Artefactus y la legua quebrada de Lezama

Por Rogelio García

Qué emocionante es regresar a mi querido Boca Ratón después de una semana en el glamuroso Miami, donde me sumergí en los eventos de la feria del libro y otros acontecimientos relacionados con el deslumbrante mundillo del arte y la literatura. ¡Qué diferencia abismal entre la opulencia de Miami y la tranquila monotonía de Boca Ratón, la joya olvidada de la Florida!

En Miami, me sentí como una estrella de cine de tercera categoría codeándome con las élites culturales, mientras que en Boca Ratón, mi mayor logro es recordar dónde dejé las llaves del auto. La feria del libro fue un desfile de egos inflados y escritores que se autoproclaman genios literarios, como si sus palabras fueran la clave para resolver los misterios del universo.

Miami, la ciudad del exceso y la exageración, donde cada evento literario es tratado como la resurrección de Shakespeare. En Boca Ratón, en cambio, la gente se emociona si hay un nuevo sabor de helado en la tienda local. ¡Oh, la sofisticación de la gran ciudad comparada con la sencillez de mi apacible hogar!

Y qué decir del «esplendoroso mamidad del arte y la literatura» en Miami. En Boca Ratón, nuestra idea de arte innovador es cambiar la decoración de la sala de estar cada década. Aquí no nos complicamos la vida con conceptos abstractos y profundidades filosóficas; preferimos la simplicidad de nuestras conversaciones sobre el clima y los jardines.

Así que aquí estoy, de vuelta en mi amado Boca Ratón, donde la vida es tranquila, los eventos culturales son más escasos que una dieta sin carbohidratos, y la feria del libro más cercana es la estantería de ocasión en la librería local. ¡Ah, la dulce monotonía de mi vida en este paraíso olvidado!

Ah, qué emocionante día aquel en que mi gran amigo, el autoproclamado guía cultural, me extendió la extravagante invitación de acompañarlo a la proyección de un documental sobre el ilustre Lezama Lima. ¿Cómo resistirse a semejante oportunidad de sumergirse en las profundidades del conocimiento literario? La noticia, claro está, me llegó a través de una de esas inagotables fuentes de sabiduría contemporánea: las publicaciones efímeras de Facebook destinadas a mantener a los escritores y artistas al tanto de los acontecimientos en la patria dorada de los cubanos.

El escenario de tan esperado evento llevaba el sugerente nombre de Artefactus Uno no podía evitar imaginar un lugar lleno de magia cultural, donde las mentes brillantes se congregaban para rendir homenaje a la genialidad literaria. La expectación crecía a medida que nos adentrábamos en esa sala íntima, que parecía acoger a varias docenas de almas ansiosas de sabiduría. El momento estaba por llegar; la lengua desbordante de Lezama estaba a punto de cautivarnos.

De repente, un joven ataviado con el característico atuendo de vaquero y zapato popis se erigió en el epicentro de la sala y, como si de un profeta moderno se tratara, comenzó a soltar la lengua. La lengua del chico guapo, convertida en portavoz, nacionalizó la biblioteca dragón del rechoncho Lezama para lanzar un ataque fulminante contra el globalismo, ese oscuro animador de la agenda 2030. La ironía alcanzó nuevas alturas cuando el Lezama nacionalista anti-globalista emergió del documental, cuál personaje de leyenda, en respuesta al gesto misterioso del joven de apariencia gigoló, quien parecía canalizar a una especie de Bablaski versión esotérica, dando inicio así al tan ansiado documental. ¡Ah, las maravillas de la literatura y sus entrelazadas conspiraciones comenzaron a despejarse!

¡Vaya espectáculo! El público, con los ojos casi desencajados, parecía hipnotizado por la genialidad del cineasta, quien desplegaba su técnica narrativa y visual con la gracia de un equilibrista en un circo. ¿Muelle y alambres conectando la pantalla? ¡Claro, por qué no! Una maravilla moderna, sin duda. Y allí está, el gigante de la rapsodia para el mulo. Sí, ¡un mulo! Un mulo tan trabajador que casi exigía a gritos borrar la imagen de conejos degollados de la mente de los espectadores.

El público, con la boca seca y los ojos brillantes, parecía revitalizarse con el humo perfumado que flotaba en el aire, como si fuera una neblina de chismes de tabaco al estilo de Lezama. Ah, sí, como el «Ubú rey» de la literatura cubana. Porque, claro, ¿qué sería del arte sin sus extravagancias y su deliciosa ironía? Lezama es mucho Lezama.

La maravillosa experiencia de presenciar un documental sobre Lezama Lima, esa mente maestra cuyas conexiones con el globalismo de la agenda 2030 son tan claras como el agua en el desierto. Todo un enigma, ¿no es así? Uno se encuentra con la fascinante incógnita de qué contribuciones pudo haber aportado este ilustre escritor al nacionalismo patriótico de Cuba. Un rompecabezas intelectual de proporciones épicas, sin duda alguna.

Los entrevistados, con su sabiduría sin par, se sumergieron en la tarea titánica de explicar por qué Paradiso representaba un texto peligroso para el régimen cubano, ignorando convenientemente los días en los que el querido gordito Lezama fungía como el arcángel protector de la revolución. Una ironía sublime que logra dejar perplejo hasta al más avezado de los intelectos.

¿Comprensión? ¡Bah! Eso sería pedir demasiado. Un aburrido Lezama y sus fieles entrevistados, ansiosos por reclamar su parcela de amistad con el escritor, mientras yo me retiraba, decepcionado y confundido. ¿Discutir acerca del sistema poético del mundo y la expresión americana? ¡Claro que no! Demasiado mundano para tan selecto grupo de mentes superiores, ¿no les parece?

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