Por KuKalambé

Motivo 1 El día en que se estudie la fenomenología de la vida de un intelectual, no se encontrará a ningún intelectual. Esta palabra tiene un origen engañoso en el tiempo; nace de aquella subjetividad donde predominaba la moral de esclavo para justificar un estatus diferenciado dentro de los demás estamentos conformadores de la sociedad. Intelectual: persona que, dentro de una sociedad jerarquizada, se adjudica el derecho natural para comunicar, enseñar y compartir, basándose en un ejercicio mental específico, pensamientos, ideas, teorías y discursos. La palabra original para esta definición ha experimentado cambios a lo largo de los siglos, y no se pronuncia de la misma manera que en aquellos días debido al argot de la literatura contemporánea. Para disfrazar y camuflar al traidor de todas las cosas apasionadas, se le acuñó con la palabra intelectual.

Motivo 2 Aquel que escribe imitando el espíritu de Cioran (explorando la negatividad del ser, la maldición de haber nacido y el exilio o ser un mal parido) nos invita a una «falsa originalidad y voluntad de estilo«. Esto se debe, entre otras razones, a que aporta poco o nada a la «realidad de lo real«. Es bien sabido que todas las construcciones escritas son ficciones literarias. En su vida dedicada como monje anacoreta, intenta emular a Derrida, convirtiéndose en un deconstruccionista sin conocer formalmente el concepto de «deconstrucción» aplicado a la escritura. En relación con la cínica representación de la cubanidad, su temperamento esquizoide lo transforma en el típico individuo «single» de la postmodernidad. Sin embargo, todas estas posturas miméticas en el «arte de escribir» y en una existencia forzada forman parte del truco de la metafísica de la existencialidad: todos contra uno, uno contra todos.

Motivo 3 Hay quienes dejan de «ser en el mundo» para convertirse en «ser en la nada«. Estos últimos prefieren la huida y el miedo de enfrentar la realidad tal cual es. El dado Hugo Ball, después de abandonar su cabaret-teatro, se convirtió en compañero de Hermann Hesse en una aventura insólita como monje primitivo cristiano, y nos reveló en un estudio (Cristianismo bizantino) las crueldades del ascetismo religioso y de aquellos que abogan por el «ser-nada» o una «moral bien entendida«. Y es que en el «ser en el mundo» hay de todo: lenguajes, nacionalidades, drogadictos, marginados, pobres, ricos, felicidad, realidad, delincuentes, estafadores, patrones…

Motivo 4 Se requiere visión para poder contemplar más allá de la temporalidad común. El hinduismo y sus diversas vertientes, tanto retóricas como doctrinarias, han hablado durante más de un milenio sobre la movilidad del tiempo, tal como lo concibió Heráclito. ¿Por qué esta perspectiva no cambia con el tiempo? La visión ordinaria no percibe la repetición ni la voluntad de poder del tiempo. Para ser más preciso, no reconoce que dentro de la temporalidad ordinaria también circula una temporalidad esencial, en forma de retención…

Motivo 5 Estoy escribiendo una novela que se titula «El Grant». Un cubano llega a los Estados Unidos con la oleada de los balseros y, con mucho esfuerzo, obtiene una beca para promover la cultura en Playa Albina. Sin embargo, al cabo de un año, desaparece de la vida pública, cuando la mayoría de los cubanos vivían a costa de una generosa beca del Departamento de Estado. Con ironía, la voz del narrador penetra en la transformación de la mentalidad de los personajes a medida que transitan del estado socialista al Estado del Bienestar…

Motivo 5 ¿Por qué perseveramos en las antiguas convenciones? ¿Cuál es la razón detrás de la naturaleza didáctica que adopta la escritura? ¿Por qué persiste en la escritura la rigidez ancestral del mentor? En un mundo donde el origen de esta modalidad escrita se encuentra en las sombrías estancias monásticas de Occidente, donde se erigió como una regla inmutable y una disciplina venerada, es frecuente caer en la trampa de considerar cualquier intento de innovación como algo falaz y carente de mérito.

Un tomo, cuyas páginas, hasta el momento, solo han desvelado sus secretos en alemán, bajo el título de «Zerbrecht die Krücken» (Rompan las muletas), ilustra de manera irrefutable el profundo influjo ejercido por las órdenes religiosas en la literatura germana. En paralelo, este influjo ha insinuado sus raíces en el propio idioma castellano. Así, forma parte de la evolución natural de la escritura, que ha evolucionado desde las sombrías celdas monásticas hasta una forma de instrucción accesible en escuelas, universidades y talleres de creación literaria, democratizando así el conocimiento.

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