Por: Rafael Piñeiro López
AFFLICTION (1997) es una obra poderosa con actuaciones magistrales de Nick Nolte y James Coburn. Cada gesto, cada minúscula expresión rozan la perfección histriónica. Allí radica, sobre todo, el valor de este filme. Y en el guion y la dirección del gran Paul Schrader, por supuesto.
Schrader, que suele dotar a sus personajes de un carácter antiheroico notable (Taxi Driver, Raging Bull, Cat People…) hace descender a su Wade Whitehouse, simple sheriff de pueblo, hombre fallido, pero honesto, a los infiernos más horrendos. Su acto postrero de redención es el crimen bíblico del parricidio.
Como cualquier otra cinta de la época, Affliction sería, bajo los estándares de hoy en día, una pieza “fascistoide, misógina y racista”. ¿Por qué? Porque Schrader cuenta una historia descarnada y vital sobre tipos de carne y hueso, irredentos y endebles, trágicos y pecadores. Por cierto, a Nick Nolte le robaron el premio al mejor actor del año para dárselo a un simpático pero muy inferior Roberto Benigni por La Vita e Bella. Al menos, al glorioso James Coburn terminaron haciéndole justicia.
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