 años. Pasó por España, New York, Princeton, de Miami se mudó a Texas, donde dirige la Casa Azul, el Centro Cultural Cubano, radicado en Fort Worth, el que probablemente tenga pronto una sucursal en Miami. Se le reconoce como biógrafa de Elvis Presley. Su vida, como la de Heberto, son los dos principales protagonistas de La buena memoria. Reverencias a su nuevo libro.  

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